Italia

Redescubriendo a ‘Cecilia’ de Refice

Gustavo Gabriel Otero
viernes, 11 de febrero de 2022
Cecilia, tercer acto © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari Cecilia, tercer acto © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari
Cagliari, viernes, 4 de febrero de 2022. Teatro Lírico de Cagliari. Licinio Refice: Cecilia. Acción sacra en 3 episodios. Libreto de Emidio Mucci. Leo Muscato, dirección escénica. Andrea Belli, escenografía. Margherita Baldoni vestuario. Luca Attilii, vídeo. Alessandro Verazzi, iluminación. Martina Serafín (Cecilia), Antonello Palombi (Valeriano), Roberto Frontali (Tiburzio y Amachio), Elena Schirru, (Ángel de Dios), Giuseppina Piunti (una vieja ciega), Alessandro Spina (el Obispo Urbano), Christian Collia (un liberto y un neófito), Patrizio La Placa (un esclavo). Coro del Teatro Lírico de Cagliari. Director del Coro: Giovanni Andreoli. Orquesta del Teatro Lírico de Cagliari. Director musical: Giuseppe Grazioli.
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Si hay algo que caracteriza al bello, moderno y cómodo Teatro Lírico de Cagliari es la costumbre de presentar en sus temporadas alguna obra rara, poco representada o casi olvidada de finales del ochocientos o principios del novecientos. Así han pasado por su escenario obras tales como Die Feen de Wagner, Die ägyptische Helena de Richard Strauss, Euryanthe de Weber, Oprichnik de Chaicovsqui, Cherubin de Massenet, Turandot de Busoni, La bella dormente del bosco y La campana sommersa de Respighi, Hans Heiling de Heinrich Marschner, Lo schiavo de Antonio Carlos Gomes, Palla de’Mozzi de Gino Marinuzzi o Le Villi de Puccini. El redescubrimiento incluye, a algunas oportunidades, una grabación en DVD que en algunos casos es el primer registro comercial de la obra.

Para inaugurar la Temporada 2022 se recurrió a la ‘acción sacra en 3 episodios y 4 cuatros’ Cecilia del sacerdote y músico Licinio Refice (Patrica, Italia, 1883 - Río de Janeiro, Brasil, 1954) que se programó en carácter de estreno local y primera representación contemporánea en Italia.

La obra fue terminada por el autor en 1922 -o sea que estamos ante el centenario de su composición- aunque diversas trabas de orden administrativo eclesial demoraron su estreno hasta el 15 de febrero de 1934 en la Ópera de Roma. Antes del fallecimiento de Licinio Refice -en medio de los ensayos de una puesta precisamente de Cecilia con Renata Tebaldi en Río de Janeiro- la obra alcanzó las 100 representaciones para, luego, desaparecer del repertorio.

Cecilia, primer acto. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.Cecilia, primer acto. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.

La carrera internacional de Cecilia se debió al protagónico de Claudia Muzio, creadora del rol, que la interpretó en su estreno en Roma y posteriormente en Buenos Aires, Montevideo, Piacenza, nuevamente en Roma, en Río de Janeiro y en San Pablo. Además de su ligamen con la Muzio la obra fue abordada, hasta la mitad de la década de 1950, por importantes sopranos de cada momento, así la cantaron Augusta Oltrabella, Clara Petrella, Maria Amelia Duarte de Almeida, Elena Rizzieri, María Pedrini y Renata Tebaldi.

En 1976 Renata Scotto la rescata del olvido en una versión de concierto ofrecida en Nueva York.

Ya en el siglo XXI la podemos encontrar en dos producciones: en 2008 en el Teatro Avenida de Buenos Aires en versión escénica con el protagónico de Adelaida Negri y en versión de concierto en 2013 en Montecarlo con el protagónico de Denia Mazzola Gavazzeni.

A este corto listado se le agregan, desde febrero de 2022, las sopranos Martina Serafín y Marta Mari.

Martina Serafín en la escena final de Cecilia. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.Martina Serafín en la escena final de Cecilia. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.

La vuelta a la vida de Cecilia es difícil de profetizar. La única representación en Buenos Aires de 2008 fue más encomiable por el esfuerzo realizado que por la calidad de la versión y la opción en concierto de Montecarlo en 2013 no parece haber despertado grandes simpatías a pesar de la grabación comercial de un sello prestigioso como Bongiavanni. Quizás la alta calidad de la vuelta a la escena del teatro de la Cerdeña -que seguramente se prolongará en una versión comercial en DVD- pueda ayudar a redescubrir una obra si se quiere menor, pero que tiene indudable interés musical a pesar de la debilidad del libreto, dramaturgicamente inerte y sin continuidad en lo que son sólo tres frescos evocativos de la vida de santa Cecilia. Libreto de Emidio Mucci repleto de frases pomposas y de alguna retórica catequística, que denota en casi todo momento su vetustez y su estilo dannunziano de segundo orden. Con todo, la intención de los autores fue hagiográfica y la presencia de la ópera dentro de los actos culturales conexos a los Congresos Eucarísticos Internacionales de 1934 en Buenos Aires y de 1952 en Barcelona atestiguan su impronta religiosa; y quizás la obra debe buscar otros horizontes por fuera de los teatros líricos.

La versión

El Teatro Lírico de Cagliari ofreció, como ya adelantamos, una versión de alta calidad.

El maestro Guiseppe Grazioli resaltó los méritos sinfónicos de la partitura sin descuidar el adecuado balance entre el foso y la orquesta. Ya que no hay demasiada unidad dramatúrgica la unidad se consiguió por medio de la versión musical de primer orden que concertó el maestro Grazioli buscando destacar la paleta tímbrica, la suntuosa orquestación, el moderado lirismo y la potencia coral de la obra. La Orquesta del Teatro Lírico de Cagliari lo siguió con perfección y sin fallos con refinada elegancia en los momentos necesarios y con potencia en los pasajes que lo requerían.

Puntal de una obra que es más un oratorio religioso que una ópera fue el Coro del Lírico de Cagliari que dirige Giovanni Andreoli. Las intervenciones corales se encuentran en toda la partitura y el Coro -mascarillas mediantes- las resuelve con propiedad y excelencia.

La versión visual resultó de gran belleza plástica en una obra estática y difícil de actualizar o hacer teatralmente creíble. Leo Muscato movió a los solistas y al coro con propiedad dentro de las limitaciones de la obra y del necesario distanciamiento por la pandemia.

Cecilia, segundo cuadro del tercer acto. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.Cecilia, segundo cuadro del tercer acto. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.

El planteo escenográfico de Andrea Belli es simple y funcional: un muro color blanco semicircular de altura creciente que permite delimitar dos alturas: el inferior, donde se desarrollará la mayor parte de las escenas, y el superior, un lugar de procesión nocturna y del bautismo de Valeriano. Unos pocos elementos se adicionan: solo una cama con lana blanca al final del primer acto; una escalera de madera y un árbol seco de ramas retorcidas para la escena de las catacumbas, y rampa escalonada similar a una duna de arena que une los dos niveles en el tercer acto.

El vestuario de Margherita Baldoni evoca la iconografía de las grandes películas de mitad del siglo pasado sobre Roma con una factura de primer nivel. Con los romanos en blanco y rojo, los patricios con corazas de cuero, el obispo con túnica y tocados con sabor oriental, los esclavos en tonos de gris claro y los cristianos de blanco.

Las luces de Alessandro Verazzi dieron realce y calidad a la visión escénica con la utilización de diversos colores que fueron desde el amarillo cálido a un blanco imponente o el anochecer en el primer acto o los rayos del sol al amanecer. La conjunción de la iluminación con las proyecciones de vídeo de Luca Attilii consiguieron las escenas de más alto impacto que fueron las tres apariciones del Ángel, suspendido como en el cielo, entre nubes y resplandores de luz.

También hubo proyecciones para resaltar algunas escenas y así se sucedieron trigo sacudido por el viento, agua en movimiento, brasas ardientes, nieve y pétalos de rosas; para finalizar con diversas obras de arte que representan a Santa Cecilia algunas de ellas conservadas en la Catedral de Cagliari dedicada precisamente a la santa.

Martina Serafín y Antonello Palombi. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.Martina Serafín y Antonello Palombi. © 2022 by Teatro Lírico de Cagliari.

La soprano Martina Serafín fue una Cecilia de primer nivel, su carrera dedicada últimamente al repertorio más exigente como Abigaille, Turandot, Brunilda, Isolda, Tosca, la Mariscala, Maddalena, Siglinda o Elsa no ha hecho gran mella en su órgano vocal. Demostró un fraseo inteligente, sólidos agudos, notable proyección y seguridad interpretativa en este rol difícil y desconocido.

A su lado no desentonó el Valeriano de Antonello Palombi. Gran volumen, agudos de acero, bello color y perfecta dicción fueron su marca en la versión. Quizás fuera necesario un poco de sutileza y gradaciones en el canto.

Un verdadero lujo el veterano Roberto Frontali en doble rol. Tuburzio, el hermano de Valeriano y Amachio, el prefecto de Roma que condena a muerte a Cecilia. Frontali fue sólido y ajustado en todo momento y supo diferenciar adecuadamente los distintos caracteres de los dos personajes que interpretó tanto en lo vocal como en lo gestual.

Elena Schirru fue una Ángel de voz cristalina y excelente proyección con el plus de interpretar uno de los momentos más exquisitos de la obra ‘El Anuncio’ que precede al primer episodio.

Alessandro Spina como el Obispo Urbano aportó voz potente y bien timbrada, otorgando la solemnidad que requiere el personaje; mientras que dio realce a la vieja ciega la mezzo Giuseppina Piunti.

Bien servidos los roles menores confiados a Christian Collia (un liberto y un neófito) y Patrizio La Placa (un esclavo).

En suma: Una versión que permite redescubrir acabadamente la Cecilia de Refice, sin saber si volverá a la vida o a una nueva etapa de silencio.

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