España - Madrid

Cállate corazón ossia Cómo maltratar las voces

Germán García Tomás
viernes, 3 de septiembre de 2021
Festival Internacional de El Escorial © 2021 by Comunidad de Madrid Festival Internacional de El Escorial © 2021 by Comunidad de Madrid
San Lorenzo de El Escorial, miércoles, 29 de septiembre de 2021. I Festival Internacional de Verano de El Escorial. Teatro Auditorio. Gala de Zarzuela “Cállate, corazón”. Saioa Hernández (soprano), Francesco Pio Galasso (tenor), Borja Quiza (barítono). Orquesta del Festival de El Escorial. Javier Ulises Illán (director). Obras de Federico Moreno Torroba, Fernando Díaz Giles, Pablo Sorozábal, Manuel Penella, Reveriano Soutullo / Juan Vert y Lennox Berkeley-Benjamin Britten. Ocupación: 60%.
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Pocas veces se asiste a citas musicales que provoquen un bochorno y un sonrojo tales que le entren a uno ganas de salirse de la sala ante la actuación desastrosa y chapucera que está presenciando. Eso mismo ocurrió en este concierto de zarzuela que se enmarcaba dentro de la programación del denominado de forma muy rimbombante I Festival Internacional de Verano de El Escorial, un certamen sufragado por la Comunidad de Madrid que no es novedoso en periodo estival, pues ha resurgido en el municipio de la sierra madrileña tras su absoluta extinción el año pasado en plena pandemia. 

Lo ha hecho con esos pretendidos mimbres de proyección internacional que le llevan a programar diferentes manifestaciones artísticas como teatro, danza, ópera en concierto (con un desconocido Carlo il Calvo de Nicola Porpora en una producción proveniente del Festival Barroco de Bayreuth), un concierto de canciones españolas con la soprano Carmen Solís, citas de más modernos estilos y esta Gala de Zarzuela que ha contado con las voces de dos muy dignos cantantes como son el matrimonio formado por la soprano Saioa Hernández y el tenor Francesco Pio Galasso, con la participación a su vez del barítono Borja Quiza. 

La misma improvisación y falta de criterio artístico que ha movido a los responsables de este festival a programar los diferentes eventos que lo conforman –un totum revolutum cuyo modelo es los Teatros del Canal, pero aquí en versión de bolsillo para el mes de agosto y parte de septiembre-, revela que todo se ha hecho a la remanguillé y con cierto apresuramiento, pues hasta julio no supo absolutamente nadie en Madrid que este festival iba a volver a activarse tras el parón de 2020, gestionado ahora por una nueva concesionaria, la misma que la de los mencionados coliseos de la madrileña calle Cea Bermúdez. 

Esa falta de criterio ha llevado a que este concierto recayese en las manos de un director tan alejado del género lírico como es Javier Ulises Illán, pues su especialidad es la música antigua, quien se puso al frente de la denominada Orquesta del Festival de Verano de El Escorial, y que no era otra cosa que una mezcla de instrumentistas de diversas formaciones.

La idea de esta gala era reunir algunos de los títulos más señeros anteriores a la Guerra Civil Española, convocando en su mayoría zarzuelas de Federico Moreno Torroba, Pablo Sorozábal y Manuel Penella de los años 1920 y 1930, aunque la elección de algunas piezas ha sido un tanto arbitraria. 

El desconocimiento en grado sumo de Illán en lo que respecta a dirigir teatro lírico español se puso de manifiesto desde los primeros números de El cantar del arriero de Fernando Díaz Giles, -que es muy loable recuperar, porque posee una música de una refinada inspiración y gran belleza melódica-, pues mantuvo el volumen de la orquesta en primer plano como si de un concierto sinfónico se tratase. 

Ya había sacado músculo nada más comenzar con el preludio del acto tercero de La marchenera de Moreno Torroba, preñado de matices dinámicos un tanto caprichosos y decantándose continuamente por acordes en fortísimo, pese a la buena respuesta tímbrica y discursiva de la agrupación. 

Saioa Hernández salió a cantar su raconto de Mariblanca de la obra de Díaz Giles con una orquesta que no le dejaba respirar, tapándole literalmente en el estribillo “La moza de Sanabria”. Pudimos apreciar de manera intermitente la morbidez y el poso vocal de la soprano madrileña que han hecho etiquetarla como la sucesora de Montserrat Caballé, pero en general la romanza quedó deslucida, porque “el acompañamiento” no dejó escucharla en plenitud y la letra apenas se entendía. 

Francesco Pio Galasso se unió a su esposa en el dúo de Mariblanca y Anselmo del acto segundo de esta misma zarzuela ambientada en Zamora, “Eso que pides es imposible”, donde la bastante nutrida orquesta se impuso a ambos sin pudor alguno por parte de la batuta. 

Borja Quiza, que siempre demuestra ser un gran artista en el escenario, abordó su romanza de Lorenzo el arriero, “Sólo una boca que se puede besar”, entonando en forte y mezzoforte –algo que hizo de forma reiterada toda la noche- para imponerse al caudal sonoro, lo que provocó que su canto resultase estridente, monocolor y por momentos con poca afinación.

A partir de ahí, todo fue más de lo mismo con escasas variaciones. Quizá a pleno pulmón en el dúo de Luisa Fernanda con una Saioa irrelevante y el caudal sonoro a todo trapo, antes de que el barítono gallego trasluciera su incomodidad vocal en solitario en la romanza “Luché la fe por el triunfo”. Saioa y Francesco Pio, muy teatrales agarrados el uno al otro pero completamente naufragados, nunca mejor dicho, por el torrente orquestal en el dúo “¿No escuchas un grito?” de La tabernera del puerto, más bien elegido para destacar a la orquesta que a los cantantes, pues ¿por qué no se escogió el otro dúo “Marinero soy de la mar”, mucho más lírico y melódico? 

Juntos de nuevo unos esforzados soprano y barítono en el dúo a ritmo de pasodoble La del manojo de rosas y en el que mantienen Pedro Stakof y Katiuska en la opereta homónima de Sorozábal una desbocada orquesta llevaba, cual caudaloso Volga, el río de las preciosas melodías, pese a los infructuosos esfuerzos de un desesperado barítono y una soprano que era anulada en todo momento. 

Sólo Galasso parecía mantener el tipo sin despeinarse cantando con un irreprochable estilo, excelente dicción y belleza canora mediterránea números como el “No puede ser” de La tabernera, en el dúo “Cállate, corazón” de Luisa Fernanda que daba título a la Gala, donde a ambos se les pudo escuchar más claramente por las dinámicas más suaves de la orquestación de Moreno Torroba, o en el de Soleá y Rafael de El gato montés, dos números en los que la pareja, por fin, consiguió lucirse un tanto, más él que ella, todo hay que decirlo. Pero Saioa Hernández consiguió desquitarse ella sola cantando la romanza de Adiós a la bohemia de Sorozábal y sobre todo brindando una emocionante lectura de “Bendita cruz” de Don Gil de Alcalá, donde, -¡oh, milagro!-, se optó por el original acompañamiento para orquesta de cuerdas.

A solo, la formación tocó precisamente el pasodoble taurino de la ópera de Penella, en el que tuvimos la sensación de estar asistiendo a la feria de un pueblo o en un templete de música con una orquesta de bolo. No entendemos a qué vino incluir esta partitura en el programa, pues se estrenó en 1917, y no es por tanto inmediatamente anterior a la Guerra Civil. También se optó por el manoseadísimo intermedio de La leyenda del beso de Soutullo y Vert, obviando la introducción. 

Tampoco comprendemos muy bien a santo de qué se interpretó el “Lamento” de la suite Mont Juic (1938) de Lennox Berkeley y Benjamin Britten en un concierto de zarzuela, a pesar de que el director nos dijera que Britten visitó Cataluña y su montaña antes de la contienda, una pieza en la que hay que alabar por cierto al impecable solista de saxofón alto. La Gala concluyó con un marcado "Chotis del Elíseo madrileño" de La Gran Vía de Chueca y Valverde, con los dos hombres haciendo los coros a la soprano.

A la vista de todo ello, en lugar del acompañamiento de las voces, como debe ser la máxima de un director en un concierto lírico, el único ánimo de Javier Ulises Illán fue el de lucirse él y el volumen de su orquesta, imponiéndose en todo instante, salvo contadas ocasiones, a los cantantes, ignorándolos completamente, pues en ningún número se dignó en dirigir su mirada hacia ellos, tan embebido que estaba de su ego estentóreo. 

Flaco favor el que se ha hecho por tanto al matrimonio Galasso/Hernández por parte de este Festival contando con alguien inexperto e ignorante en estas lides, y cuyas maneras sensacionalistas y divismo directorial han sepultado el buen hacer de unos grandes artistas. Porque estamos convencidos de que existe el maltrato de voces, y en este caso se cumplió tal circunstancia. Lo llamativo es que no acertamos a explicarnos por qué cantantes de tanta clase han aceptado ofrecer su actuación al público madrileño en lo que ha sido una “Gala” fallida y desastrosa en toda regla.

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