España - Andalucía

Mäkelä espolea su Orquesta de París

José Amador Morales
miércoles, 21 de julio de 2021
Lozakovich y Mäkelä con la Orquesta de París  © 2021 by Fermín Rodríguez Lozakovich y Mäkelä con la Orquesta de París © 2021 by Fermín Rodríguez
Granada, domingo, 11 de julio de 2021. Palacio de Carlos V. Daniel Lozakovich, violín. Orquesta de París. Klaus Mäkelä, director musical. 70 Maurice Ravel: Le tombeau de Couperin; Max Bruch: Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor, op.26; Anton Dvorak: Sinfonía nº 9 en mi menor “del Nuevo Mundo”, op.95. Festival Internacional de Música y Danza de Granada.
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Klaus Mäkelä ha finalizado su exitosa residencia en la presente edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, compartida junto al pianista onubense Javier Perianes, con el presente concierto al frente de la Orquesta de París cuya titularidad ostentará a partir de la temporada 2022-2023, siendo hasta entonces principal director invitado. No en vano, su trabajo en las dos citas anteriores de este festival al frente de la Mahler Chamber Orchestra y de la Orquesta Ciudad de Granada ha sido muy bien acogido y aplaudido en general tanto por público como por la prensa.

Las poderosas piedras del Palacio de Carlos V, todavía supurando un calor que, a pesar de pasar las diez y media de la noche, superaba los 35º, acogieron un suculento programa compuesto por música francesa, germana y eslava. La elección como cabeza del mismo de Le tombeau de Couperin de Ravel, obra luminosa concebida en una época aciaga, se reveló muy acertada ya que ponía de manifiesto las cualidades de la orquesta francesa con un repertorio que le es afín por naturaleza al tiempo que permitía una particular puesta a punto para lo que vendría después. Mäkelä - de gesto conciso, claro y persuasivo - optó aquí por un concepto más impresionista que rococó, más Ravel que Couperin en definitiva, alcanzando una lograda intensidad expresiva mediante un equilibrio y refinamiento tímbrico tal que permitió deleitarnos con la maravillosa orquestación raveliana. Así, en una interpretación que fue a más, el ‘Preludio’ destacó por el hermoso diálogo de las maderas con una cuerda muy ligera y descargada, al tiempo que en la ‘Forlana’ fluía con naturalidad el discurso melódico, con gran complicidad en el diálogo entre los grupos instrumentales sobre un ritmo danzante convenientemente subrayado. A partir del ‘Minueto’, con un oboe en estado de gracia, la versión tomó cierto empuje extra, especialmente a partir del impresionante crescendo de la cuerda en la sombría museta central (único pasaje en el que Ravel parece descubrirnos su angustia y desolación) desembocando en un ‘Rigodón’ contundente en su marcado acento pastoril y en ese plus de consistencia sonora con respecto a las demás piezas, donde todos los instrumentos adquieren el mismo protagonismo.

El público apiñado sin guardar las distancias de seguridad en el concierto de la Orquesta de París en el FIG 2021. © 2021 by Fermín Rodríguez.El público apiñado sin guardar las distancias de seguridad en el concierto de la Orquesta de París en el FIG 2021. © 2021 by Fermín Rodríguez.

Ante la cancelación a última hora por motivos de salud de Janine Jansen, el veinteañero Daniel Lozakovich acudió presto a la cita para salvar el previsto Concierto para violín nº1 de Max Bruch. Pese a su juventud (acaba de cumplir veinte años) ya actuado con grandes orquestas y cuenta ya con varias grabaciones discográficas tras haber sido contratado por la prestigiosa compañía Deutsche Grammophon. Tras la intensa introducción orquestal, comprobamos el interés por lo expresivo de un Lozakovich que juega hábilmente con delicados pianissimos si bien no siempre logra diferenciar ni su vibrato, del que abusa demasiado, ni su fraseo entre unas y otras secciones. No obstante, su timbre, aunque algo impersonal, resulta indudablemente bello y es indiscutible la calidad de su definición y precisión del sonido, con cuya afinación tuvo algún contratiempo debido al calor sofocante. También sorprende su buen gusto y elegancia en lo musical así como su aseada técnica. Excelentemente arropado por Mäkëla, el diálogo solista-orquesta logró una apropiada complicidad en el primer movimiento, aunque en los dos restantes Lozakovich fue rescatado por el director finlandés tras sendos comienzos en los que el violinista se mostró un tanto titubeante y desentendido. Klaus Mäkëla, por su parte, obtuvo momentos memorables, como cuando enfatizó la masa orquestal en el pasaje previo a la coda final del primer movimiento, dotando a la cuerda de un hermoso fraseo lírico, o en las bellas transiciones entre las variaciones del segundo o el determinante brío del tercero. Como agradecimiento a la ovación del público, Lozakovich ofreció como bis el ‘Adagio’ de la Sonata en sol menor BWV.1001 de Bach de factura intachable pero un tanto bisoño por su frialdad expresiva.

En la segunda parte, pasada la medianoche la Sinfonía nº 9 Anton Dvořák devino en una suerte de sabroso fin de fiesta con el que poder admirar las posibilidades de esta gran orquesta (cuerda sedosa, metales sutiles, madera radiante, percusión versátil…) así como los recursos interpretativos de su futuro director titular. Algo ya ostensible desde el planteamiento tremendamente sugerente de la elegíaca introducción del primer movimiento, con ese intenso contraste entre la contundencia de la presentación de los temas principales y la delicadeza de los más danzables. La impresionante respuesta de la Orquesta de París fue ya aquí patente y mantenida hasta una coda soberbia, obteniendo por parte de Mäkëla más brillantez que densidad sonora. En el ‘Largo’ el tempo, un punto pesante de partida, se reveló como el marco necesario para las intenciones expresivas del joven director, alcanzando un lirismo visionario en el sombrío tema central de la madera y logrando un mágico equilibrio tímbrico con la incorporación de la cuerda. El scherzo fue planteado con gran ímpetu danzable en el que destacó el pequeño rubato al inicio de cada tema, detalle que ya había aparecido en la segunda parte del movimiento precedente. El enérgico ‘Allegro con fuoco’ retomó, ahora sí, una cohesión orquestal al máximo nivel con un Mäkëla poderoso y ciertamente desmelenado pero también acertadísimo en el fraseo de corte más camerístico.

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