España - Cataluña

... y reapareció Lucia

Jorge Binaghi
martes, 27 de julio de 2021
Lucia según Barbara Wysocka © 2021 by A. Bofill Lucia según Barbara Wysocka © 2021 by A. Bofill
Barcelona, lunes, 19 de julio de 2021. Gran Teatre del Liceu. Lucia di Lammermoor (Teatro de San Carlo, Nápoles, 26 de septiembre de 1835), libreto de Salvatore Cammarano y música de G.Donizetti. Puesta en escena y coreografía: Barbara Wysocka. Escenografía: Barbara Hanicka. Vestuario: Julia Kornacka. Iluminación: Rainer Kasper. Intérpretes: Nadine Sierra (Lucia), Javier Camarena (Edgardo), Alfredo Daza (Enrico), Emmanuel Faraldo(Arturo), Mirco Palazzi (Raimondo), Anna Gomà (Alisa) y Moisés Marín (Normanno). Coro (preparado por Conxita García) y Orquesta del Teatro. Dirección: Giacomo Sagripanti.
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Hacía seis años que faltaba el más popular de los títulos de Donizetti y el teatro, aunque con buena presencia, pese a las limitaciones aun existentes no estaba a rebosar (en mi misma fila y alrededor había butacas libres -lástima no lo estuviera la de la enjoyada señora que recibió dos veces llamadas telefónicas en el primer acto y que dejaran pasar en medio del preludio a alguien que no hizo ruido, de lo que sí se encargó con paso marcial la joven acomodadora).

Lo que hay que destacar de esta reposición es la participación de Camarena, un señor cantante (para mi gusto personal, pero es sólo eso, me gusta una voz algo más redonda en especial para el final del segundo acto y algún momento del tercero, pero sólo es eso, un gusto) que ha mejorado su Edgardo desde la primera vez que lo vi, ya a alto nivel, en Madrid, lo que habla a las claras del tipo de tenor con que tratamos.

También, y pese a la lamentable producción, convenció también más como actor que entonces. Sólo en el primer acto yen el último intercaló un sobreagudo notable respetando por el resto la partitura (que ya es difícil de por sí).

Nadine Sierra en "Lucia di Lammermoor", producción de Barbara Wysocka. © 2021 by a. Bofill.Nadine Sierra en "Lucia di Lammermoor", producción de Barbara Wysocka. © 2021 by a. Bofill.

Personalmente creo que a su nivel no hubo nadie aunque el teatro se rindió a Sierra, una buena e impersonal cantante, a la que tampoco ayudó la puesta en escena, pero que, como alguna otra vez, me pareció una cantante de escuela americana sobre todo por la gesticulación (si además tiene que actuar con vestimenta y gestos de una actriz de films B de los años cincuenta del pasado siglo…). 

La voz tiende a ser metálica, de color indefinido, con pocas ‘messe di voce’y una forma de alcanzar los agudos (en el aria de presentación) peculiar. 

Es cierto que desde que el papel ha vuelto – como debía – a las líricoligeras hay momentos en que el registro grave y central no pueden responder mucho, pero ahí está la prueba contundente de Dessay, para mí, junto con (y un punto más que ) con Damrau (ninguna de las dos la canta ya), la última verdadera gran Lucia. Algún momento de entonación oscilante puede haber sido producto del azar de una representación.

"Lucia di Lammermoor", producción de Barbara Wysocka. © 2021 by A. Bofill."Lucia di Lammermoor", producción de Barbara Wysocka. © 2021 by A. Bofill.

No entiendo bien por qué se eligió a Daza (que debutaba en el Teatro) para Enrico que es un papel también de belcanto. Actitudes y emisiones veristas (aunque sean de tradición) deberían de estar vedados. La voz es oscura, pero si en algunos momentos se queda ‘in gola’ la emisión del agudo es siempre abierta y el fraseo de una monotonía total (ya sé, la mayoría de los Enrico suelen ser así,pero hay ejemplos actuales de que no, y en el pasado reciente – no creo que la cante ahora- ahí está el ejemplo de Tézier tanto en italiano como en francés, igual que el caso de Dessay).

Palazzi hizo un buen Raimondo algo tirante de agudo y fue el menos maltratado por la dirección de escena. Que nos ofreció un Normanno tan agitado y casi tan absurdo como el de Serban en París, bien cantado - y actuado dentro de estas condiciones – por Marín. Gomà fue una correcta Alisa que tuvo que estar sentada en gran parte de la escena de la locura con cara de pesar. A Faraldo se le dedicaron unos tímidos abucheos, exagerados. Es una voz pequeña, escasa, pero no cantó mal (que se lo oyera en los conjuntos es otra cosa; de hecho el sexteto fue un cuarteto) y si tuvo que convertir su arieta en un discurso ante el micrófono (elemento que al parecer a la directora de escena le fascina) la culpa no fue suya.

El coro estuvo bien (siempre preparado por García que pronto pasará a funciones de asistente musical) y la orquesta tuvo en Sagripanti a un buen conductor, mucho mejor que algunos de su quinta (y otras) que gesticulan y aman hacer ruido. Desde su primer Rossini en Pesaro y sus actuaciones en la Opéra de París (recuerdo ahora un Werther notable de última hora, esto para quienes al parecer ni recordaban que había debutado aquí mismo en un Viaggio a Reims) es un hombre que trabaja con seriedad. Por primera vez he oído la pequeña escena que sigue a la de la locura y que es dramáticamente importante.

"Lucia di Lammermoor", producción de Barbara Wysocka. © © 2021 by A. Bofill."Lucia di Lammermoor", producción de Barbara Wysocka. © © 2021 by A. Bofill.

Y hemos llegado a la parte escénica. No diré mucho porque seguiré el ejemplo de un colega muniqués que tras el último Tristan hizo una crítica musical y terminó con una línea y media diciendo que sobre las tonterías escénicas no había por qué escribir. En este caso, la producción, que viene también de Múnich donde se la ha visto reiteradas veces, no será tan retorcida como suelen serlo las del director en cuestión (Warlikowski, a ver cuándo lo traen así gastan dinero en ‘trash’ y otras delicias), sino que simplemente es tonta, ni siquiera ‘mala’ aunque en la primera función (no estuve) al parecer hubo muestras expresivas de desaprobación, que parece ser lo que buscan estos directores (como es final en -es según la última moda cubro señores y señoras, aunque ahora me asalta una duda cruel al respecto: ¿será sólo señores?), tanto los de escena como los de teatros que con tal de que se hable del espectáculo o del ‘evento’ parecen hasta desear este tipo de efecto. 

A mí me hizo pensar que la anterior - prestada de Zúrich, de Michieletto - podría haber servido mejor a la ópera, y eso que no me gustó en su momento nada. Si dentro de cinco o seis años sigo vivo y escribo aún a ver con qué me encuentro. Tal vez habría que dejar descansar a Lucia y sus famosas hermanas, que tienen gran tradición aquí, y buscar títulos menos conocidos pero igualmente importantes (y a lo mejor las ‘licencias’ escénicas pasarían más desapercibidas… Ya, pero si lo que se desea es justamente lo contrario….)

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