España - Andalucía

Bodas de sangre y jazmín

Emilia Patier

jueves, 29 de agosto de 2002
Granada, viernes, 16 de agosto de 2002. Jardines del Generalife. Flamenco: coreografía de Alejandro Granados, Rafael Campallo e Isabel Bayón. Bodas de Sangre, de F. García Lorca. Dirección, coreografía e iluminación, Antonio Gades. Adaptación para ballet de Alfredo Mañas. Espacio escénico y trajes de Francisco Nieva. Música original de Emilio de Diego, y 'Ay mi sombrero' de Perelló y Monreal. Ana María Moya (La novia), Miguel Ángel Corbacho (Leonardo), Raúl Gómez (El novio), Úrsula López (La mujer) y Ana María Bueno (La madre). Compañía Andaluza de Danza. Director Artístico: José Antonio. Ocupación: 100%.
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Las noches perfumadas del Generalife han presentado un lleno absoluto jornada tras jornada. Las actuaciones de la Compañía Andaluza de Danza han tenido un éxito rotundo que ni los mismos organizadores parecen asimilar fácilmente. ¿La razón? El magnífico trabajo presentado por los bailarines que sabiamente dirige José Antonio y la elección de una obra emblemática de la danza de este siglo.Antonio Gades creó sus Bodas de Sangre en 1974, basándose en el libro original de García Lorca y con ello marcó un hito en la teatralización de la danza española. Posteriormente a su estreno en teatro, y a la realización de la película que de la mano de Carlos Saura daría la vuelta al mundo, el ballet ha sido puesto sobre la escena por multitud de compañías. Han pasado los años, las corrientes estéticas que gobiernan la escena española ha cambiado mucho, pero la pequeña gran obra de Gades se mantiene cada día más vigente.Abría la noche un breve flamenco que, a pesar de toda la buena intención que encerraba, pasaba totalmente desapercibido a medida que transcurría la velada, pero que servía – además de para rellenar el programa – para caldear el ambiente y preparar al público antes de enfrentarse con el drama lorquiano.Tres partes, coreografiadas por Alejandro Granados – la caña – Rafael Campallo – las bulerías – e Isabel Bayón – los tangos – mostraban la mejor baza que sabe jugar esta compañía: el flamenco personalizado en cada intérprete, y Rosa Belmonte en su bata de cola lo demostró como nadie.Tras la breve pausa que apenas dejaba tiempo a los bailarines a cambiarse de ropa, rompían la noche granadina la música de Emilio de Diego y la espesura de Lorca. Gades prescinde de algunos elementos de la obra teatral, en lo que hay que celebrar la adaptación de Alfredo Mañas, que evita todo lo innecesario y potencia lo más exhuberante del drama; los dos clanes familiares quedan desdibujados ante la tempestuosidad de los protagonistas y la inexorabilidad de su pasión desbordante y sufrida. Por eso, el mayor peso de la obra lo llevan la ‘madre’, la ‘novia’, el ‘novio’, la ‘mujer’ y ‘Leonardo’ – el único con nombre propio en el drama – mientras que el resto de los intérpretes se convierten, casi, en espectadores con derecho a espacio en la escena (excepto en la boda, sobre todo, enmarcada por la alegría desbordante de los invitados, que acarrean sobre sus hombros la transición hasta el presagiado drama).Los jóvenes integrantes de la Compañía Andaluza de Danza han tenido una oportunidad de oro al trabajar con Antonio Gades y la han sabido aprovechar; en un mes de ensayos con el coreógrafo han dado el máximo de sus posibilidades técnicas e interpretativas, y ofrecen una cuidadísima y respetable ejecución. De los protagonistas, Úrsula López como la ‘mujer’, es la que se lleva el gato al agua en peso, saber estar, y técnica, teniendo además un físico perfecto a la amargura del personaje. Ana María Moya - la ‘novia’ - , justa en presencia e interpretación de la compleja protagonista, está sobrada en tablas y domina la situación, pero acaso se quede un grado corta en las transiciones emocionales. Y si bien Raúl Gómez, ‘novio’ rescatado de las oficinas de la compañía, cumple en prestancia y temperamento, la réplica de Miguel Ángel Corbacho como ‘Leonardo’ queda algo desdibujada; tal vez sea la referencia tan aplastante que nos queda a todos del coreógrafo en el papel, pero resulta complicado encontrar a quien lo reemplace.La obra en sí es tan redonda y completa que se disfruta de principio a fin, rapta el ojo del espectador con la permanente estética pictórica que Gades emplea (la imagen fija de la boda y sobre todo la cámara lenta, usada por vez primera en la pelea final, son ya elementos históricos en coreografía), y con una cuidadísima creación musical de Emilio de Diego, con las voces de José Mercé y Gómez de Jerez, la eterna nana de Pepa Flores y el sombrero de Pepe Blanco, engloba la totalidad de tan compleja muestra escénica. Una obra de arte.

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