Discos

Lebensmelodien

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 8 de septiembre de 2021
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Lebensmelodien. Hommage an Clara und Robert Schumann. Autora del texto y presentadora Elke Heidenreich. Trio Vivente (Ann Katharina Schreiber, violín; Kristin von der Goltz, violonchelo; Jutta Ernst, piano). Clara Schumann, Trío para piano en sol menor opus 17, 1er. Movimiento: Allegro moderato. Marc-Aurel Floros, Eismeer, fantasía de concierto. Johannes Brahms Trío para piano nro. 2 en do mayor opus 87, 3er movimiento: Scherzo. Presto; y 4to movimeinto: Finale. Allegro giocoso. Robert Schumann, Trío para piano nro. 3 en sol menor opus 110, 2do movimiento: Ziemlich langsam. Grabación de la música 30-31.01.2019 en el Kammermusikstudio de la SWR Stuttgart. Sonidista y corte Michael Sandner. Ingeniero de sonido Martin Vögele. Piano Steinway D. Grabación del texto. Ingeniero de sonido, corte y mastering David Braun, Spotting Image GmbH. Köln. P&C 2019 Random House Audio. Coproducción con Südwestrundfunk, SWR 2. C 2019 by Elke Heidenreich.
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La destacada escritora Elke Heidenreich rinde un emocionado homenaje a Clara y Robert Schumann en este libro sonoro (CD) de una hora y 11 minutos de duración grabado con el Trio Vivente en uno de los estudios de música de cámara de la Südwestrundfunk (SWR 2) en Stuttgart y producido en cooperación con la casa editorial Random House Audio, de Múnich. La idea del proyecto era conmemorar en 2019 el 200º aniversario del nacimiento de Clara Schumann y por último, en este año, el 125º aniversario de su fallecimiento.

La parte musical comienza con el Trío para piano en sol menor op. 17, una gran obra de música de cámara. La forma de sonata más soberana en el primer movimiento (Allegro moderato) y en el cuarto (Allegretto); el Scherzo es un buen minué; soñador y elegíaco. Al violinista Joseph Joachim, amigo de la familia, le resultaba difícil creer que una mujer pudiera componer algo así, tan serio y excelente.

Clara lo logró y sin embargo nunca consiguió librarse de las dudas que le infundía la imagen de la mujer de la época. Para ella, el trío parecía francamente femenino y sentimental, al lado de las piezas de su marido. Pero él la elogia poéticamente: 

La perla no flota en la superficie; hay que buscarla en las profundidades, incluso con peligro. Clara es una buceadora. (Robert Schumann) 

Enérgico, resuelto y minucioso en los detalles, el Trio Vivente ilumina esa profundidad en el Allegro moderato (primer movimiento) de la pieza.

Heidenreich, quien es además crítica literaria y presentadora de televisión y radio, aporta al relato además la delirante Konzertphantasie “Eismeer“ (¡de 18 minutos y medio!) del compositor Marc-Aurel Floros (su compañero sentimental), para evocar la estancia de Robert Schumann en la clínica psiquiátrica de Bonn-Endenich. El médico que lo había atendido escribiría en 1855: 

A la hora de la visita, tarareaba mirando el atlas que tenía enfrente. Dice, riéndose, que siempre hace viajes en el mismo. Ocupado en el atlas durante las rondas, responde a la pregunta de qué está haciendo, que está navegando en el Océano Ártico (Eismeer).

Con 43 años de edad, calzando zapatillas y vistiendo una bata de entrecasa, había intentado suicidarse arrojándose desde un puente a las frías aguas del Rin. Hacía mal tiempo aquel lunes 27 de febrero de 1854. Pescadores que observaban el hecho acudieron rápidamente con una barcaza en su ayuda y lo rescataron. Dicen que desde la embarcación intentó de nuevo saltar al agua, cosa que los pescadores le impidieron.

Terrible debió haber sido el regreso a casa; llevado por ocho hombres y una masa de gente (era carnaval) que se divertía a su manera; burlándose de la miseria de este gran hombre. Primero lo llevaron a su casa y después a la clínica. Ya está oscureciendo, es la frase frase final de su última carta a su amigo Joseph Joachim una semana antes. 

Ya está oscuro. Clara está embarazada del último hijo, Félix, llamado así en memoria de Mendelssohn-Bartholdy. Félix nacía en junio de 1854, el padre nunca conocería a este niño. Se oscureció. El Océano Glacial Ártico, 

narra con patetismo Elke Heidenreich.

El viernes 30 de septiembre de 1853, el veinteañero Johannes Brahms había entrado por primera vez en la casa de los Schumann en Düsseldorf, donde Robert, con 43 años cumplidos en junio, era director municipal de música y se encontraba en una profunda crisis. Clara tenía 34, ya había dado a luz a siete vástagos y sabía que estaba embarazada del octavo.

Brahms era guapo, alegre. Los Schumann estaban encantados con aquel joven dotado de bellas manos, larga cabellera y de espíritu tan vivaz. Robert escribiría un ensayo en forma de himno sobre el joven Brahms en su Neue Zeitschrift für Musik (hoy continuada por la editorial Schott Music, de Mainz).

El elemento demoníaco se afirma en esta interpretación del Trio Vivente del opus 87 de Brahms, tal vez su obra menos comprendida, en la que aparecen tanto el lado luminoso como el oscuro de la naturaleza humana. El Scherzo. Presto en do menor suena inquietante. El Finale. Allegro giocoso vuelve a do mayor de una manera muy robusta. La pianista Jutta Ernst hace suya la amplia oportunidad que le brinda el compositor para asustar a las almas tiernas como Clara Schumann (cuando fue estrenada en Fráncfort del Meno en 1882) con golpes, ataques y agarres al teclado, antes de concluir todo con una magnífica sonoridad.

En contraste y Ziemlich langsam (Más bien despacio) fluye entonces el segundo movimiento del Trio para piano número 3 en sol menor op 110 de Robert Schumann, con el que la también libretista Elke Heidenreich cierra este libro sonoro de la editorial Randon House en cooperación con la Südwestrundfunk (SWR 2).

El Trio Vivente ejecuta aquí un sentido dúo entre violonchelo (Kristin von der Goltz) y violín (Anne Katherina Schreiber) en el lúgubre mi bemol mayor. La música nos transporta a las seguras elevaciones del valle del Rin. Nuestra mirada se pierde en la distancia y una joven pareja de amantes languidece de felicidad. De pronto, en la parte central, vuelven a hacerse notar los sombríos espectros de la región. Una fantasmagórica ronda se despliega danzando alrededor de los felices amantes. Se llega a escuchar incluso el arabesco del barquero que se hunde en las peligrosas aguas arremolinadas del río en ese trecho, hipnotizado por la bella figura de la sirena (Lorelei) sentada sobre un risco acicalándose y peinando su rubia cabellera. Por supuesto, los amantes no corren grave peligro: las figuras fantasmales desaparecen y su dúo regresa ileso.

Clara no era solo una pianista de éxito, sino sobre todo una mujer fuerte que había sacado adelante a su numerosa familia, mientras que su marido, Robert, aquejado de estados depresivos desde muy joven, bebedor empedernido y sociópata, fallecería a los 46 años de un colapso neurocirculatorio. Heidenreich no puede evitar sentirse contrariada cuando cita al director de orquesta Hans Bülow, un espíritu de la época, quien sostenía que una mujer no puede ser creativa. Una visión que está cambiando lentamente, asombrosamente de forma muy lenta todavía, en opinión de Elke Heidenreich.

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