Alemania

El cumpleaños de Franz Schubert en la casa de Clara y Robert Schumann

Juan Carlos Tellechea
martes, 8 de febrero de 2022
Robin Neck © 2022 by Robin Neck Robin Neck © 2022 by Robin Neck
Leipzig, jueves, 27 de enero de 2022. Sala de conciertos de cámara de la Schumannhaus. Liederabend con el tenor Robin Neck y la pianista Doriana Tchakarova. Piano Blüthner (Leipzig) Model 1. Robert Schumann, Sechs Gesänge op 107. Franz Schubert, Vier Canzonas D. 688. Francesco Paolo Tosti, Non t’amo piu, La mia canzone, L’alba separa dalla luce l’ombra. Gustav Mahler, Urlicht (Des Knaben Wunderhorn), Wo die schönen Trompeten blasen (Des Knaben Wunderhorn). Benjamin Britten, On this island Op 11. Recital patrocinado por el tenor Gastón Rivero y transmitido por internet. Aforo reducido por las estrictas medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus.
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La gente se va haciendo mayor, me comentaba hace un par de días en tono jocoso una asidua asistente a conciertos en Alemania y Austria: Franz Schubert cumplió 225 años el 31 de enero; desde abril pasado festeja 175 Francesco Paolo Tosti...y Benjamin Britten 110 en noviembre de 2023. En fin, que redondeando sus edades siempre hay motivos para evocar la obra de algún compositor, como ocurre también en el primer hogar (hoy Schumannhaus) en el que vivieron Clara y Robert Schumann en Leipzig, hace algo más de 180 años.

Desde que contrajeron matrimonio en 1840, ambos recibían y agasajaban aquí a numerosas personalidades artísticas de la época: Felix Mendelssohn Bartholdy, Franz Liszt, Richard Wagner, Hector Berlioz y Hans Christian Andersen. Este mismo salón, tan lleno de vívida historia, acoge este jueves por segunda vez un Liederabend organizado por el renombrado tenor Gastón Rivero (quien canta en la cercana Ópera de Leipzig), esta vez con el también tenor Robin Neck y la laureada pianista Doriana Tchakarova.

Ningún otro medio como la canción acompañada por el piano podría contar con tanta claridad, intensidad y complejidad los sentimientos de un acongojado Robert Schumann. En el sexto y último tema (Abendlied) de sus Sechs Gesänge op. 107 se muestra experimental, casi temerario en la forma en que yuxtapone tríos en el piano con dúos en la voz. Esta estratificación de ritmos puede causar cierta irritación, porque parece que Tchakarova y Neck no tocaran juntos a veces, pero es así como lo pretendía Schumann.

Con este Abendlied (Canto vespertino) consiguen crear una pieza especialmente evocadora, que por su corta duración puede anular el pulso del tiempo. La voz de Neck suena sin esfuerzo e inmediata y Doriana Tchakarova matiza sutilmente los pasajes de acordes armónicamente cambiantes.

Del cancionero de Robert Schumann, los ciclos de 1840 (op 39, 42, 24 y 48) son los primeros que vienen a la mente, junto con algunos Lieder individuales famosos. Sus obras tardías son mucho menos conocidas. Pese a los esfuerzos de destacados músicos, sigue sufriendo el prejuicio de ser menos importante, un reflejo de trabajos anteriores y marcado por los problemas psicológicos de Schumann.

Sobre la base del tardío y raramente escuchado op 107, esto puede confirmarse o, con suerte, refutarse. Las seis canciones (1. Herzeleid, 2. Die Fensterscheibe, 3. Der Gärtner, 4. Die Spinnerin, 5. Im Wald y 6. Abendlied), fueron escritas en gran parte en 1851 y publicadas en 1852. En 1850, los Schumann abandonaron Dresde (adonde se habían mudado desde Leipzig) porque Robert había aceptado el puesto de director municipal de música en Düsseldorf. Tras la satisfacción y el éxito iniciales, pronto surgieron problemas. Robert escribía en su diario: "Subidas y bajadas". Herzeleid (Congoja), compuesta en enero de 1851, encaja con esta sensación, su humor resignado parece anticipar el desastre y confirmar malos presagios.

Ni siquiera Die Fensterscheibe (El cristal de la ventana), con su paralelismo de cristales rotos y corazones apenados, aporta finalmente un estado de ánimo alegre. Un viaje por el Rin y vía Basilea a través de Suiza en el verano de 1851 iba a aliviar las preocupaciones. Tras su regreso, Robert compondría más canciones en agosto.

La canción Der Gärtner (El jardinero) es más conocida gracias a una versión de Hugo Wolf. En La Hilandera (Die Spinnerin) -se piensa en Franz Schubert, en el piano en Mendelssohn- vuelve la resignación en el ritardando del final. El Lied nº 5, Im Wald (En el bosque), concebida por Schumann como una canción errante, se centra en el sufrimiento de estar solo. Abendlied, con su recoleto ambiente vespertino, da lugar a una tranquila confianza; apunta hacia Johannes Brahms y Wolf, pero también a las canciones del año 1840, cuando los Schumann vivían en esta misma casa.

En las Vier Canzonen (Cuatro canciones), el tenor Robin Neck y el piano Blüthner de Doriana Tchakarova comparten una comprensión visceral de los textos y una compenetración con los sentimientos de Schubert, el gran genio romántico. Hay una sensación de espontaneidad e inmediatez en el trabajo de Neck, una alegría en su forma de cantar, y la impresión de que hace suya la canción de forma magistral.

Su voz es extraordinariamente bella, su timbre transmite nobleza y candor. Pareciera como que todo lo que canta es su Lied más querido con el que está experimentando su poder y magnificencia por primera vez. Así se suceden Non t'accostar all'urna (No te acerques a la urna), y Guarda, che bianca luna (Mira, qué luna blanca), ambas canzoni sobre poemas de Jacopo Vittorelli, así como Da quel sembiante apprèsi (De aquel semblante aprendí) y Mio ben ricordati (Mi bien recordado), estas dos de Pietro Metastasio:

Mio ben ricordati,
Se avvien, ch’io mora:
Quanto quest’ anima
Fedel t’amò.
E se pur amano
Le fredde ceneri:
Nell’ urna ancora
T’adorerò.
Mi bien recordado,
Si ocurre que me muera:
Cuánto es este alma
Te amaba fielmente.
Y si todavía aman
Las frías cenizas
En la urna
Te adoraré.

Antes del intervalo, Robin Neck y Dorina Tchakarova rinden un magnífico homenaje lírico a Francesco Paolo Tosti (el Schubert de Italia) en el 175º aniversario de su nacimiento con tres de sus romanzas: Non t’amo piu (con letra de Carmelo Errico), La mia canzone (con versos de Francesco Cimmino) y L’alba separa dalla luce l’ombra (sobre un poema de Gabriele D'Annunzio). El tenor y su pianista dejan muy claro con la pasión puesta en estas verdaderas joyas, in queste commoventi canzoni, la intensidad del amor. Los textos elegidos por Tosti gustan de tratar temas existenciales. A la seriedad de estas cuestiones su escritura opone una música, si no fútil, al menos elegante, de una elegancia que se podría considerar irrelevante, a menos que se considere un antídoto a los problemas planteados.

La segunda y última parte está dedicada a Gustav Mahler (Urlicht, y Wo die schönen Trompeten blasen, ambas de Des Knaben Wunderhorn; y Um Mitternacht, de las Rückert-Lieder), así como a Benjamin Britten (On this island Op 11, 1. Let the florid music praise!, 2. Now the leaves are falling fast, 3. Seascape, 4. Nocturne, 5. As it is, plenty).

Una monumental intimidad surge aquí como por arte de magia en la sala con el tenor Robin Neck y la pianista Doriana Tchakarova. Es magnífico el despliegue de energía y lirismo arrebatador en Urlicht (retirada por Mahler de la colección para incluirla en su Sinfonía nº 2), y en Wo die Schönen Trompeten blasen (Un soldado visita a su novia y luego se va a la guerra).

Este cántico yuxtapone las características de una sentida canción de amor y la música militar. Al final, el soldado intenta consolarse con una idea romántica del servicio militar ("las bellas trompetas"). La interpretación es lo suficientemente exigente como para alcanzar en esta velada la nota dramática de la exuberancia y mantenerla. El despliegue es especialmente pomposo en Um Mitternacht.

Íntegramente dedicado a los Lieder, el programa no incluye ningún aria de ópera, pero sin embargo se asemeja a una velada operística de alto octanaje. Una de las razones es la presencia de Robin Neck, un maravilloso tenor y principal atracción del recital. Formado en la Escuela Superior de Música y Artes Escénicas de Stuttgart, este joven cantante rezuma potencial como para llegar muy lejos y no solo por su calidad vocal, seductora, de gran fuerza, flexible y cálida.

Neck da la impresión de ser un actor desinhibido con una capacidad fascinante para llegar al núcleo de un texto y encarnarlo con todo su corazón. Sabe cómo hipnotizar a su público, y este recital tan bien elaborado, junto con la pianista Doriana Tchakarova, se prestó muy bien a su causa. Lo que realmente unió todo fue la intensidad y energía que Neck aportó a cada pieza, igualada por la de Tchakarova.

Verbigracia, bajo su agudo enfoque, el sombrío y breve “Nocturno“, de On this Island, op 11 de Britten resuena mucho más allá de sus tres minutos de duración. Pero, en todas las canciones de este ciclo (1. Let the florid music praise!, 2. Now the leaves are falling fast, 3. Seascape, 4. Nocturne, y 5. As it is, plenty) cada palabra es acariciada con cariño, cada idea musical es fresca, vital, de gran elocuencia y con muy buena llegada lírica al receptivo público. Aplausos y ovaciones al final de la velada.

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