Alemania

La Ronda de Schnitzler, cien años después de su estreno

Juan Carlos Tellechea
lunes, 9 de agosto de 2021
La Ronda © 2021 by Matthias Stutte La Ronda © 2021 by Matthias Stutte
Mönchengladbach, martes, 29 de junio de 2021. Theater Mönchengladbach. La ronda (Reigen), drama en diez diálogos de Arthur Schnitzler. Régie, Maja Delinić. Escenografía, Ria Papadopoulou. Vestuario, Janin Lang. Música, Clemens Gutjahr. Coreografía, Pascal Merighi. Dramaturgia, Martin Vöhringer. Intérpretes: Philipp Sommer (la criada), Henning Kallweit (el soldado), Jannike Schubert (la criada), David Kösters (el señorito), Nele Jung (la joven dama), Paul Steinbach, Ronny Tomiska (el marido), Katharina Kurschat (la dulce jovencita), Raafat Daboul* (en la escena conyugal), Adrian Linke (el poeta), Eva Spott (la actriz), Christoph Hohmann (el conde), Katharina Kurschat (TitanoPan), Raafat Daboul* (BaboPan). Miembro de Das Junge Theater, de la comunidad de teatros de Krefeld y Mönchengladbach. 50% del aforo por las medidas de prevención e higiene contra la propagación de la pandemia del coronavirus.
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Cuando comienza la acción al espectador le parece encontrarse en un manicomio o ... quizás ... más bien ... en un swinger club. Diez obsesionados amantes se encuentran por parejas, mantienen una decena de diálogos eróticos y en cada una de esas oportunidades consuman una relación sexual. 

Sus protagonistas van pasando de mano en mano como en una danza bailada en corro (música Clemens Gutjahr). La prostituta comienza el recorrido circular con el soldado y termina con el conde, pero entremedias han participado ya del jolgorio la criada, el señorito, la joven dama, el marido, la dulce jovencita del arrabal, el poeta y la actriz

Arthur Schnitzler utiliza La ronda, la más exitosa de sus piezas teatrales, para describir la mecánica de la promiscuidad, sin ir al grano explícitamente, pero exponiendo un brillante estudio social y psicológico de la Viena de entresiglos. 

En su drama, escrito entre noviembre de 1896 y febrero de 1897, llevado al cine por Max Ophüls en 1950, Schnitzler, médico de profesión, se limita a los prolegómenos y a las conclusiones: el poder en su entorno, la moral y la hipocresía, las relaciones extramaritales, la seducción, las traiciones, el anhelo, la decepción y el instintivo deseo sexual.

Arthur Schnitzler, «La Ronda». Régie de Maja Delinić. © 2021 by Matthias Stutte.Arthur Schnitzler, «La Ronda». Régie de Maja Delinić. © 2021 by Matthias Stutte.

Maja Delinić sabe cómo tratar con gran acierto esta obra que causó gran revuelo y un célebre proceso judicial cuando por fin pudo ser estrenada en 1920 en el desaparecido Kleines Schauspielhaus de Berlín (Fasanenstraße 1), donde se erige hoy un edificio de la Universidad Técnica de la capital alemana. Parece increíble que la incalificable prohibición que pesaba desde entonces contra su puesta en escena no hubiera podido ser levantada hasta 1982, y solo mediante el recurso presentado ante los tribunales por su hijo, Heinrich Schnitzler, actor y director teatral.

Ningún otro título hubiera encajado mejor que La ronda para comenzar la programación de primavera de la Comunidad de Teatros de Krefeld y Mönchengladbach, tras el confinamiento por la pandemia. Por supuesto, cuidando siempre el asunto de las distancias que se deben guardar entre los intérpretes por las medidas de prevención contra el COVID-19.  En temporadas pasadas, Delinić dirigió aquí ya con gran éxito y convincente estilo NippleJesus, basada en uno de los breves relatos de Hablando con el ángel de Nick Hornby, Tschick y el podcast The Fall of D'Arc.

Arthur Schnitzler, «La Ronda». Régie de Maja Delinić. © 2021 by Matthias Stutte.Arthur Schnitzler, «La Ronda». Régie de Maja Delinić. © 2021 by Matthias Stutte.

En La ronda la directora escénica y su maravilloso reparto convierten la materia en una comedia tipológica en la que el público no se enfrenta solo a personas individualizadas, sino a representantes esquematizados de cada clase social: la meretriz (Philipp Sommer), el militar (Henning Kallweit), la burguesía (David Kösters, Nele Jung, Paul Steinbach, Ronny Tomiska, Raafat Daboul), la dulce e inocente joven de los suburbios (Katharina Kurschat), la servidumbre (Jannike Schubert), los intelectuales (Adrian Linke) y artistas (Eva Spott) o el aristócrata (Christoph Hohmann).

Sigmund Freud admiraba a Arthur Schnitzler, seis años menor que él. La estimación no era recíproca. El médico y dramaturgo criticaba la teoría freudiana; era escéptico ante las generalizaciones que formulaba a partir de casos particulares. No llegaron a ser amigos, se vieron pocas veces, pero se escribían. En una de esas misivas el padre del psicoanálisis y autor de La interpretación de los sueños le expresaría a Schnitzler: 

A menudo me he preguntado de dónde sacó usted este o aquel conocimiento secreto que yo adquirí solo mediante una laboriosa investigación del objeto, y al final llegué a envidiar al poeta al que por otra parte admiraba. Así me dio la impresión de que usted sabe por intuición -pero en realidad como resultado de una fina autopercepción- todo el conocimiento que he descubierto en arduo trabajo con otras personas.

¿Y de qué va la pieza que causara tanto escándalo, pese a ser tan poco explícita? De erotismo, cama redonda virtual, lujuria. Sin embargo, la puesta hace hincapié en la observación astuta de las relaciones de género a través de todos los estratos de la sociedad, algo que tiene vigencia hasta nuestros días, aunque quizás con algo menos de tapujos e hipocresía que antes.

En esta versión la ramera es un prostituto; el esposo está dividido en dos personas: el marido y su conciencia, unidos por una opulenta trenza que recuerda a un cordón umbilical. Al principio, macho (BaboPan, Raafat Daboul) y hembra (TitanPan, Katharina Kurschat) se preparan para un gran orgasmo acústico. El acto como tal no vuelve a describirse de forma tan concreta en el transcurso de la obra. Las misteriosas criaturas míticas conducen al público a través de una velada brillantemente coreografiada (Pascal Merighi).

Kurschat destaca en este sólido elenco con su cautivadora presencia en el doble papel de la mítica figura astada, por un lado, y de la dulce niña de la periferia de la gran ciudad, por otro lado. La escenografía de Ria Papadopoulou, con sus relucientes marcos de luz, simboliza ventanas y puertas, entradas, recovecos y salidas en estricta geometría.

Arthur Schnitzler, «La Ronda». Régie de Maja Delinić. © 2021 by Matthias Stutte.Arthur Schnitzler, «La Ronda». Régie de Maja Delinić. © 2021 by Matthias Stutte.

A través, por debajo y por encima de estas estructuras, los lascivos protagonistas se persiguen, se burlan y se atraen mutuamente, se acercan, solo para perderse en el acto común, sumidos en la oscuridad. Tras el coito, lo único que queda es la parálisis y la distancia, el estado de ánimo más deprimido que embelesado. En realidad, esta aparente diversión posmoderna que oscila entre la ironía y la melancolía es más bien una tragicomedia en la que cobran trascendencia circunstancias y actos abyectos, indignos del ser humano.

Esa extrapolación de la atmósfera de la época de Schnitzler a las condiciones pandémicas de hoy es otro atractivo central de la puesta. El fetichismo, verbigracia el erotismo de las caricias con las plantas de los pies, bastan con sus fantasías libidinosas para sugerir sutil o metafóricamente los besos y el contacto corporal más intenso entre los intérpretes.

Además, el vestuario (Janin Lang) es enfáticamente colorido, chillón y a la vez esquemático, de modo que se crea la impresión de un viñeta en vivo; sobre todo porque la actuación de las actrices y los actores es también deliberadamente expresiva. El público queda literalmente atrapado en sus butacas durante la hora y media de la entretenida, inteligente y variada representación que concluye entre efusivos aplausos y ovaciones que se prolongaron durante muchos minutos.

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