España - Madrid

Muerte dulce y fin de ciclo

Germán García Tomás
miércoles, 7 de julio de 2021
Lucía Martín Cartón © 2019 by MVSE Lucía Martín Cartón © 2019 by MVSE
Madrid, jueves, 29 de julio de 2021. Auditorio Nacional de Música (Sala Sinfónica). Ciclo Música y Religiones. Concierto final de temporada. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Víctor Pablo Pérez (director). Lucía Martín Cartón (soprano), Airam Hernández (tenor), Gabriel Bermúdez (barítono). César Franck: Las siete palabras de Cristo en la Cruz. Gabriel Fauré: Réquiem op. 48. Ocupación: 65%.
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Una consoladora visión de la muerte a través de dos compositores franceses del siglo XIX. Esta ha sido la propuesta de la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid para cerrar su temporada dentro del ciclo Música y Religiones que ha supuesto a su vez la emotiva despedida de Víctor Pablo Pérez como director titular de los conjuntos comunitarios. Un concierto que, además de su propio carácter de fin de etapa, generaba expectación por las propias obras convocadas: la infrecuente cantata de César Franck Las siete palabras de Cristo en la Cruz y el archiconocido Réquiem de Gabriel Fauré. Dos universos expresivos propios pero ambos profundamente intimistas.

Compuesta en 1859, nunca interpretada en vida del compositor y redescubierta en una fecha tan tardía como 1955 cuando la Universidad de Lieja adquirió el autógrafo de manos de un particular, las Siete palabras anticipa en cierta medida lo que Franck materializaría años después en grado sumo en su majestuosa cantata Les Béatitudes (Las bienaventuranzas), mucho más ambiciosa en propósitos y extensión. Una partitura pese a su patente belleza condenada al ostracismo en la producción del músico belga que sigue los cánones de la música religiosa del momento en Francia -Gounod precisamente compuso su propia versión del mismo tema. 

Destacan en ese magisterio de Franck la sencillez melódica y la transparencia sonora que enuncia cada una de las palabras, más la adición de un prólogo, que pronunció el Redentor en la Cruz, -como había hecho Haydn décadas atrás en la versión cantada de su obra homónima-, añadiendo en este caso otros textos sagrados que aportan dramatismo al desarrollo musical de cada uno de los movimientos, como extractos del Stabat Mater, pasajes del Antiguo Testamento, de los salmos o de los Evangelios, tal y como nos detalla Cristina Roldán en sus notas al programa. Hasta se permite incluir el compositor belga, como Bach en sus Pasiones, un coro turba para crear un momento de tensión, huyendo, eso sí, de todo artificio contrapuntístico y manteniendo un estilo homofónico casi continuo.

Unas texturas armónicas que supo desentrañar Víctor Pablo con su acostumbrada rectoría de gesto claro y directo en una lectura evanescente y de exquisito trazo melódico, cantabile y legato, sostenido siempre en un Coro de la Comunidad que rindió a gran nivel, con una estupenda afinación y pulcritud en cada sección. Pudimos asistir a estremecedores pianissimi a capella con los que presenta Franck algunas de las palabras antes de la exposición de cada movimiento y en cuanto a la orquesta, destacó el empaste entre la cuerda grave. Entre los tres solistas, lució de entrada el purísimo timbre de la soprano Lucía Martín Cartón en el aria “O vos omnes”, donde el compositor introduce el clima introspectivo y devocional que preside la obra y que tradujeron con emoción todos los intérpretes. Dentro de la discreción quedaron las intencionadas intervenciones del barítono Gabriel Bermúdez y primaron la atención a la línea y la emisión noble por parte del tenor Airam Hernández, salvando no sin dificultad los nada fáciles saltos directos al agudo.

Unos mimbres que se mantuvieron en el Réquiem de Fauré, desgranado sin prisa y con reposados tempi por la batuta, presidido en todo momento por la fundamental sonoridad del órgano de la sala en perfecta imbricación con el ropaje orquestal, cuidándose el tratamiento camerístico de la cuerda y el certero sostén de los metales, y de nuevo con la limpidez de Martín Cartón en el “Pie Jesu”, entonado como una auténtica súplica susurrada. 

Excelente y a la vez triste fin de temporada por el adiós de Víctor Pablo de una orquesta y un coro de los que algunos de sus miembros organizaron una protesta con pancartas en la plaza del auditorio minutos antes de dar comienzo el concierto por sus condiciones laborales leoninas, un asunto del que tendrán que tomar muy buena nota de cara a futuro los gestores políticos de la comunidad madrileña para que pueda comenzar con buen pie la etapa que en septiembre inaugurará la polaca Marzena Diakun como nueva directora titular. Así sea.

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