Novedades bibliográficas

Directed by Humphrey Burton

Alfredo López-Vivié Palencia
viernes, 6 de agosto de 2021
In my own Time: an autobiography © 2021 by The Boydell Press In my own Time: an autobiography © 2021 by The Boydell Press
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En la primera página del libro Humphrey Burton (Trowbridge, 1931)* cuenta que sus padres le pusieron ese nombre porque quedaría bien el día que le hiciesen Caballero; en la penúltima página menciona que en la Lista de Honores de diciembre de 2019 se había convertido en Sir Humphrey –lo hace casi de pasada, no porque sea votante del Partido Laborista (lo cual no le impide tener a Edward Heath en gran estima), sino posiblemente porque considera que “es típico de la Casa de Windsor mostrar desdén por la cultura”. 

Unos capítulos más adelante, Burton reconoce la cobardía y la pasividad con que actuó, siendo adolescente, al enterarse de que había dejado embarazada a su novia; también muy al final del libro recuerda con alivio que pasadas muchas décadas se reencontró con su hijo, una vez fallecidos sus padres adoptivos. Para entonces ya se había divorciado de la hermana pequeña de Colin Davis y se había vuelto a casar con una periodista sueca (una ceremonia improvisada y vertiginosa en Nueva York, con Leonard Bernstein al órgano).

Entre una cosa y la otra, el libro es la historia de un hombre -tan brillante como perseverante, tan trabajador como seguro de sí mismo, tan innovador como respetuoso de las tradiciones- que ha dedicado su vida a llevar la música a los televisores: ¿quién no tiene en su casa un DVD de un concierto cuya filmación esté dirigida por Humphrey Burton? Tras estudiar Historia y Música en Cambridge, Burton entró en la BBC y en pocos años pasó de la radio a la televisión (no sólo como director, sino también como guionista, presentador o productor), hasta llegar a la jefatura del Departamento de Artes y Música, al cual regresó tras pasar unos años en la televisión comercial. Él fue responsable –en cualquiera de esas cuatro capacidades- de programas señeros de la BBC como Monitor o Omnibus, y de Aquarius en la London Weekend Television.

Buena parte del libro se dedica a esos programas, cuyo recuerdo es mayormente para consumo interno de los lectores británicos (sin ir más lejos, Burton da por sabido el laberíntico organigrama de la BBC), aunque la música siempre estuvo presente en ellos. Por ejemplo, uno de los documentales que sí cruzó el Canal de La Mancha fue The Golden Ring, en el que Burton firmó la grabación de El Ocaso de los Dioses con Georg Solti y la Flarmónica de Viena allá por 1965. Burton no se extiende demasiado en él y se remite al libro Ring Resounding del productor John Culshaw (por cierto, su sucesor en la BBC), cuya lectura es, desde luego, obligada. 

Sin embargo, ahora Burton revela que, si bien Culshaw estaba encantado con la idea, el jefe en la sombra de DECCA –Maurice Rosengarten- no lo veía claro; Burton amenazó con dedicar sus medios a filmar para EMI –la competencia- la grabación de Il Trovatore bajo la dirección de Thomas Schippers que iba a tener lugar en Roma; Rosengarten se lo tomó como un farol, pero al percatarse del éxito que tuvo ese programa (es decir, la fantástica promoción comercial que supuso), recuperó el proyecto para su discográfica.

Ciertamente, la vida de Burton dio un vuelco cuando en 1970 conoció a Leonard Bernstein. Fue la alineación astral de dos divos, uno que sabía filmar conciertos como nadie, y otro a quien le privaba más que a nadie que le filmasen. El resultado de esa colaboración suma más de 170 películas -Mahler, Brahms, Beethoven, Stravinski-, coronadas con la Misa en Do menor de Mozart grabada en 1990, unos meses antes de la muerte de Bernstein, en la abadía de Waldsassen con las fuerzas de Radio Baviera (doctrina apabullante para quien reniegue del Mozart “big band”). 

A Herbert von Karajan también le gustaba que le filmasen y se hizo con los servicios de Burton para varios de sus conciertos de San Silvestre en Berlín. Con el salzburgués la coronación llegó el 1 de enero de 1987 en Viena: repasando los ensayos, Karajan le dijo a Burton: “no se te ocurra dejarme solo; yo soy la línea melódica, así que enfócame a mí”; Burton obedeció, y la filmación de Música de las Esferas es una gloriosa demostración de la razón que llevaba el maestro.

Hablando de divos, Burton se encontró por primera vez con Plácido Domingo en 1975, filmando una función de “Cav & Pag” en Covent Garden. La primera ópera fue estupendamente, pero en el intermedio Domingo se quejó de una afección en la garganta y dijo que no podía seguir. A John Tooley –a la sazón director general del teatro- se le pusieron los pelos como escarpias sólo de pensar que debía mandar al público a casa, previa devolución del precio de sus entradas. Burton persuadió a Domingo de que, al utilizarse el sistema multi-pista, si no quedaba satisfecho podía grabar su parte en estudio más adelante: “afortunadamente, el tenor dio la interpretación de Canio de su vida”, porque en realidad la función se estaba grabando en estéreo puro y duro, una pista a la derecha y otra a la izquierda. No hubo sobresaltos, sino mucha y buena diversión en la transmisión de El Murciélago en la nochevieja de 1983 en el mismo teatro, esta vez con Domingo a la batuta (conservo en algún rincón de mi casa la cinta de VHS en la que lo grabé, cuando Televisión Española emitió esa función: qué tiempos).

La intensa relación con Bernstein decidió a Burton a escribir su biografía –cuatro años de dedicación prácticamente exclusiva gracias al generoso estipendio por parte de las editoriales británica y norteamericana que la publicarían-. El éxito del libro le animó a hacer lo propio con la vida y obra de Yehudi Menuhin y de su adorado William Walton, aunque éstos no tuvieron una acogida tan entusiasta. Al final, tantos años estudiando partituras con sus mejores intérpretes, Burton hizo realidad el proyecto de su vida, y en 2001 –centenario de la muerte de Verdi y septuagésimo aniversario del autor- organizó una representación del Requiem que él mismo dirigió –no detrás de una cámara, sino batuta en mano (obsequio de Bernstein)- a la Philharmonia Orchestra con un coro de quinientas voces en el Royal Albert Hall (según Burton, no existe registro visual ni sonoro del evento).

Desde entonces “mi vida ha ido cuesta abajo”, dice Burton con amargura al lamentar que nadie recurriese a sus servicios, al tiempo que se queja del bajo nivel cultural que en la actualidad se nota en las televisiones británicas -también en la BBC-, y asimismo reclama la implantación de una licenciatura universitaria para aprender a escoger, dada la multitud de opciones que hoy día ofrece internet. Habiendo llegado donde llegó, es lógico que le parezca poco haberse dedicado en las últimas décadas a dar conferencias, y sobre todo a hacer de guía turístico en cruceros musicales de lujo por los siete mares. 

Tengo para mí como un éxito del sistema educativo inglés el hecho de que superar la enseñanza secundaria comporta saber hablar en público, y superar la enseñanza universitaria comporta saber escribir en público. 

Burton no es la excepción, y ha escrito este libro con un estilo a la vez fresco y culto que se deja leer con facilidad; además, como buen narrador, Burton sabe llamar la atención del lector con un anzuelo al final de cada capítulo para querer saber cómo se resuelve el siguiente. La edición es cuidada y a lo largo de sus más de seiscientas páginas hay multitud de fotografías (en una de ellas aparece Burton con un cigarrillo en los labios al lado de Bernstein, con el siguiente pie: “por una vez, es el autor y no el maestro quien fuma”). 

El índice onomástico ocupa ochenta páginas, pero es que Burton dedica al menos un par de líneas de recuerdo (casi siempre afectuoso) a todas y cada una de las personas con las que se ha cruzado en algún momento de su vida, desde altos dignatarios hasta el último electricista de cada equipo. No hay duda de que a sus noventa años Burton tiene buena memoria; aunque lo mejor de todo es que, tratándose de una autobiografía, en esta ocasión la ausencia de falsa modestia queda más que justificada.

Notas

Humphrey Burton, «In my own Time: an autobiography», Woodbridge, Suffolk: The Boydell Press, 2021, 620 páginas. ISBN: 978-1-78327-481-9

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