España - Baleares

Près de remparts de Mallorca...

Pedro Coco

martes, 9 de julio de 2002
Palma de Mallorca, jueves, 27 de junio de 2002. Patio de la Misericordia.Carmen (París, 1875), ópera de G. Bizet sobre libreto de H. Meilhac y L. Halévy. Dirección escénica: Rafel Durán. Escenografía: Rafel Lladó. Vestuario: Cesar Olivar. Intérpretes: Svetlana Sidorova (Carmen), Warren Mok (Don José), Sandra Galiano (Micaela), Jorge Lagunés (Escamillo), Ilia Popov (Zúñiga), Isabel Roselló (Frasquita), Marisa Roca (Mercedes), Alfredo García (Dancaire), Manel Esteve (Morales). Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares. Coro de niños y Coro de la Fundación Teatre Principal de Palma. Dirección del Coro: Francesc Bonnín. Orquesta: Renato Palumbo. Aforo:1000 localidades. 95% Ocupación.
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Con el Teatre Principal cerrado por reformas, su Fundación ha decidido desarrollar las actividades líricas en diferentes espacios de la capital balear, e incluso llevar a las vecinas localidades mallorquinas producciones en menor escala. Durante el verano, y aprovechando la excelente climatología, se ha optado por presentar un título popular, Carmen, en un bello patio que además presenta unas características ideales para albergar espectáculos musicales. Recientemente restaurado, el Consell de Mallorca pretende convertir este espacio en un gran centro cultural.Varios imprevistos pudieron poner en crisis el feliz desarrollo de las dos funciones de la ópera de Bizet, siendo el más importante de todos la cancelación a ultimísima hora de la mezzo Carolyn Sebron, que se unía a la ya anunciada del tenor Carlo Ventre en ‘Don José’. Una indisposición vocal de la cantante norteamericana la hizo abandonar la producción incluso después del ensayo general, y se acudió a la rusa residente en Pesaro Svetlana Sidorova, que gracias a las anteriores colaboraciones tanto con Renato Palumbo como con el tenor Warren Mok, pudo ponerse al día pocas horas antes del estreno. Resolviendo la parte escénica con dignidad y soltura, a medida que avanzaba la velada su voz se encontraba más cómoda, pero los problemas vocales de Sidorova no parecían provenir de una repentina asunción del papel. La voz corría con dificultad, y sonaba leñosa y envejecida. El mejor momento de la mezzo llegó con el dúo final.Pletórico de medios, el tenor chino Warren Mok deslumbró por su seguridad en los agudos, que sonaron brillantes y sólidos. Aunque en los momentos más intensos acusó quizás cierta sobreactuación, parece ser un sello personal la elegancia en el decir, con un aria de la flor impecable y un dúo con ‘Micaela’ de muchos quilates.La mallorquina Sandra Galiano encarnó a una ‘Micaela’ ideal, llenando hasta el último rincón del patio de la Misericordia con una voz rica en armónicos y de timbre esmaltado. La técnica blindada y las incipientes tablas de esta soprano lírica le permitieron atreverse con alguna que otra licencia canora que la llevó a convertirse, junto con Mok, en la más aplaudida de la noche. Impresionó el temperamento que imprimió al personaje al final del tercer acto, que pudo secundar vocalmente gracias a un robusto centro y dominio del registro grave.El cuarteto protagonista lo completó el barítono mexicano Jorge Lagunés, que en diciembre llevará este mismo personaje al Teatro Real de Madrid. Posee Lagunés todas las características vocales – color, volumen, clara emisión- para el personaje de ‘Escamillo’, preocupándose menos por matizar dramáticamente ciertos aspectos que sin duda pulirá en un futuro.El grupo de contrabandistas no estuvo al nivel de los cuatro protagonistas, destacando las voces masculinas frente a las femeninas.Excelente el coro de niños, dirigido por Maria Francisca Mir, y de gran nivel el coro de la Fundación Teatro lírico, cojeando en la cuerda de tenores, que en el primer acto no pudieron salvar con dignidad su momento de gloria.La Orquesta de las Islas Baleares sonó de modo espléndido gracias a la minuciosa labor del director italiano Renato Palumbo, muy vinculado con la ópera de Palma. La vibrante visión de la partitura que tiene Palumbo permitió una narración sin fractura de la ópera, que nos mantuvo siempre atentos sin perder el más mínimo interés. Merece especial atención la labor desarrollada con la mezzosoprano rusa, que sin haber podido ensayar en absoluto, se sintió en ambas funciones siempre arropada por un director que infundía seguridad.El cambio de época ideado por Rafel Durán -años 20- no interfirió en el desarrollo dramático que impone el libreto, con una regia convencional que cuidaba al detalle el movimiento de masas, y siempre atenta a unos solistas que cantaban sobre un parapeto rojizo para destacar su presencia frente al coro. Bastante logrado y colorista el vestuario de Cesar Olivar, y excelente labor la de Rafel Lladó, que con muy pocos elementos llenó el espacio de la Misericordia con muy buen gusto en los actos primero y último. Para olvidar el segundo y tercero.Así pues, frente a varios imprevistos que hicieron peligrar su buen desarrollo, esta Carmen salió airosa en una temporada atípica, que promete grandes sorpresas operísticas en el futuro.

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