Entrevistas

“Todo va bien, no se preocupen por mí”: Las horas vacías de Ricardo Llorca

Ruth Prieto
viernes, 5 de noviembre de 2021
Las Horas Vacía de R. Llorca © 2021 by Teatro Real Las Horas Vacía de R. Llorca © 2021 by Teatro Real
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El próximo 9 de noviembre de 2021 tendrá lugar en la sala Verde de Teatros del Canal en coproducción con el Teatro Real, HighC Music y The New York Opera Society, el estreno en España de la versión escénica -hasta ahora representada solo en versión concierto- de la ópera Las Horas Vacías del compositor alicantino Ricardo Llorca, autor de la música y el libreto, que explora la soledad y aislamiento, la imaginación y los recuerdos, que llenan el tiempo de una solitaria mujer de hoy en día inmersa en su propio mundo. 

Ruth Prieto: Llega por fin a Madrid su ópera Las Horas Vacías. Es una ópera que ya tiene 13 años y que se ha estrenado en varios países. ¿Cómo ha sido el “aterrizaje" en Madrid?

Ricardo Llorca: Las Horas Vacías es una ópera-monodrama para soprano, actriz, coro, piano y orquesta de cámara. Es un ensayo sobre una mujer solitaria y adicta a internet que vive encerrada en su propio mundo de fantasía. Efectivamente esta obra ya ha circulado por muchas salas del mundo, aunque siempre en versión de concierto. Es ahora en Madrid en donde se va a estrenar en versión escenificada en una producción del Teatro Real de Madrid, Los Teatros del Canal, HighC Music y la colaboración de The New York Opera Society, que fueron quienes encargaron esta ópera en el año 2005. 

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Las Horas Vacías tuvo su preestreno en versión de concierto durante la XII Setmana de Musica Sacra de Benidorm y representada posteriormente, siempre en versión de concierto, en la Catedral de Berlín el 7 de septiembre de 2007 que fue el verdadero estreno; en el Dag Hammarskjold Theater de las Naciones Unidas (Nueva York) el 17 de noviembre de 2008; en el Alice Tully Hall del Lincoln Center (Nueva York) el 19 de noviembre de 2010; en la Sala de la Filarmónica de San Petersburgo el 3 de octubre de 2012; en el Teatro San Pedro (Sao Paulo) el 8 de agosto de 2014; y en Lituania el pasado mes de septiembre de 2020 y en junio del 2021 en versión semi-escénica.

Las Horas Vacías se ha estrenado en versión concierto pero al Teatro Real - Teatros del Canal llega el estreno absoluto de la versión escenificada ¿Cómo es el montaje? ¿Qué nos vamos a encontrar?

El director de escena de este montaje es José Luis Arellano, con quien ya he trabajado en otras ocasiones puesto que José Luis dirigió la escena de mi ópera Tres Sombreros de Copa en el Teatro de la Zarzuela hace dos años. Dado que esta obra es un ensayo sobre internet y también sobre la soledad, en el escenario habrá varios ordenadores y teléfonos móviles esparcidos en el suelo en una escena en la que se intenta recrear la habitación de la protagonista: una mujer profesional de cuarenta años que prefiere pasar los viernes por la noche encerrada en su cuarto enganchada a internet y hablando con uno o con varios amantes a los que nunca veremos. La protagonista baila con ellos, llora, discute, se pelea, y hasta hace el amor aunque siempre de manera virtual. También en escena veremos audiovisuales que recrean el metro de Nueva York, la ciudad en donde vivo desde 1988, con sus calles y sus grandes edificios de oficinas. 

También me gustaría decir que el diseño del vestuario de la protagonista ha sido creado por Miguel Angel Milán, uno de los grandes diseñadores para el teatro y la televisión en estos momentos. Miguel Angel ha diseñado el traje de chaqueta inicial de la protagonista, el traje largo de noche con el que baila, y también su ropa de cama. 

Aunque la protagonista es una sola mujer, es un papel que he desdoblado en dos: soprano (en las partes cantadas) y actriz (en las partes habladas).

El equipo artístico es un equipo con quien ha trabajado muchas veces. ¿Cómo está siendo el trabajo?

La verdad es que me siento muy cómodo con el equipo artístico porque, efectivamente, ya he trabajado con casi todos ellos en diferentes ocasiones durante mi trayectoria profesional. El director de orquesta es Alexis Soriano, quien conoce muy a fondo esta obra porque ya la ha dirigido en Nueva York, en São Paulo, en Lituania, y ahora en Madrid. Alexis es un gran director de orquesta y un gran promotor de mi música porque no solo ha dirigido esta ópera, sino que también ha estrenado en Sao Paulo mi segunda ópera, y ha dirigido mi Borderline, para batucada orquesta y piano solista en varias ocasiones. 

Además, me gustaría recalcar el trabajo tan maravilloso que está haciendo Alvaro Cañil, director ejecutivo de HighC Music y productor ejecutivo de esta ópera, un trabajo muy laborioso y, muchas veces, no muy agradable dadas las tremendas dificultades que ha tenido que resolver para llevar esta ópera a buen puerto. También para esta producción se ha contratado a un dramaturgo: Paco Gámez, que ha revisado el libreto original mío. Los pianistas son Luis Seguí, que es uno de los grandes repertoristas del momento, y Eduardo Fernández. La escenografía correrá a cargo de Silvia de Marta, el coro es el Coro Intermezzo (titular del Teatro Real) y los solistas de la Orquesta Sinfónica de Madrid (titular del Teatro Real).

El papel principal lo hace Sonia de Munck, ¿cómo está siendo el trabajo con ella?

Efectivamente el papel principal está desdoblado en una actriz, que es Mabel del Pozo, y una soprano, la maravillosa Sonia de Munck, con quien no había trabajado antes pero que ha demostrado tener un entusiasmo, una sensibilidad y una técnica vocal que sin duda la convierten en una de las grandes voces del momento. He comprobado en los ensayos que tanto Sonia como Mabel se han preparado muy a fondo y están totalmente inmersas en un papel que no es fácil, así que está siendo una delicia trabajar con ellas. 

La ópera se basa en una historia real que usted conoció de cerca, cuéntenos…

La historia subyacente detrás de Las Horas Vacías está basada en un hecho real que sucedió en 1994 en un piso que compartía con David Cronin, quien entonces trabajaba como directivo de la New York Public Library. El apartamento de David estaba situado entre la Séptima Avenida y la Calle 12, en pleno Greenwich Village, y era el típico edificio neoyorquino construido en ladrillo rojo durante los años sesenta; con techos muy bajos y paredes finas desde las que se podía escuchar todo lo que ocurría en los apartamentos vecinos. En el apartamento situado encima del de David vivía una señora de aspecto más que respetable y que -casualmente- era profesora de español en la New York University. No había nada de extraordinario o de especial en aquella mujer. Nada que la distinguiera de los demás vecinos. Pero, en el caso concreto de esta mujer anónima, algo extraordinario ocurría en su casa todos los viernes por la noche cuando regresaba, exhausta, a su apartamento después de un duro día de trabajo.

Desde la vivienda de David, y dada la delgadez de sus techos y paredes, podíamos escuchar claramente cómo aquella mujer invitaba a cenar todos los viernes en su casa a un misterioso amigo que acudía puntualmente a la cita a las 7 de la tarde. Desde el apartamento de David podíamos escuchar cómo la mujer abría la puerta a su invitado y le daba la bienvenida de una manera que a nosotros nos parecía un tanto fría y distante. Una vez dichas las formalidades de bienvenida, los dos se encaminaban juntos hacia la cocina, en donde ella charlaba animadamente con él mientras le ofrecía una copa y terminaba de preparar la cena. Una vez preparada la cena, y abiertas las botellas, los dos amigos pasaban juntos al comedor para disponerse a paladear lo que nuestra vecina había cocinado tan cuidadosamente. 

Entonces, mientras cenaban y durante el curso de la conversación, podíamos escuchar claramente cómo la profesora de español se iba enzarzando en un debate cada vez más y más agresivo y de un carácter mucho más violento que la educada charla inicial mantenida en la cocina durante el aperitivo. De ahí a los insultos -a los gritos y a los golpes- había un paso que no tardaban mucho en dar. Todos los viernes por la noche, y durante casi más de un año, los vecinos y los visitantes ocasionales del edificio escuchábamos escandalizados las discusiones violentas y las provocaciones que tenían lugar en el apartamento de la anónima profesora de español. Las voces se hacían cada vez más altas llegando al alarido y escuchando como las sillas -y las botellas de vino vacías- terminaban estrellándose contra el suelo. 

Después de aquellas aterradoras sesiones de violencia también comprobábamos estupefactos cómo la pareja se trasladaba, siempre sin dejar de insultarse, hasta el dormitorio de ella en donde seguían con su crescendo imparable de gritos y de golpes. Después de varias carreras por el dormitorio percibíamos el sonido brusco de los muelles del colchón agitándose mecánicamente de arriba abajo mientras ella no paraba de gritar y de insultarle. Cuando el espectáculo tocaba a su fin el vecindario podía escuchar cómo nuestra vecina, aunque de manera mucho más sosegada, proseguía con su letanía de gemidos y de sollozos. Su llanto era cada vez más y más pausado hasta que, ya bien entrada la noche, se hacía el silencio más absoluto y el edificio quedaba, por fin, en paz.

El tema, aunque era espinoso, se abordó de manera muy delicada en la reunión anual de propietarios del edificio. El alboroto de todos los viernes ya se había convertido en la preocupación general del vecindario así que se decidió, con la oposición de algunos vecinos más experimentados en estos temas, que, en caso de repetirse, se llamaría a la policía inmediatamente para que fueran ellos los que acudieran al apartamento de la profesora y así, además de llamarla al orden, comprobar lo que estaba sucediendo realmente en aquella casa.

El escándalo -cómo era predecible- se repitió al viernes siguiente y en cuanto la profesora comenzó con su dinámica de golpes en el suelo y de botellas rotas y sillas estrellándose contra la pared, se convocó inmediatamente a las fuerzas del orden. La policía acudió, aunque sin prisa aparente, y se encaminó hacia el apartamento de nuestra vecina acompañados por el presidente de la comunidad de propietarios y también por varios inquilinos, entre los que nos encontrábamos David y yo. Al llamar al timbre los ruidos y los golpes en el interior del apartamento se detuvieron de inmediato y no pasó mucho tiempo para que la vecina nos abriera la puerta. Estaba completamente borracha -de eso no cabía ninguna duda- con la mirada perdida y ajena a todo lo que no fuera su mundo de fantasía etílica, en el que permanecía inmersa. Aquella visión fantasmagórica no tenía nada que ver con la mujer pulcra y bien vestida que nos saludaba en el ascensor todas las mañanas. 

La vecina intentó cerrarnos la puerta cortésmente pero los vecinos insistieron en que todos en el edificio sabían que allí había alguien con el que discutía violentamente los viernes por la noche. Fueron tan insistentes que, al final, la profesora de español no tuvo más remedio que permitir la entrada a los vecinos aunque siempre sin dejar de decirnos, con la mirada atónita y sin dirigirse a nadie en concreto: “Todo va bien, caballeros, no se preocupen por mí”.

Entramos en su apartamento todos en tropel -policías, vecinos y algunos curiosos que se habían presentado atraídos por el ruido- y lo que vimos fue una gran sala llena de libros y con una mesa de comedor aunque allí, aparte de la comida por el suelo y de las botellas de vino y sillas rotas, no había nadie más. También descubrimos que en el dormitorio tampoco había nadie. Ni en la cocina. Ni en el baño ni en ninguna otra parte de la casa. Aquella mujer estaba totalmente sola y en su apartamento no había más invitados que un huésped imaginario con quien ella cenaba todos los fines de semana y con quien discutía, peleaba y se liberaba haciendo el amor de una manera brutal en su dormitorio. Esta era la manera que tenía de relajarse de sus frustraciones laborales y de sus congojas personales: creando un mundo imaginario, aunque ayudada por el alcohol, en el que solamente ella tenía derecho a participar. 

Abandonamos la casa avergonzados por haber penetrado en la intimidad de una persona de una manera tan despiadada y sin haberlo pensado antes con detenimiento. Nadie dijo nada y todos, policía incluida, fuimos dejando poco a poco la casa en silencio. Ella nos despidió con cortesía: “¿Lo ven, caballeros? ¡Todo va bien!. Ya se lo dije: aquí no pasa nada de nada” .... y tenía razón.

¿Cómo se pasa de una historia/ anécdota a un libreto/ partitura?

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La historia de la profesora de español me dejó, lógicamente, muy impresionado porque es una historia de desequilibrio mental y adicciones muy típica de la ciudad de Nueva York. Diez años después, cuando recibí el encargo de escribir una ópera por parte de la New York Opera Society decidí retomar aquello que yo había vivido anteriormente en aquel edificio del Greenwich Village. Ya por aquel entonces existía internet, así que decidí cambiar la historia original de mi vecina con su amigo imaginario por el de una mujer que ha decidido pasar sus viernes chateando en internet con personas que pueden ser reales o no. 

La historia es la misma, puesto que hablo de amigos imaginarios y de la soledad y las adicciones al alcohol o a la sustancia que sea, en la sociedad actual. Para aquellos que vengan a las representaciones de Las Horas Vacías es muy importante que sepan que el leit motiv que se repite a lo largo de toda mi ópera es el "Todo va bien" que la profesora de español dijo a la policía cuando llamaron a su puerta: “Todo va bien, caballeros, no se preocupen por mí”. Además del coro, la soprano y la actriz también van a repetir el "Todo va bien" durante toda la obra, aunque, en el fondo, y como comprobaran los espectadores, todo vaya bastante mal.

Después de Madrid, ¿se va a poder ver este montaje en más sitios?

A todo el equipo nos encantaría que esta no fuera la única vez que se va a representar nuestra producción escénica de Las Horas Vacías. Estamos pensando muy seriamente en promocionar este montaje con un vídeo y con un dossier para así poder ofrecerlo a diferentes teatros de todo el mundo una vez finalicen las representaciones en los Teatros del Canal.

En noviembre de 2018 se entrenó en el Teatro de la Zarzuela Tres Sombreros de copa, y en noviembre de 2021 se estrena también en Madrid Las Horas Vacías… ¿Habrá tercera ópera?

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Es curioso que todos mis grandes estrenos y conciertos hayan sido durante el mes de noviembre. En noviembre de 1999 estrené mi Concierto para piano con la orquesta de la RTVE. En noviembre de 2007 representaron Las Horas Vacías en el Lincoln Center de Nueva York, en noviembre de 2018 se estrenó Tres Sombreros de Copa en Sao Paulo, en noviembre del año siguiente fue el estreno europeo de Tres Sombreros de Copa en el Teatro de la Zarzuela. Ahora, casualidades de la vida, es en noviembre de 2021 cuando voy a estrenar en España la versión escénica de Las Horas Vacías. 

En cuanto a una tercera ópera tengo un proyecto: El Reveillón, que estoy ofreciendo a diferentes teatros de la ópera en España y en los Estados Unidos con la esperanza de encontrar alguna institución que lo quiera encargar. El Reveillón será una ópera sobre la Guerra Civil Española y está basada en los relatos contados por mi familia, que estaba refugiada en la Embajada de Chile en los inicios de la guerra. Estos relatos han sido confirmados por los recientemente publicados diarios de Carlos Morla Lynch (España Sufre: diarios de guerra en el Madrid republicano). En 1936, cuando estalló la guerra, Morla Lynch abrió la Embajada de Chile a los muchos aristócratas que huían de la revolución en Madrid. 

Posteriormente, al terminar la guerra, Carlos Morla Lynch convertiría la Embajada de Chile en un refugio para muchos perseguidos que habían militado en el lado perdedor. Según Pablo Neruda, hasta cuatro mil personas le debieron la vida al diplomático, entre ellas el escritor y falangista Rafael Sánchez Mazas o las familias de los republicanos Manuel Azaña, Indalecio Prieto y Largo Caballero. Lo que ocurría en aquella embajada recuerda a la situación de irrealidad en la que también vivían los aristócratas franceses en plena Revolución Francesa. Relatos confirmados por el mismo Marqués de Sade, quien nos cuenta que los obispos, condes, duques, y marqueses, mientras permanecían presos en la Cárcel de Madelonnettes, bailaban minués y hasta representaban obras galantes de Beaumarchais antes de ser enviados a la guillotina. Según muchos miembros de mi familia, durante la Guerra Civil Española, la mayoría de los refugiados asilados en la embajada de Chile, temporalmente a salvo de la matanza general, también habían diseñado un mundo imaginario de amabilidad y cortesía como medio para escapar de sus dramas y desgracias personales. 

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