España - Madrid

La maestría de Gades, en el Real

Emilia Patier

lunes, 15 de julio de 2002
Madrid, miércoles, 10 de julio de 2002. Teatro Real de Madrid. Fuenteovejuna. Adaptación de la obra homónima de Lope de Vega de J.M. Caballero Bonald y Antonio Gades. Coreografía, dirección e iluminación de Antonio Gades. Arreglos y selección musical de Faustino Núñez; música de Antón García Abril, Mussorgsky, música barroca, Gades, Antonio Solera y F. Núñez. Asesor de ballet folklórico, Juanjo Linares. Ambientación y vestuario, Pedro Moreno. Asistente del director en iluminación y sonido, Jacques Ynedjian. Tamara López y Frida Madeo (Laurencia), Óscar Jiménez y Christian Lozano (Frondoso), Francisco Velasco y Primitivo Daza (Comendador), Juan Mata y Pepe Soler (Alcalde). Ballet Nacional de España. Directora artística, Elvira Andrés. Ballet dedicado a la memoria de Celia Sánchez Manduley por el coreógrafo. Ocupación: 100%.
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Partiendo de la base de que Fuenteovejuna es una auténtica obra maestra de la coreografía, y que su creador, Antonio Gades, es probablemente uno de esos personajes a los que, sin miedo al error, se puede calificar de genios vivientes, la presentación del Ballet Nacional de España en el Teatro Real de Madrid -por primera vez desde la llegada a la dirección de Elvira Andrés- significa un importante punto de inflexión para la agrupación estatal.La anterior directora artística del BNE, Aída Gómez, consciente de la necesidad de que la obra se mantuviera en el patrimonio de la compañía, decidió incorporarla a su repertorio, y fue la actual dirección la que se encontró con la gustosa pero difícil tarea de llevarla a buen puerto. Afortunadamente, Elvira Andrés había sido testigo de excepción de su montaje, puesto que mientras se fraguaba era asistente artística del coreógrafo, con el cual ha permanecido siempre en estrecha relación.La compañía de Antonio Gades estrenó Fuenteovejuna en 1994 en el Teatro de la Ópera de Génova y posteriormente la paseó por medio mundo con una espectacular acogida por parte de público y prensa, que advirtieron la genialidad de la obra recalcando la espléndida interpretación de unos bailarines que habían compartido la gestación de una coreografía hecha para ellos y sobre ellos por un director que los había seleccionado para ese fin. A partir de ahí, cualquiera que se atreviera a poner en escena Fuenteovejuna, iba a cargar con el lastre de un referente difícilmente alcanzable, pero con el que no se debía rivalizar. Evidentemente, las diferencias entre una compañía de coreógrafo y una de repertorio radican precisamente ahí, puesto que la heterogeneidad del BNE, que le permite y obliga a mantener un repertorio amplísimo en cuanto a técnicas y estilos, hace que tenga que enfrentarse a menudo al ojo crítico de quien se acostumbró a ejecuciones de bailarines modelados por los propios coreógrafos. A pesar de eso, el BNE ha salido airoso de lo que ha supuesto la prueba de fuego de la temporada.Fiel a su política interna, la compañía presenta dobles elencos en todos los personajes principales; Óscar Jiménez ofrece un ‘Frondoso’ mucho más aristocrático que el que cabría esperar de la creación de Gades, pero siempre preciso y austero, con la sobriedad y el saber estar que requiere su papel; el sitio de un primer bailarín que demuestra su veteranía cada vez que pisa la escena. Su ‘Laurencia’, Tamara López, es una mujer bellísima que conquista más que justificadamente por presencia y por carisma a un ‘Comendador’ interpretado por Francisco Velasco, otro de los primeros bailarines de la compañía que sabe justificar su status cuando asoma la cabeza, y que a pesar de una juventud inapropiada al ‘don Fernán’, sabe dar el peso y la interpretación necesaria a tan comprometido personaje. La otra cara de la moneda como el malévolo ‘Comendador’ está cubierta por Primitivo Daza, uno de los rostros veteranos de la compañía, con un físico envidiable y unas tablas que le visten por dentro y por fuera, y que da réplica a una pareja protagonista formada por dos jóvenes talentos que han visto su oportunidad de oro con este ballet. Christian Lozano es un bailarín de mucho futuro que está lleno de la energía y espontaneidad adecuada, y sólo necesita tiempo y madurez para encontrar su verdadero lugar en la escena; Frida Madeo, una ‘Laurencia’ de aspecto mucho más aniñado que Tamara López, y que facilita la transformación que se espera del papel, sorprendió en la parte más dramática de la obra. El difícil papel del ‘Alcalde’, que recoge toda la esencia del ballet, mantuvo en manos de Pepe Soler y sobre todo, de Juan Mata (espléndido bailarín que sigue poniendo las cosas claras a pesar de los años) la tensión y la densidad de la obra de principio a fin. Además, la colaboración especial de los cantaores Gómez de Jerez y Enrique Pantoja constituyen una guinda muy preciada en el pastel.A pesar de todo, el auténtico protagonista de Fuenteovejuna es el pueblo, que canta, baila y siente. Ellos llevan todo el peso de hora y media de espectáculo sobre los hombros, y de la mano de Gades, exprimen el corazón del espectador y logran sacar de él los instintos más exquisitos de la supervivencia.Fuenteovejuna es una de las obras maestras que la danza española ha aportado al patrimonio coreográfico universal. Desde que se alza el telón, España entera está reflejada a saltos de flamenco y folclore, y no sólo en su aspecto geográfico sino también en el histórico, que Antonio Gades maneja con la soltura de quien ha vivido con los ojos y los oídos bien abiertos, y permanece fiel a sus ideales, sean los que sean. Un ballet que rezuma solidaridad por los cuatro costados, pero que nos despierta un egoísmo insaciable al público y a los profesionales. Por favor Antonio, no pares; estamos esperando más.

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