Francia

Aix-en-Provence 2021

Y los sueños, sueños son

Jesús Aguado
viernes, 23 de julio de 2021
Stone, Tristán e Isolda © 2021 by Jean-Louis Fernandez Stone, Tristán e Isolda © 2021 by Jean-Louis Fernandez
Aix-en-Provence, domingo, 11 de julio de 2021. Grand Théâtre De Provence. Richard Wagner, Tristan und Isolde. Libreto del propio autor. Simon Stone, director de la producción. Ralph Myers, escenografía. Mel Page, diseño de vestuario. James Farncombe, iluminación. Luke Halls, vídeo. Arco Renz, coreografía. Stuart Skelton, Tristan. Nina Stemme, Isolde. Jamie Barton, Brangäne. Josef Wagner, Kurwenal. Franz-Josef Selig, König Marke. Dominic Sedgwick, Melot. Linard Vrielink, Ein Hirt / Stimme eines jungen Seemanns. Ivan Thirion, Ein Steuermann. Coro de cámara de la Filarmónica de Estonia. Lodewijk van der Ree, director del Coro. Orquesta Sinfónica de Londres. Sir Simon Rattle, dirección musical.
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La presencia de Simon Stone, el director de escena de esta producción de Tristán e Isolda, ha sido doble en el Festival de Aix-en-Provence de este año. La cancelación del año pasado ha llevado a que en esta edición se hayan presentado el estreno de Innocence, de Kaija Saariaho, en el que Stone cosechó un merecidísimo triunfo, y el de su producción de Tristán e Isolda, en cuyo estreno, por lo que he leído, fue abucheado sin piedad.  

¿Merecía tal abucheo? Yo diría que sí, sin duda. Stone se ha arriesgado con uno de los títulos más “sagrados” de la historia del género (que, curiosamente, era la primera vez que se representaba en Aix), y la pirueta se le ha ido de las manos. Lo que nos ha narrado en escena, con una factura técnica absolutamente impecable, eso sí, no es Tristán e Isolda, ni siquiera una interpretación radicalmente distinta, sino una historia diferente. Y lo que es peor, en muchos momentos incomprensible. Se pueden llegar a aceptar muchas cosas, pero que la historia que se nos cuenta ni siquiera tenga coherencia interna y haya que recurrir a nuevos saltos metaconceptuales para poder asimilar lo que estamos viendo es mucho pedir, y está claro que el público de Aix no estaba dispuesto a dar tantas piruetas.  

'Tristan und Isolde' de Wagner. Sir Simon Rattle, dirección musical. Simon Stone, director de la producción. Festival de Aix-en-Provence 2021. © 2021 by Jean-Louis Fernandez.'Tristan und Isolde' de Wagner. Sir Simon Rattle, dirección musical. Simon Stone, director de la producción. Festival de Aix-en-Provence 2021. © 2021 by Jean-Louis Fernandez.

El primer salto es fácil de explicar y admitir: todo ha sido un sueño. La obra comienza en un lujoso loft en el que un matrimonio y algunos amigos celebran una fiesta de cumpleaños. La esposa sorprende al esposo en amorosa actitud con una joven, y tras espiar su teléfono móvil, se convence del engaño. Cuando el marido se marcha, ella se acuesta. En ese momento, el amplísimo ventanal del loft, en el que veíamos una magnífica proyección de las vistas de una ciudad nocturna, cambia, y lo que vemos es el mar como lo veríamos desde un barco. Es decir, la mujer se duerme y sueña que es Isolda. Nada que no hayamos visto ya hasta el aburrimiento, y además, insisto, con una realización técnica absolutamente espléndida, tanto la escenografía de Ralph Myers como los fabulosos vídeos de Luke Halls.  

'Tristan und Isolde' de Wagner. Sir Simon Rattle, dirección musical. Simon Stone, director de la producción. Festival de Aix-en-Provence 2021. © 2021 by Jean-Louis Fernandez.'Tristan und Isolde' de Wagner. Sir Simon Rattle, dirección musical. Simon Stone, director de la producción. Festival de Aix-en-Provence 2021. © 2021 by Jean-Louis Fernandez.

Llega el segundo acto, y estamos en una moderna oficina, probablemente un estudio de arquitectura o de diseño en el que Isolda trabaja y Marke parece ser el jefe. Por los ventanales vemos ahora otra vista de una ciudad a la luz del día. Y es de nuevo el cambio en esas vistas el que marca el paso al mundo soñado: desaparece la ciudad y empezamos a ver nubes, que se van oscureciendo a medida que cae la noche. Llega por fin Tristán y comienza el dúo de amor. Y comienza también el desfile de Tristanes e Isoldas. Hasta cuatro parejas, además de los propios cantantes, los representan en diversas fases de su vida. Dos jóvenes fogosos que se entregan a la pasión y que son sorprendidos por el hijo que tiene Isolda con Marke. Un poco más adelante, otra pareja los representa en el momento de la separación de Isolda y Marke, para disgusto del niño. Después ellos mismos están a punto de romper por el dolor de la separación de Isolda y su hijo, aunque por fin deciden seguir juntos. Y por último, los dos ya mayores, Isolda empujando la silla de ruedas de Tristán y conectándole el oxígeno para que pueda respirar. 

Y todo eso mientras Nina Stemme y Stuart Skelton están cantando una de las música más hermosas jamás escritas, incluyendo también a Jamie Barton interpretando los hermosísimos avisos de Brangäne. El resultado es que la atención se pierde, hay demasiada gente en escena contando demasiadas cosas que no hacían ninguna falta. Con la vuelta de la luz llegan Melot y Marke, que ahora sabemos que es el marido de Isolda en la vida real, lo que tampoco se corresponde con lo que hemos visto en los sueños, y Melot acaba hiriendo a Tristán con un cutter.  

Si a estas alturas la cabeza les da vueltas, prepárense. Al levantarse el telón del tercer acto, estamos en un vagón de metro. Tristán e Isolda están con Melot, elegantemente vestidos como si volvieran de algún espectáculo o fiesta. Tristán no está herido, por supuesto, y cuando se levanta a mirar los mensajes que tiene en su móvil, Isolda se levanta también, se lo arrebata, y Melot vuelve a causarle la misma herida que ya le había hecho en el acto anterior. El tren llega a la primera parada, Isolda y Melot se van, y entra Kurwenal. A partir de ahí, sigue la historia que conocemos, aunque claro, cuando Kurwenal y el marinero tratan de avistar el barco de Isolda, lo que hacen es mirar por las ventanas del vagón. Vagón que va haciendo sus correspondientes paradas y al que van subiendo y bajando pasajeros diversos, ajenos a lo que allí está ocurriendo. Y cuando por fin aparece el barco, la que aparece es Isolda, que se vuelve a subir al vagón, al igual que hacen después Marke y Melot, que por supuesto muere a manos de Kurwenal. Pero cuando todo pasa, y volvemos al mundo real, Isolda canta su 'Mild und leise' sentada en el mismo asiento que ocupó al principio, mientras Tristán, que ya no está muerto, está de pie comprobando sus mensajes y Melot, también vivo, está sentado a su lado. Al acabar, ella se levanta, mira el teléfono de Tristán, se lo devuelve, y se marcha con Melot. Fin.  

Por suerte, la parte musical estuvo a una altura inmensa, lo que permitió que la noche fuera una experiencia placentera. La Orquesta Sinfónica de Londres es una máquina de lujo y precisión, y si al volante está Sir Simon Rattle, la disfrutamos al máximo. Capaz de sacar de ella sonidos voluptuosos, de crear verdaderas tormentas sonoras y de arrullarnos con los más exquisitos y delicados pianissimi, Rattle estuvo meticuloso y preciso, y como ya dije sobre el concierto de hace unos días con La canción de la tierra, de Mahler, les puede pedir a sus músicos cualquier cosa. Destacar, cómo no, el solo de corno inglés de Maxwell Spiers, pero todas las familias estuvieron inmensas. 

'Tristan und Isolde' de Wagner. Sir Simon Rattle, dirección musical. Simon Stone, director de la producción. Festival de Aix-en-Provence 2021. © 2021 by Jean-Louis Fernandez.'Tristan und Isolde' de Wagner. Sir Simon Rattle, dirección musical. Simon Stone, director de la producción. Festival de Aix-en-Provence 2021. © 2021 by Jean-Louis Fernandez.

Y hablar de los cantantes es hablar de excelencia: Nina Stemme es, ahora mismo, el referente en el papel de Isolda. Su instrumento es perfecto para el rol, desde luego: poderoso cuando es necesario, acariciante, sensual. Potente en el grave y capaz de afrontar los tremendos agudos que Wagner le escribe ocasionalmente. El público la adora y la aplaudió a rabiar. Stuart Skelton tuvo una noche también excelente. No dio la impresión de estarse reservando, como es habitual en muchos tenores que abordan este papel, ya que es sabido lo más difícil lo tiene en su última intervención en el tercer acto. Sonó brillante y poderoso desde el principio, y remató una intervención sobresaliente. 

Estupenda la Brangäne de Jamie Barton, poderosa vocalmente y muy convincente como actriz. Josef Wagner era Kurwenal, y en el último acto, que es en el que tiene una intervención más destacada, demostró que posee una voz hermosa y potente y que sabe cómo usarla. Franz-Josef Selig fue un magnífico Rey Marke. Su monólogo del segundo acto fue hermosísimo y lleno de intención dramática. Dominic Sedgwick, en el breve papel de Melot, hizo gala de una hermosa y timbrada voz de tenor. Y magnífico también Linard Vrielink, que doblaba como la voz del joven marinero que canta al principio del primer acto y como el pastor del tercero.  

En resumen, una velada magnífica en lo musical y muy cuestionable en lo escénico.  

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