Alemania

Centenario de Astor Piazzolla

Diálogos de amor

Juan Carlos Tellechea
lunes, 4 de octubre de 2021
Anette Maiburg y Marcelo Nisinman © 2021 by Angela van den Hoogen Anette Maiburg y Marcelo Nisinman © 2021 by Angela van den Hoogen
Mönchengladbach, domingo, 12 de septiembre de 2021. Kirche Wickrathberg. Anette Maiburg (flauta). Marcelo Nisinman (bandoneón). Astor Piazzolla (1921 - 1992), Bordel 1900, para flauta y bandoneón; Café 1930; Tango Etüde nro. 6, para solo de flauta; Jeanne y Paul. Dietrich Buxtehude (1637 - 1707), Danket dem Herrn, denn er ist sehr freundlich BuxW 181. Carlos Gardel (1890 - 1935), Cuando tú no estás. Pedro Datta (1887 – 1934) / Marcelo Nisinman (1970), El aeroplano. John Dowland (1563 - 1626), I saw my lady weep. Pedro Maffia (1899 - 1967), Heliotropo, para bandoneón solo. Sebastián Piana (1903 - 1994), Milonga triste. Marcelo Nisinman, Argentinos en Europa. Kurt Weill (1900 - 1950), Youkali tango habanera. Barbara (1930 -1997), Nantes. Bises: Astor Piazzolla, Bordel. Todas las composiciones a dúo del programa fueron arregladas para esta instrumentación por Marcelo Nisinman. Niederrhein Musikfestival (Festival de Música del Bajo Rin). 50% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus
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En el marco del Festival de Música del Bajo Rin, el magnífico concierto de cámara de este soleado domingo se titula Diálogos de amor y lo protagonizan la flautista Anette Maiburg, directora artística del evento, y el bandoneonista y compositor Marcelo Nisinman. Ambos parecen coincidir plenamente en que el amor y la música son las dos cosas más importantes de la vida. Es la segunda presentación de Nisinman en este festival desde 2019.

El escenario es ahora una pequeña iglesia parroquial del siglo XIII de estilo románico tardío, repleta de historia muy antigua. El templo pertenece hoy a la Comunidad Evangélica de Wickrathberg, un pueblo que ha pasado a ser distrito de Mönchengladbach con la expansión de esta ciudad. La iglesia románica fue construida entre 1200 y 1220 sobre los restos de otro templo anterior de piedra y nave única del siglo XI, probablemente de influencia carolingia, cuyos fundamentos contenían restos romanos reutilizados para su edificación.

El tiempo y la vida no se han detenido en este lugar. Por aquí discurría en la Antigüedad una frontera lingüística entre los francos ripuarios y los francos salios, en la última etapa del Imperio Romano y en la primera cristianización de las tribus germánicas.

Entre los muros de esta iglesia, donde otrora sonaron cantos litúrgicos gregorianos y los primeros ensayos polifónicos, suena esta tarde la música de Astor Piazzolla, Carlos Gardel, Dietrich Buxtehude y Kurt Weill, entre otros.

Más allá de las cruentas luchas por el poder que han causado tantas y tantas pérdidas humanas a lo largo de los siglos en estas y otras regiones, la cultura occidental gira pretendidamente en torno al amor como ante ningún otro concepto. El amor caracterizará a la música occidental, ya sea como caritas (ágape), el amor asignado a lo divino, o como amor (eros), el amor de la esfera mundana. Y lo hace de las formas más diversas: como amor celestial, amor erótico, amor no correspondido, amor al terruño o a un tiempo pasado que no volverá

Como fuerza que dirige a las personas hacia un homólogo o hacia una contraparte, el amor requiere siempre de un diálogo, también en la música. Dos virtuosos en sus respectivos instrumentos, Anette Maiburg y Marcelo Nisinman lo entablan aquí de forma maravillosa y seducen al público con arreglos escritos por el compositor argentino especialmente para este singularísimo programa, en el que se dan cita además John Dowland, Juan Carlos Cobián, Pedro Maffia, Barbara y Pedro Datta.

El Festival de Música del Bajo Rin se realiza desde hace 17 años y los conciertos de cámara que tienen lugar en esta antigua iglesia con equipamiento y decoración interior de estilo rococó gozan tradicionalmente de especial atractivo. Si no fuera por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia, el recinto habría estado atestado de público.

Bordel 1900, el tango de Astor Piazzolla que abre este recital (y que lo cierra también en los bises entre estruendosas ovaciones del público) nos retrotrae al ambiente de los prostíbulos de los bajos fondos de Buenos Aires a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El bandoneón apenas había llegado al Río de la Plata y hasta ese entonces la guitarra y la flauta eran los principales instrumentos que animaban los canyengues de las prostitutas, sus clientes y sus rufianes. En esos sórdidos ambientes, más de un duelo a cuchillo se saldó también con la muerte de alguno de los contrincantes..

Maiburg y Nisinman ejecutan las piezas con gran maestría. Muestran equilibrio en las composiciones más reflexivas, como Danket dem Herrn, denn er ist sehr freundlich (Dad gracias al Señor, porque es muy bondadoso); ardiente energía y vértigo en Tango Etude nro. 6 para solo de flauta; nostalgia y tristeza en Heliotropo para bandoneón solista; así como alegría y esperanza en Argentinos en Europa.

Un tangazo y tan poco tocado como conocido fuera del Río de la Plata es Jeanne y Paul, de Piazzolla, que el dúo rescata del olvido con gran fuerza y entrega. La composición que grabara el Noneto de Astor en 1973 fue reescrito por Nisinman de “oreja“, porque la partitura original, así como otras de la época desaparecieron para siempre, quemadas por el compositor. La flauta hace unas sugestivas “chicharras“, como las que improvisaba el violinista en la orquesta.

Muy bella y con preciosos coloridos es asimismo la ejecucion de Anette Maiburg y Marcelo Nisinman de Youkali, el tango-habanera que Kurt Weill compusiera en 1934 durante su exilio en Francia para su ópera Marie Galante, basada en una novela de Jacques Deval.

Lento ma con spirito suena I saw my lady weep, de John Dowland, en una impecable conjunción de flauta y bandoneón, en la que ambos instrumentos respiran juntos y se vuelcan muy dentro, en su sentir interior. El público seguía el concierto con fascinación y estallaba en incontenibles exclamaciones de ¡bravo, bravo, bravo!, entre pieza y pieza. Fue ésta una velada íntima, cálida, dulce, por momentos muy apasionada que, para mi gusto, quedó reflejada fielmente en dos estupendos temas: Café 1930 (1985), de Piazzolla, y Nantes (1964), de Barbara.

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