España - Andalucía

Antológico Flórez

José Amador Morales
lunes, 8 de noviembre de 2021
Juan Diego Flórez © 2021 by Daniel Pérez Juan Diego Flórez © 2021 by Daniel Pérez
Málaga, domingo, 31 de octubre de 2021. Teatro Cervantes. Juan Diego Flórez, tenor. Orquesta Filarmónica de Málaga. Christopher Franklin, director musical. Obras de Gioacchino Rossini, Gaetano Donizetti, Édouard Lalo, Jules Massenet, Charles Gounod y Giacomo Puccini.
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Un pletórico Juan Diego Flórez se presentó en el malagueño Teatro Cervantes, lleno a rebosar como en las ocasiones excepcionales, con el que iniciaba su trigésimo tercera temporada lírica. Y desde luego que esta fue una de ellas. Especialmente porque el tenor peruano compareció en muy buen estado de forma vocal hasta el punto de gustar y gustarse a un tiempo. La compañía de la Filarmónica de Málaga suponía, por otra parte, un aliciente no menor a la hora de realzar este espectáculo lírico francamente completo.

En cuanto al programa seleccionado, curiosamente el inicio del concierto bien podría ser un buen exponente de los bises que acostumbraba a dar en sus recitales de hace unos veinte años, cuando triunfaba como exitoso tenor rossiniano. Y es que tras una inicial ‘Deh! Tu m’assisti amore’ de Il signor Bruschino de impecable fraseo, Flórez puso de manifiesto que el compositor de Pésaro nunca ha dejado de ser una de sus principales credenciales líricas. Algo que demostró particularmente con una espectacular ‘La speranza più soave’ de Semiramide, en un acercamiento tal vez un punto más calculado que antaño pero acaso de igual o si cabe aún mayor impacto, con un teatro que se vino abajo. 

Seguidamente atacó otra sección del programa dedicada a Gaetano Donizetti con ‘Una furtiva lagrima’ bellísima en su emoción contenida y una escena de Il duca d’Alba (‘Inosservato penetrava... Angelo casto e bel’) con la que ofreció su personalísima al tiempo que seductora línea de canto, en otra de las páginas favoritas del repertorio belcantista de todo tenor que se precie.

Llegados a este punto, Flórez se adentró en un repertorio más netamente romántico, revelando claramente la evolución de su voz en estos últimos años de carrera operística. Ciertamente sus agudos, aun siendo impactantes, no resultan tan descaradamente fáciles como antaño y su registro central presenta un punto de más anchura. Y ello manteniendo sus principales cualidades vocales, esto es, un timbre ciertamente personal y atractivo, un fraseo de encantadora naturalidad y una técnica de calidad incuestionable. Con estos resortes encaró una preciosa ‘Vainement, ma bien aimée’ de Le Roi d’Ys y la célebre “Pourquoi me réveiller” de Werther, cantada con tanta elegancia en el fraseo como acertado desasosiego en la expresión. Sin lugar a dudas, otro de los momentos más aclamados de la velada. 

Esta tanda de ópera francesa fue rematada con una fulgurante ‘Ah, lève-toi soleil’ de Roméo et Juliette, bellísima de nuevo en el cincelado melódico y espectacular en lo meramente canoro, que manifestó el indiscutible desahogo vocal con el que Flórez se presentaba a esta cita malagueña. El tenor culminó oficialmente el recital con un insólito pero plausible ‘Torna ai felici dì’, de Le villi de Puccini.

Ante el delirium tremens del público, los bises constituyeron otra parte en sí misma. En un ambiente desenfadado, casi festivo y en un continuo diálogo con los presentes, Juan Diego Flórez salió - como acostumbra en los finales de sus conciertos – guitarra en mano y se acompañó (bastante aseadamente por cierto, bien que la sexta cuerda se resistiera con sus continuos estallidos) en sus célebres versiones de Malagueña salerosa de Miguel Aceves Mejía, Core 'ngrato de Salvatore Cardillo, La flor de la canela de Chabuca Granda y Cucurrucucú de Pedro Infante. 

Ya de nuevo con el acompañamiento orquestal, atacó una convenientemente despendolada Granada de Agustín Lara y de nuevo Puccini con la inevitable ‘Nessun dorma’ de Turandot, aquí eficazmente camerística en cuanto al máximo control del volumen orquestal, que en todo caso puso en pie a todo el teatro.

Christopher Franklin dirigió aseadamente a una ajustada Filarmónica de Málaga, bastante mejor como acompañante atento a las necesidades del solista que en unas oberturas tan correctas como anodinas.

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