Obituario

Crumb, un nostálgico conservador de sonidos olvidados

Florian Vlashi
miércoles, 16 de febrero de 2022
Georg Crumb © 2019 by Emma Lee/WHYY Georg Crumb © 2019 by Emma Lee/WHYY
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El 24 de octubre de 1929 fue jueves. Ese día ha entrado en la historia como “Jueves Negro”; es el inicio de la peor crisis financiera del siglo XX y comienzo de la Gran Depresión. Aquel mismo día, a 855 km al suroeste de Wall Street, entre los impresionantes ecos del río en las colinas de Charleston (Virginia Occidental), nace Georg Henry Crumb. El hijo del matrimonio del clarinetista George Crumb y la violonchelista Vivian Reed, se convertiría en uno de los más grandes compositores del siglo XX. Como un capricho del destino o una misteriosa ecuación de las estrellas, aquel “Jueves Negro” se transforma en oro para la historia de la música contemporánea con la llegada de Gran Crumb. (Si “crumb” se traduce en castellano como “miga”, sería sin duda una “miga cósmica”).

Empieza desde muy joven la composición musical “al estilo Mozart”. Sigue los estudios en la Mason College of Music and Fine Arts, luego en la University of Illinois, Michigan, más tarde en la Berlin Hochschule für Musik y obtiene el doctorado en Michigan en 1957. Trabajó como profesor en la Colorado University (1959-1964) y en la University of Pennsylvania, de 1965 hasta 1997, año de su jubilación.

Entre sus numerosos premios, destaca el Premio Pulitzer de Música en 1968 por su pieza orquestal Echoes of Time and the River (Ecos de Tiempo y el Rio) y el Premio Grammy a la Mejor Composición Contemporánea en el 2000 por su Star-Child (Niño Estrella).

Sin embargo, sus obras maestras más reconocidas son Black Angels (1970), Ancient Voices of Chilldren (1970) basada en la poesía de Lorca, Vox Balaenae (1972) y Macrocosmos (1972).

Crumb vivió en una época cuando Estados Unidos estaba dividido entre varios estilos musicales: el neoclasicismo de Stravinsky, el serialismo de Schoenberg, el Jazz, etc. Pero Crumb veía la música más allá de un estilo musical, escuela o corriente en concreto. Él adoraba a Schubert, el romanticismo de Chopin, Schumann y Brahms, la maestría de la orquestación de Bartók, la filosofía musical de Webern, los colores exóticos de Debussy, la polirritmia de Stravinsky. La música para él no tenía limitaciones o restricciones de estilos. Para Crumb toda la música tiene una misión: la expresión humana. Por eso, su creación es una síntesis de estilos mezclados con la numerología, astrología, misticismo, simbología, colores y teatro musical creando su propio estilo, su propia voz. Exploró así nuevas sonoridades, inauditas y sorprendentes como un alquimista de timbres. Como él dijo en una entrevista en 2019 Me gustan los sonidos que parecen suspendidos en el aire, que no se sabe de dónde vienen.

Crumb, un aventurero explorador de sonidos nuevos.

También decía que creció en una ciudad atravesada por un río donde las colinas alrededor enviaban una permanente actividad sonora. Siempre pensé que los ecos manifestados en mi música venían de lo que escuché allí abajo.

Crumb, un nostálgico conservador de sonidos olvidados

Un domingo de junio de 2007, en una sala oscurecida del Museo de Belas Artes de A Coruña, el Grupo Instrumental Siglo XX - integrado por Florian Vlashi, Caroline Bournaud, Wladimir Rosinskij y Ruslana Prokopenko - toca el emblemático cuarteto Black Angels. Es todo un acontecimiento musical por ser la primera vez que un grupo español toca esta cumbre de la música contemporánea para cuarteto, siendo una obra de una dificultad extrema. El mismo grupo presentó la obra en muchos conciertos didácticos y en la Bienale Netët e Muzikës Klasike, Durrës (Albania) 2013 en el concierto “Música & Matemáticas”. Su video en Youtube tiene actualmente 64.300 visitas.

Georg Crumb, «Black Angels», nº 7, Threnody. © 1970 by Edition Peters.Georg Crumb, «Black Angels», nº 7, Threnody. © 1970 by Edition Peters.

Solamente mirando la partitura, da la sensación de estar delante de un cuadro de Kandinsky por su belleza abstracta. En ella pone in tempori beli junto la fecha viernes 13 de marzo 1970. Inspirada en la guerra de Vietnam está escrita para cuatro instrumentos eléctricos y un sinfín de sonidos incluyendo percusión, gritos, silbidos, susurros, copas de cristal, posiciones del instrumento al revés, etc. Todo esto para crear un alucinante y misterioso paisaje sonoro, la irrealidad y el horror de la guerra. Por la fuerza de expresión se podría comparar con el Guernica de Picasso.

En la partitura se ve muy claro que todo esto es un viaje del alma en sus tres fases: Partida (pérdida de la gracia), Ausencia (aniquilación espiritual), Retorno (redención), una nota de esperanza. Los Ángeles Negros es una parábola de nuestro tiempo. Están en todas partes, invisibles, silenciosos, dentro de lo más profundo del ser humano. Y un día puedes despertar, como Gregorio Samsa de Kafka, dominado por ellos, sea en un pueblo de Vietnam, en la frontera de Ucrania o en una estación de tren de Madrid un jueves de marzo de 2004.

Crumb murió el domingo pasado, el 6 de febrero, en su casa en Media, Pensilvania a la edad de 92 años acompañado de su mujer Elizabeth Brown, 72 años casados, sus hijos David, también compositor y Peter. Su hija Ann había fallecido tres años antes en la misma casa.

¿Cuáles han sido sus últimas imágenes que ha visto cerrando los ojos?; quizá su madre tocando el violonchelo o su padre acompañando las películas mudas. Tampoco sé cuáles han sido sus últimas palabras, ni las últimas que oyó. Quiero creer que eran los versos de Lorca al final de su Ancient Voice, versos que tanto le impresionaron:

¿Te vas lejos, muy lejos del mar y de la tierra?/…yo me iré muy lejos…cerca de las estrellas, para pedirle a Cristo Señor que me devuelva mi alma antigua de niño.

Y los ecos del río Kanawha, en las colinas de su infancia, seguirán llegando hasta nosotros… para siempre.

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