Reino Unido

Una Theodora indómita

Agustín Blanco Bazán
viernes, 18 de febrero de 2022
Bullock y Orlinski en 'Theodora' © 2022 by Camilla Greenwell Bullock y Orlinski en 'Theodora' © 2022 by Camilla Greenwell
Londres, viernes, 4 de febrero de 2022. Royal Opera House (ROH) en el Covent Garden. Theodora, dramatización escénica del oratorio en tres actos con libreto de Thomas Morell y música de Georg Friedrich Händel. Regie: Katie Mitchell. Vestuarios: Chloe Lamford. Iluminación: James Farncombe. Theodora: Julia Bullock. Irene: Joyce DiDonato. Didymus: Jakub Józef Orlinski. Septimius: Ed Lyon. Valens: Gyula Orendt. Marcus: Thando Mjandana. Coros y orquesta de la ROH bajo la dirección de Harry Bicket. Coproducción con el Teatro Real de Madrid.
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La producción escénica de Theodora que acaba de estrenarse en el Covent Garden fue anticipada por una advertencia boba: tan zafias eran las escenas de degradación sexual contenidas en la producción que el teatro había debido contratar una “coordinadora de intimidades” (intimacy coordinator) destinada a impedir que alguien se propasara en las escenas de sexo durante los ensayos. “Una decisión histórica”, comentó Katie Mitchell, una excelente directora de escena a quién la prensa se empeña en encerrar en una versión de feminismo bastante pueril.  No es mi caso, porque pienso que Mitchell sería también capaz de escenificar un buen Billy Budd. Queda por ver si los teatros de ópera la contratarían para esta obra exclusivamente de hombres porque ella misma parece haberse encasillado demasiado en la ideología que se empecina en proclamar.  

Después del estreno los medios locales se llenaron de comentarios risueños sobre la frustrada anticipación de una audiencia que, preparada para ver cosas tremendas, se desilusionó con algo para ellos tibiecito. Después de todo, el de ópera es un público acostumbrado a ver escenas como las de una Gilda violada asomando agonizante de una bolsa.  O, en la puesta de la misma Mitchell para Lucia di Lamermoor, una protagonista torturando y finalmente degollando a su marido Arturo en la cama nupcial. ¡Así se venga Mitchell de los machos impuestos por casamientos de conveniencia!  

Julia Bullock en 'Theodora' de Haendel. Dirección escénica, Katie Mitchell. Dirección musical, Harry Bicket. Londres, Royal Opera House, febrero de 2022. © 2022 by Camilla Greenwell.Julia Bullock en 'Theodora' de Haendel. Dirección escénica, Katie Mitchell. Dirección musical, Harry Bicket. Londres, Royal Opera House, febrero de 2022. © 2022 by Camilla Greenwell.

Pero nada es pueril en esta Theodora, novedosa por sus perceptivas observaciones como, por ejemplo, el hecho que mientras Valens está decidido a matar a quienes se rehúsen a participar en sacrificios festivos a Jupiter, a Theodora le reserva el castigo de mandarla como prostituta al templo de Venus: para los machos, la pena de muerte; para ellas, un elemento de degradación inspirado por una cultura de abuso sexual y sometimiento de aquellos contra estas.  ¡Y bienvenida sea Mitchell por presentar una Theodora combativa, antes que sumisa al sufrimiento! En esta versión, Valens es un embajador fascista de la época de Mussolini cuya sede diplomática es una caja de sorpresas: al costado izquierdo de su sala de recepción se ha instalado un prostíbulo en rabioso terciopelo rojo mientras que en la cocina del lado derecho Theodora, Irene y toda una servidumbre cristiana no dejan de conspirar para destruir la embajada de una vez por todas. 

La regie de personas es intensa, impecable y en estricta sincronización con la música hasta el punto de mover a los personajes en cámara lenta durante algunos largos o larguetos. Es imposible distraerse en esta admirable trama de crimen y suspenso, y también reconfortante por su sentido de rebeldía y audacia.  

'Theodora' de Haendel. Dirección escénica, Katie Mitchell. Dirección musical, Harry Bicket. Londres, Royal Opera House, febrero de 2022. © 2022 by Camilla Greenwell.'Theodora' de Haendel. Dirección escénica, Katie Mitchell. Dirección musical, Harry Bicket. Londres, Royal Opera House, febrero de 2022. © 2022 by Camilla Greenwell.

Pero ha llegado el momento de aludir a la otra gran Theodora inglesa, la que en 1996 congregó en Glyndebourne un reparto estelar bajo la dirección escénica de Peter Sellars. En ella un cuadro escénico abstracto y minimalista contrastaba con personajes contemporáneos, mas precisamente estadounidenses, encabezados por un Valens fácilmente identificable como el presidente de los Estados Unidos de América al frente de esbirros en tropa de combate y frente a cristianos identificables como marginados en lucha por su libertad y sus creencias. Particularmente inolvidable era ese final en que la sentencia a muerte para Theodora y Didymus era ejecutada por inyección letal. Sellars, ayudado por el cuadro escénico abstracto, lograba una épica que el affaire de cocina, salón y prostíbulo de Mitchell no tiene. De cualquier manera es comprensible que, ante el peso del antecedente de Sellars, esta nueva versión haya sido concebida como algo radicalmente distinto. 

A la estoica protagonista de Sellars, Mitchell opone una Theodora indómita, una verdadera guerrillera empeñada en protestar y resistir hasta un final que en un giro contra la narrativa de Händel y su libretista, la consagrarán como triunfadora en esta tierra y no en el cielo. Julia Bullock la interpreta con voz fresca y incisiva proyección de fraseo. Con un vibrato ahora mas notorio que años atrás Joyce DiDonato no alcanza a borrar el recuerdo de la Irene de Lorraine Hunt. Pero Hunt era un milagro. Lo cual no quiere decir que DiDonato no haya logrado imponerse como la gran cantante que es gracias a su timbre cálido, su precisión de coloratura y su proverbial asertividad escénica. 

Gyula Orendt y Ed Lyon en 'Theodora' de Haendel. Dirección escénica, Katie Mitchell. Dirección musical, Harry Bicket. Londres, Royal Opera House, febrero de 2022. © 2022 by Camilla Greenwell.Gyula Orendt y Ed Lyon en 'Theodora' de Haendel. Dirección escénica, Katie Mitchell. Dirección musical, Harry Bicket. Londres, Royal Opera House, febrero de 2022. © 2022 by Camilla Greenwell.

Jakub Orlinski, un contratenor de moda, me sorprendió con defectos que no esperaba en él: emisión engolada, dinámicas afeadas por algunas estridencias poco controladas y una afinación a veces calada. No estuvo mal, pero fue simplemente un contratenor mas, correcto, pero no al nivel superlativo que muchos aseguran ver en él. Excelentemente timbrado el fraseo y la coloratura del  Septimius de Ed Lyon, y superlativo también Gyula Orendt como un Valens vocalmente expansivo. 

Y excelente también por su expresividad y refinamiento la dirección de Harry Bicket al frente de la profesionalísima orquesta de la casa. En ningún momento la parsimonia en la exploración de detalle naufragó en la pesadez retórica. Por el contrario, hubo en el comentario orquestal una vitalidad similar a la apasionada lucha instruida por Mitchell de dos mujeres contra un destino tan machazo como cruel. 

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