Alemania

Música inglesa e italiana para cornetto en torno al 1600

Juan Carlos Tellechea
jueves, 20 de enero de 2022
Haru Kitamika  y Doron David Sherwin  © 2022 by Stadt Neuss Haru Kitamika y Doron David Sherwin © 2022 by Stadt Neuss
Neuss, jueves, 13 de enero de 2022. Conciertos en la “Zeughaus“ (armería) de Neuss. Doron David Sherwin (cornetto), Haru Kitamika (clave / órgano positivo). Velada especial. Música virtuosa de Italia e Inglaterra (alrededor del 1600) para cornetto y clave / órgano positivo. Giovanni Battista Fontana, Sonata sesta. Tarquinio Merula, Toccata del secondo tono. Niccolò Corradini, La sincopata. Giovanni Picchi, Pass’e mezzo. Girolamo Frescobaldi, Capriccio sopra un soggetto. Michelangelo Rossi, Toccata settima. Ottavio Bargnani, Canzon XVI sopra la Monica. Lucio Barbieri, Veni de Libano (Disminuciones de Doron David Sherwin). Anthony Holborne, Pavan: The Image of Melancholy. Autor anónimo, Wakefield on a Green. William Byrd, Sellinger’s Round. John Bull, Fantasia – Galliard. Orlando di Lasso, Susanne un jour (Disminuciones de Doron David Sherwin). John Dowland, M. Bucton’s Galliard, Flow, my Tears (Lachrimae Pavane) (Disminuciones de Doron David Sherwin). Peter Philips, Pavana dolorosa. Autor anónimo, A Ground. Bis: Yoshinao Nakada, Sakura Yokochô (Calle de los cerezos en flor). 70% del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra el coronavirus.
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Doron David Sherwin inspira al cornetto en la Sonata sesta de Giovanni Battista Fontana con trinos fantásticamente cincelados, mientras Haru Kitamika hace lo propio con pasajes muy delicados al clave. Tras un sereno preludio en el teclado que da paso al resonar de la corneta curvada, comienza esta velada tan singular en la Zeughaus (armería) de la ciudad de Neuss, a orillas del Rin, con música italiana e inglesa escrita torno al 1600, rarezas incluidas.

Fontana nació en Brescia y floreció en el norte del país en una época en la que el repertorio violinístico se emancipaba, como demuestran sus sonatas publicadas póstumamente en Venecia en 1641. Como era habitual en la época, algunas de las obras de la colección permiten elegir libremente los instrumentos, algo que con gran acierto ocurre en este caso.

La música del Barroco se interpreta con poca frecuencia en estos tiempos, lo que ha impulsado al dúo a realizar esta velada con una exquisita selección de compositores italianos e ingleses, primordialmente, algunos de ellos muy poco conocidos. La reparadora experiencia sonora encaja maravillosamente en el mundo actual, como demuestran aquí Sherwin y Kitamika.

El recital de 70 minutos, sin intervalo, con 18 temas de 17 autores, dos de ellos anónimos, terminó entre aclamaciones del público y con un bis del compositor contemporáneo Yoshinao Nakada: Sakura Yokochô (Calle de los cerezos en flor), una conocida canción originalmente compuesta para contratenor o soprano y piano, transcrita para cornetto y clave.

El director de la Oficina de Cultura de la ciudad de Neuss, el músico, pedagogo, musicólogo y gestor cultural Dr. Benjamin Reissenberger, advertía al público en la presentación del recital que debido a un desperfecto en el sistema de calefacción en el edificio la temperatura era un poco elevada en la sala, lo que espectadores y músicos notarían media hora después.

Dicho sea al margen, Reissenberger, él mismo clarinetista, formado en Austria (Graz), Suiza (Basilea) y Alemania (Essen, Universidad Folkwang de las Artes), asumió su cargo en 2021, pero en las últimas dos décadas ha cumplido una intensa actividad musical y ha colaborado muy especialmente con orquestas y conjuntos de música antigua. A su excelente gestión se debe esta serie de interesantes recitales.

Sherwin, uno de los grandes cornetistas del mundo, y Kitamika, también organista, tocan muy a menudo juntos en ensembles internacionales de música histórica. Ambos se conocen muy bien y coordinan a la perfección sus sucesivas intervenciones en el maravilloso programa. El gran virtuosismo de Doron David Sherwin y de Haru Kitamika se inserta aquí con un lirismo verdaderamente seductor.

A más tardar en el segundo tema, Toccata del secondo tono, del innovador Tarquinio Merula, ejecutado con gran recogimiento y concentración, Kitamika exhibe su pasión por el clave. Uno se podría pasar horas escuchándola, y a ella, además, creo que le encantaría seguir interpretando sin parar composiciones en el instrumento.

En La sincopata, de Niccolò Corradini, compositor de un siglo considerado “extravagante“ por excelencia, capaz de expresar momentos de excentricidad visionaria frente a cimas de clasicismo formal, la corneta negra de Sherwin y con no menos fruición el órgano positivo de Kitamita, se contorsionan en esta canzone con su rítmico enlace de sonidos.

La poesía emerge cada vez con más vitalidad en estas danzas del alma al inquietante son de Pass'e mezzo, de Giovanni Picchi. Kitamika adopta al clave un estilo bastante libre, bien contrastado, con un derrame de notas bellísimas que despiertan de inmediato la atención del espectador. Por momentos nos parece estar alternando imaginariamente en uno de esos elegantes salones de baile del 1600.

Doron David Sherwin y Haru Kitamika al órgano positivo ejecutan con gran brillantez y en perfecta sincronización la sugestiva música de Girolamo Frescobaldi, organista de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, quien marcó la tendencia de los tipos formales y las ricas armonías de su época. En su Capriccio sopra un soggetto, número 10 de la colección Il primo libro di capricci (1624), Frescobaldi dejó una impronta modélica para las siguientes generaciones, y ambos músicos se acompañan y complementan notablemente, con gran calidad y recíproca seguridad.

La magistral música fluye fresca, como en un arroyuelo que baja de la montaña en la Toccata settima de Michelangelo Rossi e invita al oyente a seguirla en un viaje a través del tiempo hacia un mundo casi caprichoso. Las carreras tocadas en el clave por Kitamika requieren la máxima concentración y destreza, un enorme virtuosismo para transmitir con gran sensibilidad sus sentimientos.

El cornetto de Sherwin y el órgano positivo de Kitamika tienen una brillante intervención en la animada Canzon XVI sopra La Monica del compositor Ottavio Bargnani, de cuya biografía muy poco se sabe, y que basó esta pieza en una antigua canción popular italiana, Bargnani trabajó como organista en Brescia y fue alumno al parecer del compositor Floriano Canale. De ahí que no deba extrañar que el órgano cobre protagonismo por momentos en esta curiosa obra y deje brevemente a un segundo plano a la corneta renacentista.

Veni de Libano, del boloñés Lucio Barbieri (con disminuciones de Doron David Sherman), es otra de esas vibrantes stravaganze del seicento, hoy raramente interpretadas y, en todo caso, en versión instrumental. Originalmente el motete, compuesto hacia 1630, era para coro a capella.

En la bellísima interpretación de Sherwin en la corneta curvada y Kitamika al órgano, la pieza alcanza las fibras más profundas del espectador, sumergido desde el primer instante en la obra. Barbieri, primero organista de la catedral boloñesa de San Pedro y después de la Basílica de San Petronio, es otro de esos autores de la primera mitad del siglo XVII, protagonistas de la última gran temporada de la cultura instrumental italiana con su gran variedad de formas musicales y la contribución activa al desarrollo de un lenguaje musical innovador de fuerte influencia a nivel europeo.

A esta altura del concierto, el clave debía ser nuevamente afinado y a ello procedería Haru Kitamika durante unos 10 minutos, antes de pasar a la selección de temas de autores predominantemente ingleses: El primero de ellos, Anthony Holborne, un maestro de la música instrumental de la corte isabelina, con Pavan: The Image of Melancholy. En este punto percibimos un giro en la velada. El cornetto y el clave recrean excelentemente esa atmósfera de pena y aflicción plasmada en la partitura,

Esta pieza así como Flow, my Tears (Lachrimae Pavane), de John Dowland (con disminuciones de Doron David Sherwin) casi al final del concierto, se convierten en el punto culminante de la tarde. El binomio Sherwin – Kitamika subraya aquí su objetivo estético: la toma de conciencia de la música de la antigüedad y su fuerza reparadora, como recuerdo elocuente de lo que antaño se pensaba y decía a través del sonido.

El clave, con las cuerdas más tensadas, suena maravilloso en la digitación impecable, diáfana y transparente de Haru Kitamika en Wakefield on a Green, de autor anónimo. El cornetto de Doron David Sherwin es preciso y exacto en el final de largo aliento, casi una letanía, de A Ground, la otra obra de compositor desconocido.

Una interiorización de la música logran Sherwin y Kitamika en las exigentes variaciones de la famosa canción Sellinger's Round, escritas por William Byrd, a un ritmo cadencioso y danzarín. El cornetto suena como una trompeta, y la total independencia de las manos de la clavecinista hace que la pieza suene como si hubiera dos tocando al mismo tiempo en sendos instrumentos.

La Fantasia – Galliard del compositor John Bull, por su originalidad y complejidad motívica, hace honor a su título y contrasta con agilidad esa interioridad y esplendor respecto de la obra anterior. Kitamika transmite vívidamente con un derroche de virtuosismo sus cualidades improvisatorias en esta obra genial que precede en el presente programa a Susanne un Jour de Orlando di Lasso (con disminuciones de Doron David Sherwin), representante de la música vocal franco-flamenca del siglo XVI.

Escrita como pieza coral para cinco voces y cuya melodía fue de las más populares de su tiempo, Susanne un Jour (publicada en 1560 en la colección Tiers livre des chansons) complementa de forma armoniosa esta retahíla con su modelo entre secular y espiritual, elegantemente ejecutada por el dúo de sobresalientes músicos.

Seguirían después M. Bucton's Galliard, de John Dowland, y Pavana dolorosa (1593) del prolífico compositor, organista, clavecinista y (tras enviudar y morir sus hijos) sacerdote católico Peter Philips. La primera, al igual que la antes mencionada Flow, my Tears, pertenece a la colección de música instrumental Lachrimae, or Seven Tears ( publicada en Londres en 1605). La ejecución tiene magia, duende; Kitamika hace aquí maravillas con el clave y decanta notas a más no poder.

Imponente, lacerante y desgarradora es la sensible y rigurosa interpretación de Sherwin, acompañado al clave por Kitamika, en la Pavana dolorosa que Peter Philips escribiera en la cárcel de La Haya, acusado por un compatriota británico de participar en un complot para asesinar a la reina Isabel I de Inglaterra; cargo del que fue absuelto por falta de pruebas y tras convencer a los jueces de su inocencia.

Después de esta penosa etapa mejoraría algo la suerte de Philips, quien tras viajar a Bruselas se convertiría en el organista de la capilla del archiduque Alberto VII de Austria, a la sazón gobernador de los Países Bajos Españoles, y de su esposa, la infanta Isabel Clara Eugenia (hija del rey Felipe II), en cuya corte conoció a varios otros destacados creadores musicales de la época, entre ellos a Frescobaldi, quien integraba el séquito del nuncio y cardenal Guido Bentivoglio, así como a Francis Tregian el joven, también católico exiliado, para quien se compiló y copió el famoso Fitzwilliam Virginal Book.

En síntesis, un maravilloso concierto que cumplió absolutamente con todas las más ambiciosas expectativas de los asistentes. La ciudad de Neuss tiene previsto otro concierto de música histórica en febrero próximo que tendremos oportunidad de reseñar también aquí.

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