Italia

‘Madamigella Sviene’

Jorge Binaghi
martes, 7 de diciembre de 2021
Simeoni (Princesa de Bouillon) © 2021 by Andrea Ranzi Simeoni (Princesa de Bouillon) © 2021 by Andrea Ranzi
Bolonia, domingo, 14 de noviembre de 2021. Teatro Comunale. Adriana Lecouvreur (Milán, 6 de noviembre de 1902). Libreto de Arturo Colautti, música de F. Cilèa Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Escenografía: Tiziano Santi. Vestuario: Claudia Pernigotti. Luces: Daniele Naldi. Coreografía: Luisa Baldinetti. Video: Roberto Recchia. Intérpretes: Kristine Opolais (Adriana), Luciano Ganci (Maurizio), Veronica Simeoni (Princesa de Bouillon), Sergio Vitale (Michonnet), Romano Dal Zovo (Príncipe de Bouillon), Gianluca Sorrentino (Abate de Chazeuil), y otros. Bailarines, coro y orquesta del Teatro. Director: Asher Fisch.
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He puesto como título esa en apariencia ‘insignificante’ frase porque el valor de piezas como esta se juega en ellas, en el llamado canto de conversación, aunque en algún momento entren las grandes arias , dúos, etc. con orquesta. Esto lo dice la Bouillon al comprobar los efectos de su mentira sobre la salud de Mauricio en la frágil Adriana, actriz consumada pero incapaz, en principio, de jugar con las mismas cartas de maldad. Cómo lo dijo la Simeoni bastaría para que todos lo entendieran aunque por lo que se ve…. 

Es cierto que también proviene de su gran instinto dramático, pero además de conocer el estilo que requiere el repertorio: la frialdad, la ironía, el desprecio y el despecho están todos en esas dos palabras y uno entiende sin necesidad de más explicaciones (la famosa aria del veneno que Cilèa mismo cortó antes de la primera función) que esta mujer no se detiene ante nada y que si sus palabras son venenosas, puede llegar también al acto físico de envenenar a una rival de clase inferior.

El título, que por fortuna sigue circulando y con superior intensidad a años pasados, debió verse aquí en la anterior temporada, pero el cierre de los teatros lo impidió. Como estaban avanzados los ensayos se rodó un film que se vio, con éxito, en televisión, y ahora por fin podía verse en escena. No descubro nada que si la extraordinaria ‘adaptación’ de tiempos y decorados en los dos primeros actos favoreció la labor de Cucchi -y de todos- en la filmación, el teatro comporta unas limitaciones (de tiempo, de espacio) y desnuda algunas verdades que harán parecer mejor el film, pero dan la medida exacta que sólo la presencia viva puede dar.

'Adriana Lecouvreur' de Cilèa. Dirección musical, Asher Fisch. Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Bolonia, Teatro Comunale, noviembre 2021. © 2021 by Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi).'Adriana Lecouvreur' de Cilèa. Dirección musical, Asher Fisch. Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Bolonia, Teatro Comunale, noviembre 2021. © 2021 by Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi).

Por ejemplo, la dirección de Fisch no parecía tan adocenada, vulgar y -peor- estrepitosa. Algún comprimario de importancia (el abate pero también el príncipe) salieron aventajados en cuanto a volumen el primero, a canto engolado el segundo.

De los cuatro principales, uno no pudo hacerse cargo de su personaje porque entretanto le había salido otro contrato, y más interesante desde el punto de vista musical y escénico. Quien lo reemplazó, Vitale, hizo un buen Michonnet (en especial a partir del segundo acto), y ciertamente lo que hizo fue bueno (la primera vez que no lo oía en Verdi, y en esta oportunidad me gustó) y punto.

Ganci es una voz bellísima y generosa, tipo ‘antigua escuela italiana’, y no seré yo quien me queje, porque además atiende las indicaciones de la dirección de escena y hasta intenta hacer medias voces (no siempre lo consigue), pero el problema está en que está siempre al límite, y eso a veces le cuesta fatiga o entonación (en este caso no fue como en alguna Aída liceísta, pero estuvimos a punto).

'Adriana Lecouvreur' de Cilèa. Dirección musical, Asher Fisch. Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Bolonia, Teatro Comunale, noviembre 2021. © 2021 by Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi).'Adriana Lecouvreur' de Cilèa. Dirección musical, Asher Fisch. Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Bolonia, Teatro Comunale, noviembre 2021. © 2021 by Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi).

Opolais era la protagonista, esa diva que va cambiando de aspecto según el paso del tiempo (la obra va de la época de la Lecouvreur histórica hasta los resultados de 1968), cada vez más cómoda en la interpretación del personaje (en el último, cuando su neurosis la hace ‘imaginar’ el retorno del amado -que canta entre bambalinas como para señalar que esto sólo pasa en la cabeza enfebrecida de la artista- le dice las frases a un Michonnet desesperado que sólo puede intentar seguirla en su delirio, y aquí Opolais muestra no sólo su belleza sino su garra artística). 

Pero en esta ópera, que tiene tantos ejemplos ilustres, alguno incluso en este mismo momento, hay que desplegar voz, y si es hermosa, mejor. El esmalte -aunque un poco blancuzco- existe en una zona aguda incisiva y segura, y tal vez en alguna nota emitida pp, pero eso es todo: ni centro ni grave dignos de ese nombre, y ninguna comprensión, justamente, del recitado y en general del fraseo, ya sean palabras ‘simples’ -creo que no las hay en este tipo de óperas- o un momento peligroso como el gran monólogo de Fedra: con la orquesta en contra es poco lo que se oye, y no muy interesante.

Los comprimarios, coro, orquesta y bailarines (Luisa Baldinetti, solista) cumplen bien como el acróbata de Davide Riminucci. Los videos poco ayudan

'Adriana Lecouvreur' de Cilèa. Dirección musical, Asher Fisch. Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Bolonia, Teatro Comunale, noviembre 2021. © 2021 by Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi).'Adriana Lecouvreur' de Cilèa. Dirección musical, Asher Fisch. Dirección escénica: Rosetta Cucchi. Bolonia, Teatro Comunale, noviembre 2021. © 2021 by Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi).

Pero quien destaca en esta producción es ‘la malvada’. Dominante desde su entrada, en su célebre aria, Simeoni canta con gran técnica y musicalidad (sigo sin comprender a los que le critican su falta de grave: lo tiene, y ciertamente no lo emplea de pecho ya que pocos son los personajes vulgares en estas u otras óperas confiadas a su cuerda -recuérdese a la gran Simionato- ciertamente menos amada donde más habría debido serlo, que por supuesto tenía una gran voz y un muy buen registro grave, pero que no confundía princesas altivas, o mujeres comunes dominantes o no, con la forma natural de la voz cuando se trata, con todos los respetos, de vender fruta y verdura en un mercado o por la calle). 

Una pena por eso mismo que la producción le amputara su última frase, con la que se cierra el tercer acto, ‘Restate!’, y que nos hubiera valido un gran momento dramático aunque no fuese dirigida a quien se supone (total, hoy todos dicen cualquier cosa a cualquier otro personaje que no al originalmente destinado). 

Buen éxito y buena presencia de público.

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