Alemania

El psicópata moderadamente siniestro de la casa de al lado

Juan Carlos Tellechea
jueves, 16 de septiembre de 2021
Herzog Blaubarts Burg © 2021 by Ingo Schäfer Herzog Blaubarts Burg © 2021 by Ingo Schäfer
Düsseldorf, viernes, 10 de septiembre de 2021. Opernhaus Düsseldorf. Herzog Blaubarts Burg (El castillo de Barbazul), título original en húngaro A kékszakállú herceg vára (literalmente El castillo del duque Barbazul), op. 11, Sz. 48, única ópera de Béla Bartók, en un solo acto, con libreto de Béla Balázs (poeta y amigo del compositor), basado en el cuento de Charles Perrault La Barbe-Bleue, estrenada el 24 de mayo de 1918 en el Teatro Real, de Budapest. Adaptada por Eberhard Kloke. En húngaro con subtítulos en alemán. Régie y coreografía Demis Volpi. Escenografía Markus Meyer. Vestuario Carola Volles. Iluminación Volker Weinhart. Dramaturgia Anna Grundmeier. Intérpretes: Barbazul (Bogdan Taloș), Judith, su segunda mujer (Dorottya Láng), puerta nro. 1 (Otto Jendrek), puerta nro. 2 (Evan L`Hirondelle), puerta nro. 3 (Futuba Ishizaki), puerta nro. 4 (Sara Giovanelli), puerta nro. 5 (Mariana Dias). Extras de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director Axel Kober. 50% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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Demis Volpi ha logrado con impresionantes imágenes una maravillosa puesta y coreografía de la ópera El castillo de Barbazul, de Béla Bartók, estrenada con gran éxito este viernes en la Deutsche Oper am Rhein. 

A primera vista, a uno le parece que esto no puede cuadrar bien: Un niño (Otto Jendrek) con un montón de globos azules sale de la puerta imaginaria tras la cual, según el libreto, se hallaría la cámara de tortura del duque Barba Azul (fuerte y enérgico el barítono Bogdan Taloș). 

El chico de pantalón corto, tal como antaño, danza de forma fantástica, realizando evoluciones y movimientos perfectos como un muñeco de cuerda.

Sin embargo, de la cámara de tortura no hay ni rastros, hasta que Barbazul abre la puerta de buena gana ante la insistencia de Judith (maravillosa, la mezzosoprano Dorottya Láng, aclamada con estruendosos aplausos al término de la función). 

La joven ha dejado a su familia y a su prometido por el duque y ahora quiere explorar todos los secretos del castillo, que en realidad son enigmas del alma de Barbazul.

Detrás de la sexta puerta Judith encontrará un mar de lágrimas, congeladas en la nieve. Con ellas descenderá uno de esos globos azules y el duque se sentará en el suelo anímicamente destrozado. Sobre la metáfora de la cámara de tortura el espectador sospecha que debe de estar relacionada de alguna forma con la propia infancia de Barbazul.

Sara Giovanelli, la puerta nº 4. © 2021 by Ingo Schäfer.Sara Giovanelli, la puerta nº 4. © 2021 by Ingo Schäfer.

La escenografía (Markus Meyer) sobriamente oscura a lo largo de varios tramos, está cerrada por un marco metálico iluminado (Volker Weinhart). El magnífico vestuario (Carola Volles) es un dechado de obras de arte por sí mismas. Lo que se esconde detrás de las cinco primeras puertas es presentado en forma de danza: un joven musculoso (Evan L'Hirondelle) con aspecto de belicoso guerrero y pantalones bombachos de estilo oriental guarda la armería; la brillante cámara del tesoro es cuidada por una refulgente piedra preciosa (Futuba Ishizaki); el jardín, por unos ramos de flores minuciosamente ordenados mediante cintas decorativas (Sara Giovanelli).

Mariana Dias, la puerta nº 5. © 2021 by Ingo Schäfer.Mariana Dias, la puerta nº 5. © 2021 by Ingo Schäfer.

Todas estas figuras, bailadas de forma irreal, siguen pareciendo ilustrativas de un cuento de hadas, comparativamente cercanas al texto. Cuando Mariana Dias saca al escenario una especie de iceberg envuelto con una lona y atado con cuerdas para la quinta puerta, como símbolo de las tierras de Barbazul, el mundo mitológico permanece, pero toma una dirección diferente, al mostrar la imagen de la escarcha. Ésta se condensa luego en la sexta puerta descrita antes, y más aún en el cuadro final de la séptima. Las antiguas esposas de Barba Azul, que representan la mañana, el mediodía y la tarde, están congeladas, como todo lo demás, y uno ve cómo Judith también se hiela, convirtiéndose en una reina de la nieve. 

Volpi se desenvuelve muy hábilmente en su escenificación. Deja a la ópera su aura simbolista y pone acentos con sus propias imágenes. Le da un orientación interpretativa a la pieza, sin pretender explicar la historia. Las referencias visuales a los Cuentos de las Mil y una Noches, y a La Reina de las Nieves, de Hans Christian Andersen, están allí para subrayar el momento arquetípico de la constelación. Contra lo que pudiera suponerse, las imágenes están menos orientadas a las de los cuentos de los hermanos Grimm que, de todas formas, yacen ancladas en la conciencia del público alemán.

Dorottya Láng. © 2021 by Ingo Schäfer.Dorottya Láng. © 2021 by Ingo Schäfer.

Barbazul y Judith son personajes modernos. Ella, indefensa en un escenario sin ventanas ni puertas. Láng canta con un registro de mezzosoprano juvenil, no demasiado pesado, a veces tenso en los agudos y muy intenso. Sentado en una mesita con un castillo de juguete, formado con bloques de madera (que Judith destruirá, naturalmente), el duque Barbazul es el psicópata moderadamente siniestro de la casa de al lado, como los que conocemos en las novelas de suspense.

Bogdan Taloş y Mariana Dias. © 2021 by Ingo Schäfer.Bogdan Taloş y Mariana Dias. © 2021 by Ingo Schäfer.

Bogdan Taloș le pone una voz estruendosa y algo grosera. La régie insinúa aquí la batalla de los géneros con suma cautela. En esta producción hay mucho margen para las asociaciones motu proprio

La dirección de los personajes está orientada por las normas de higiene y de distancia que hay que guardar en medio de la pandemia.

Con una duración de solo una hora, El castillo de Barbazul suele ir acompañada de otra ópera que no es el caso aquí. La intensísima representación se basta a sí misma. Y mientras tanto, no se pensó en una gran orquesta, como había previsto Béla Bartók en su partitura terminada en 1918, por lo que la Deutsche Oper am Rhein encargó una versión para orquesta de cámara al destacado director y compositor Eberhard Kloke, como había hecho antes con Tristán e Isolda.

Dorottya Láng como Judith en «Herzog Blaubarts Burg», producción de Demis Volpi. © 2021 by Ingo Schäfer.Dorottya Láng como Judith en «Herzog Blaubarts Burg», producción de Demis Volpi. © 2021 by Ingo Schäfer.

Esta adaptación de Bartók no es tan ambiciosa e independiente como la de Tristán, pero es muy practicable. Naturalmente, es mucho más transparente que el original y acentúa la interpretación de música de cámara, pero conserva gran parte de la paleta de colores; es menos enraizante que el gran movimiento orquestal, mas reacciona con mayor flexibilidad a la situación. En algunos pasajes, como la vista de las tierras de Barbazul, se echa en falta la fuerza arrolladora de la orquesta del Romanticismo tardío.

La Orquesta Sinfónica de Düsseldorf, dirigida por el gran maestro Axel Kober, toca con gran precisión, claridad y transparencia, hasta en los más mínimos detalles y en cada entrada de los cantantes. Kober desarrolla una gran tensión desde la primera nota y capta tanto el ambiente inquietante de la música como la flexibilidad dramática. Ovaciones y gritos de aprobación durante largos y largos minutos pusieron cierre esta magnífica velada.

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