Italia

Importante reposición de ‘Macbeth’

Jorge Binaghi
viernes, 31 de diciembre de 2021
Livermore, Macbeth © 2021 by Brescia e Amisano Livermore, Macbeth © 2021 by Brescia e Amisano
Milán, lunes, 13 de diciembre de 2021. Teatro alla Scala. Libreto de F. M. Piave, y música de G. Verdi. Puesta en escena: Davide Livermore. Escenografía: Giò Forma. Vestuario: Gianluca Falaschi. Video: D-Wok. Coreografía: Daniel Ezralow. Iluminación: Antonio Castro. Intérpretes: Luca Salsi (Macbeth), Anna Netrebko (Lady Macbeth), Ildar Abdrazakov (Banquo), Francesco Meli (Macduff), Iván Ayón Rivas (Malcolm), Chiara Isotton (Dama de Lady Macbeth), Andrea Pellegrini (Médico), y otros. Orquesta y coro del Teatro (preparado por Alberto Malazzi). Dirección: Riccardo Chailly.
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La inauguración de la Scala es siempre una especie de rito laico. No sólo por la presencia de ‘vips’ de todos los campos (esta vez la palma se la llevó el Presidente de la República con sonoros aplausos y pedidos de ‘bis’ a su entrada) sino por todo el ‘glamour’ que rodea a la representación. También porque algunas veces el famoso ‘gallinero’ quiere dejar su huella, sea con razón o sin ella. Esta vez decidió actuar y sus miras fueron la nueva producción (Livermore y su equipo se llevaron los más sonoros ‘buh’ al saludar al final) y, oh sorpresa, la Netrebko que hasta ahora había sido su benjamina. No fueron muchos, pero sí algunos los que abuchearon el final de su aria de presentación (con suma sangre fría e ironía les agradeció con un vaso de whisky, que la puesta oportunamente le ofrecía) y también al final. Cuando yo estuve (tercera función) sólo hubo un percance técnico que impidió el uso de puentes que subían y bajaban pero nada más, aunque bastó para que se levantaran algunas voces (de platea sobre todo) culpando al montaje.

Bien… Ahora vayamos a lo que importa. Ciertamente Livermore no es un genio infalible y tal vez tanta inauguración seguida de la Scala haya hartado un poco o dado alas al malhumor de los que se sienten desplazados (o de los que sienten que hay otros desplazados, que no es lo mismo). Por supuesto tiene sus manierismos y creo que en televisión funciona mejor que en teatro, y eso está mal. Como se inspira muchas veces en el cine, con variable fortuna, esta vez reina el universo virtual (¿o real?) de la espesa y artificiosa Inception, ciertamente no la mejor película de Christopher Nolan. Y naturalmente, la tragedia escocesa y su autor lo permiten, no estamos ni en Escocia ni en la Edad Media y estos ‘parvenus’ (en particular la Lady) que consiguen un poder que desean por cualquier medio hacen pensar en patanes más recientes, y se mueven en interiores sofisticados y sofocantes. 

'Macbeth' de G. Verdi. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Davide Livermore. Milán, Teatro alla Scala, diciembre de 2021. © 2021 by Brescia e Amisano / Teatro alla Scala.'Macbeth' de G. Verdi. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Davide Livermore. Milán, Teatro alla Scala, diciembre de 2021. © 2021 by Brescia e Amisano / Teatro alla Scala.

Claro que con eso las brujas hacen agua pese a la coreografía de Ezralow que especialmente en el gran ballet (se dio la versión realizada para Francia, la segunda, con la inclusión del arioso de Macbeth moribundo de la primera) tiene algunos puntos a su favor (entre ellos el de hacer bailar, y muy bien, a Netrebko). Tal vez lo más conseguido sea el último acto (donde brujas no hay) y en particular la primera y segunda escenas (la oposición en el exilio y el sonambulismo de la Lady); en la tercera volvemos a algunos de los clichés conocidos del director y su equipo.

La dirección musical de Chailly fue estupenda. Si hubo algún momento lento estuvo perfectamente justificado; el ballet estuvo por primera vez para mí al mismo nivel dramático de la obra -que admiro profundamente, en su versión teatral o en esta operística-, hizo oir detalles estremecedores incluso desde el punto de vista teatral, acompañó extraordinariamente a los cantantes y concertó desde todo punto de vista. O sea cumplió con creces la función de un gran director.

El coro estuvo estupendo aunque en algunos momentos regateó un tanto ese sonido pleno esplendoroso que le escuchaba en anteriores temporadas, pero puede tratarse de una impresión o de un efecto deliberadamente buscado. Lo que sí, interpretaron sus partes escénicas con gran brío (y ese gran coro que es ‘Patria oppressa’ resultó estremecedor). Los profesores de la orquesta, soberbios.

'Macbeth' de G. Verdi. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Davide Livermore. Milán, Teatro alla Scala, diciembre de 2021. © 2021 by Brescia e Amisano / Teatro alla Scala.'Macbeth' de G. Verdi. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Davide Livermore. Milán, Teatro alla Scala, diciembre de 2021. © 2021 by Brescia e Amisano / Teatro alla Scala.

Salsi ha cantado mucho el papel protagónico. Al principio (en el Liceu) era un torrente de voz con poco matiz. Ahora la obsesión por cada palabra resiente un tanto o un mucho la línea de canto, pero el barítono sigue siendo una voz importante en su cuerda en Italia. Quizá desde ese punto de vista, de la palabra, me interesó mucho más su gran escena del conjuro en el tercer acto que su maravillosa aria del último. Ignoro si fue Livermore o él quien presentó al personaje como un tanto tosco (en la escena del banquete, ante las apariciones de Banquo asesinado, sus movimientos hacían recordar un poco a King Kong, dicho sea con todo respeto).

'Macbeth' de G. Verdi. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Davide Livermore. Milán, Teatro alla Scala, diciembre de 2021. © 2021 by Brescia e Amisano / Teatro alla Scala.'Macbeth' de G. Verdi. Dirección musical: Riccardo Chailly. Puesta en escena: Davide Livermore. Milán, Teatro alla Scala, diciembre de 2021. © 2021 by Brescia e Amisano / Teatro alla Scala.

Como se sabe el personaje de la Lady es, en todos los sentidos, infernal. De los que conocemos la obra cada uno tiene o su versión de referencia o su imagen ideal (yo sigo sin encontrar jamás la negrura salvaje del timbre de Amy Shuard -un sentido recuerdo para ella- en 1962 y 1964 en el Colón bonaerense; la única vez que me conquistó otra Lady fue la de Gwyneth Jones en Florencia en 1975). Netrebko podrá ser entonces ni mi intérprete preferida ni la de otros, pero no sé sinceramente quién puede hacerlo hoy mejor. Asistí a su debut en el rol en Múnich; la voz estaba más fresca, pero el grave no era muy poderoso y el dichoso re bemol con que finaliza su actuación apenas lo tocaba. Hoy la voz es enorme, el grave si se quiere exagerado, y el color entre los registros no es tan homogéneo; el agudo sigue siendo luminoso y los filados -gracias a la técnica sobre todo- están donde y como deben estar (y el re bemol parece no traerle problemas; hay algún momento en la zona central donde quizá la afinación no sea perfecta, pero también era el caso -en mucho peor- de alguna ‘gran intérprete’ del pasado que mucho que digamos no cantó el rol en escena; Netrebko sí). Paradójicamente, la voz que según Verdi no debía ser bella lo sigue siendo aún. Si además, siendo como es una diva, se aviene a bailar frenéticamente antes de su espeluznante dúo ‘Ora di morte e di vendetta’ que concluye el tercer acto, no sé dónde vamos a encontrar hoy una mejor.

Si consideramos sólo el aspecto vocal el canto más resplandeciente fue el de Abdrazakov, en gran forma, y un excelente actor (lástima que Shakespeare lo mata a mitad de obra y Verdi no tuvo más remedio que seguirlo).

Meli es la voz perfecta para Macduff, pero como muchos otros ilustres colegas, no parece muy atraído por la parte desde el punto de vista artístico, con lo que dice sus frases, canta su aria, y a otra cosa.

Ayón Rivas fue un muy buen Malcolm que, como se sabe, está ya haciendo cosas mucho más comprometidas. Tampoco él brilló como actor, pero es difícil en este rol.

Extraordinaria la dama de Isotton, asimismo en una carrera en la que ya aborda roles protagonistas, pero aquí sus firmes ‘do’ en los concertantes fueron notables.

El joven Pellegrini sigue con tino abordando papeles pequeños pero cada vez más comprometidos (aquí fue el Médico en el último acto, y por fortuna fue él, porque más de una vez esa parte ha deslucido la escena del sonambulismo. Sigo preguntándome por qué el Viñas -bueno, no es novedad- lo dejó ir con las manos vacías salvo un premio especial de Italia mientras destacaba a alguna voz mucho más discutible).

Los demás, correctos. Público desbordante de asistencia y entusiasmo. 

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