Alemania

Efectividad [E=P/CP]

Xoán M. Carreira
viernes, 13 de agosto de 2021
Wiesbaden, jueves, 22 de julio de 2021. Kurhaus Wiesbaden, Friedrich-von-Thiersch-Saal. Ray Chen, violín. Bamberger Symphoniker. Jakub Hrůša, director. Felix Mendelssohn Bartholdy, Concierto para violín en mi menor op 64. Antonín Dvořák, Danzas eslavas op 72. Rheingau Musik Festival 2021
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Un viejo amigo con muchos años de experiencia como gerente de orquestas y auditorios me explicó que la elaboración de un programa musical y de un menú son cuestiones muy semejantes, pues se trata de conseguir lo mejores resultados mediante una sabia combinación de las variables elementales. En el caso de la música, el repertorio, los intérpretes, el auditorio, el público y la oportunidad.  

En esta ocasión, el Rheingau Musik Festival y el venerable Kurhaus de Wiesbaden, un edificio de 1907 nacido como casino y centro social de una ciudad balneario, condicionaron un programa tradicional y popular sin que ello implicara renunciar a la búsqueda de nuevas palatalidades de ingredientes tan convencionales como el Concierto para violín de Mendelssohn y las Danzas eslavas de Dvořák. 

Nuevos sabores que fueron aportados respectivamente por Ray Chen y Jakub Hrůša merced a la magia catalizadora de la Bamberger Symphoniker, una institución que afrontó la crisis orquestal tras la caída del Muro de Berlín con una reflexión radical sobre todas y cada una de las variables funcionales de una institución orquestal, incluyendo las presuntamente intocables, merced a lo cual ha conseguido erigirse en una de las orquestas más dúctiles de Europa Central desde las múltiples perspectivas estéticas, éticas, sociales, empresariales, profesionales, laborales y de imagen. 

Cuando se juntan talentos y voluntades se incrementa la probabilidad de éxito, enunciado que se vió confirmado en este delicioso programa estival de media tarde. Ray Chen abordó el Concierto para violín en mi menor op 64 conforme a la concepción original de Felix Mendelssohn: un violín omnipresente que se integra en la orquesta al inicio de la obra y que esporádicamente emerge de la misma con unos solos que son continuación de lo que ya estaba tocando con el grupo, al que se unirá nuevamente una vez finalizado su discurso protagónico. Esto implica que el tempo, la expresión, la intención e incluso las estrategias retóricas las decide Ray Chen, quien para conseguir sus objetivos tuvo que explicárselos muy convincentemente a Hrůša para que este pudiese ejercer de concertador en la mejor tradición de este término. 

¡Y cómo lo hizo!, a pesar de la dificultad añadida de adaptarse a un tempo bastante más lento y apacible del tradicional en esta obra. Tempo que implica un riesgo añadido para el solista al obligarlo a confiar ciegamente en la red sonora que le proporciona la orquesta. Me fascinaron la coherencia del discurso, la transparencia textural, la claridad e intensidad del fraseo, el pulso interno, pero sobre todo la frescura de una interpretación intensa que supo combinar el respeto por la concepción original de Mendelssohn con nuestras propias concepciones actuales acerca de lo que nos dice esta obra en 2021. 

Tras esta intensa experiencia, un descanso era imprescindible y tuvo una duración razonable. Tras él, todo cambió. El sabio maestro concertador, Jakub Hrůša, tomó el timón y consiguió que la Friedrich-von-Thiersch-Saal del Kurhaus de Wiesbaden recuperase su reconocido carácter de salón de baile de la Belle Époque

Hrůša supo explicar a la orquesta los estilemas convencionales de la música eslava y juntos supieron explicarnos al público los motivos por los que Dvořák era un instrumentador extraordinario. El optimismo utópico, el cosmopolitismo y la enorme cultura de Antonin Dvořák brillaron con luz propia, de modo que el público asistente se divirtió de lo lindo, que es uno de los principales motivos por el cual las personas razonables van a un concierto de media tarde en un caluroso jueves de finales de julio. 

La efectividad es el equilibrio entre eficacia y eficiencia. Es decir, lograr el efecto deseado en el menor tiempo posible y con la menor cantidad de recursos. En este concierto el Rheingau Musik Festival alcanzó un equilibrio entre la producción y la capacidad de producción, que es el grado ideal de efectividad. Un ejemplo a seguir en los tiempos que corren. 

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