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Ucrania

IV. China y la guerra en Ucrania

Juan Carlos Tellechea
viernes, 18 de marzo de 2022
Yang Jiechi © 2020 by Wikipedia Yang Jiechi © 2020 by Wikipedia
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Más allá de que se alcance o no un arreglo político que ponga fin a la bárbara y genocida agresión de Rusia contra Ucrania, en estos días los analistas se preguntan además ¿qué quiere China? O más concretamente: ¿Qué hace actualmente China, el aliado más importante de Rusia, en el conflicto de Ucrania? Este es el tema de discusión ahora, más en Washington que en Europa. Los expertos aún no están completamente de acuerdo en la cuestión.

“La guerra de Rusia en Ucrania hace improbable, por el momento, la firma de nuevos tratados de control de armas con Moscú, afirman los politólogos Jonas Schneider y Oliver Thränert, de la Fundación Ciencia y Política (Stiftung Wissenschaft und Politik, SWP), el gabinete estratégico que asesora al gobierno y al parlamento de Alemania. 

“Sin embargo, a mediano plazo, el interés por los acuerdos para contener el arsenal nuclear ruso volverá a aumentar“, agregan. “A diferencia de la década de 1980, las negociaciones sobre nuevos tratados nucleares fracasarían si se mantuviera al margen China, que se ha convertido en un rival mundial clave para Estados Unidos y se está armando cada vez más con armas nucleares. De esto se deduce que no habrá un refuerzo significativo de la seguridad nuclear europea mientras el armamento nuclear de China continúe sin control“, señalan los investigadores en un amplio análisis que acaba de publicar la SWP y que veremos más adelante. 

¿Por sorpresa? 

La posición de China sobre la guerra en Ucrania es intencionadamente vaga. La invasión rusa de Ucrania parece haber cogido a Pekín con el pie cambiado. Durante días, China ha intentado realizar un acto de equilibrio en política exterior entre diferentes objetivos y actores. Esta es la forma que tiene Pekín para amortiguar los riesgos. Pero su credibilidad internacional ya se ha resentido. 

La Casa Blanca está tomando la precaución de advertir que "ciertamente" habrá consecuencias si China ayuda a Rusia a eludir las sanciones impuestas por su invasión de Ucrania, dijo el pasado domingo el asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense Joe Biden, Jake Sullivan, sin entrar en mayores detalles sobre cuáles podrían ser esas consecuencias. 

El funcionario se limitó a decir que los Estados Unidos no se quedarían de brazos cruzados y permitirían que ningún país compensara a Rusia por las pérdidas derivadas de las sanciones económicas internacionales. 

Qué prefiere Pekín 

Washington también quería averiguar si China podía utilizar su influencia sobre el presidente ruso Vladimir Putin para desescalar, o si secretamente prefiere ayudar al líder del Kremlin, ya que una victoria sobre Ucrania debilitaría a Occidente. Moscú y Pekín lo niegan, por supuesto. 

Las conversaciones fueron "intensas", dijo después un funcionario del gobierno estadounidense. Sullivan había expresado la "grave preocupación" de Washington por el acercamiento de China a Moscú. Pero no quiso comentar cómo había reaccionado China a las acusaciones. 

El lunes, Sullivan se reunió durante siete horas con el máximo responsable de la política exterior china, Yang Jiechi, en Roma, según la Casa Blanca, para "mantener abiertos los canales de comunicación" y discutir la situación política mundial tras el ataque de Rusia a Ucrania hace más de tres semanas. 

Dudas sobre la neutralidad de China 

China está pasando por un mal momento con su vecino ruso. Oficialmente, Pekín intenta dar la impresión de que desempeña un papel neutral en el conflicto y que está interesado en una solución pacífica. Sin embargo, es evidente que Washington tiene dudas al respecto, porque ve que Pekín sigue cerrando filas con Rusia, aunque el embajador chino en Estados Unidos. Qin Gang, niegue que su país apoye la guerra. 

En una foto difundida por el propio servicio de prensa del ministerio de Defensa de Rusia, el titular de la cartera, Serguei Shoigu, mostraba en Moscú el martes 23 de noviembre de 2021 su firma bajo una hoja de ruta para la cooperación militar entre Rusia y China durante una videollamada con el ministro de Defensa chino, Wei Fenghe ese mismo día

La prensa estadounidense informaba el domingo pasado, citando a funcionarios del gobierno de Washington, de que Rusia había pedido ayuda militar y económica a China. Sullivan dijo que el gobierno estaba vigilando "estrechamente" hasta qué punto China estaba apoyando a Rusia "material o económicamente". 

En materia de dinero 

Al menos en los bancos de desarrollo, la "amistad" de Pekín y Moscú se está desmoronando. La mayoría de estas instituciones crediticias son apolíticas y evitan tomar partido. Mas en la guerra de Ucrania, este principio ya no se aplica, ni siquiera entre los bancos que están significativamente influenciados por China. 

Jake Sullivan dijo también que suponía que China tenía un conocimiento previo, al menos parcial, de los planes de invasión de Rusia. Moscú y Pekín lo niegan, naturalmente. La Casa Blanca ha acusado a China asimismo de difundir propaganda rusa sobre supuestos laboratorios de armas químicas en Ucrania, respaldados por Estados Unidos. 

La relación es complicada y demanda un acto de equilibrio. Por un lado, Estados Unidos ve a la República Popular China como un rival estratégico que amenaza a sus vecinos con sus ambiciones expansionistas y que impulsa sin contemplaciones su crecimiento económico. Por otro lado, Washington confía en la voluntad de cooperación de Pekín a la hora de afrontar, por ejemplo, el cambio climático, las pandemias y otros retos globales. 

Pekín no quiere hablar de invasión 

La disposición a cooperar también sería muy bienvenida en la guerra de Ucrania. En este caso, Pekín se ha puesto inicialmente del lado de su "aliado estratégico", Moscú, pero al mismo tiempo intenta no perjudicar gravemente las relaciones con Europa y Estados Unidos. El 4 de febrero, Putin y el jefe de Estado chino, Xi Jinping, adoptaron una declaración conjunta en la que se pronunciaron en contra de la expansión de la OTAN hacia el este. El presidente estadounidense Joe Biden y Xi Jinping hablan al respecto hoy viernes en una videoconferencia.

China también se niega a hablar de "invasión" o "guerra" y expresa su comprensión por las preocupaciones de seguridad de Moscú. Por otro lado, dice que respeta la independencia territorial y la soberanía de Ucrania. 

La situación también es complicada desde el punto de vista económico. China es el socio comercial más importante de Rusia. Alrededor del 20% de las exportaciones de petróleo de Rusia se destinan a China, lo que convierte a la República Popular en el mayor comprador. También es el mayor comprador de carbón ruso e importa mucho trigo, madera y otras materias primas. 

China ha condenado en repetidas ocasiones las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania, afirmando que perjudican "la recuperación económica del mundo". Sin embargo, al menos algunas empresas chinas están cumpliendo, por temor a las medidas punitivas de Occidente. 

El látigo o la zanahoria 

“Empuñar el garrote de las sanciones contra las empresas chinas mientras se busca el apoyo y la cooperación de China simplemente no funcionará“, expresó Qin Gang en un artículo de opinión publicado en el periódico Washington Post

“China no apoya la guerra rusa contra Ucrania“, según el embajador chino en Estados Unidos. “Un conflicto entre Rusia y Ucrania no es bueno para China. Las afirmaciones de que China sabía algo, aprobaba o apoyaba tácitamente esta guerra son pura desinformación“, señala Qin Gang. 

Más de 6.000 chinos estaban en Ucrania al momento de comenzar la guerra de agresión rusa. China es el mayor socio comercial tanto de Rusia como de Ucrania y el mayor importador de petróleo y gas del mundo. "Si China hubiera sabido de esta crisis inminente, habríamos hecho todo lo posible por evitarla“, expresó el embajador.  

Los matices

Qin Gang respondía así a los informes de los servicios secretos estadounidenses, según los cuales China tenía conocimiento previo de los planes de Rusia y había pedido que la invasión se retrasara hasta después de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín. El embajador también desestimó como "rumores" las informaciones de que Rusia había pedido ayuda militar a China.

Llama la atención que el diplomático, quien fue portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores  en Pekín, empleara la palabra "guerra", mientras que este término, al igual que el de "invasión", se evita en el lenguaje oficial de China.

Cerrando filas con Rusia

Al igual que en Rusia, en China se utiliza el término "operación militar especial". El comentario de Qin Gang también va dirigido a los lectores estadounidenses. En cualquier caso, la censura en China bloquea el acceso en línea al Washington Post.

Hasta ahora, China no ha condenado la invasión y, como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, se ha abstenido de votar. Por lo demás, los dirigentes chinos han seguido mostrando su solidaridad con su "socio estratégico" Rusia, criticando a Estados Unidos como principal causante de la crisis y siguiendo la narrativa rusa. 

El arsenal nuclear chino 

“En los últimos años, los gobiernos europeos y la UE están cada vez más conscientes de que el ascenso político mundial de China -y la respuesta de Estados Unidos a él- plantea múltiples retos para Europa“, prosiguen en su análisis los politólogos Jonas Schneider y Oliver Thränert de la fundación SWP, dependiente del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad. “Hasta ahora, este proceso de aprendizaje se ha centrado en el comercio mundial, los derechos humanos, la protección de datos y los intentos de Pekín de influir en las organizaciones internacionales“, señalan. 

El arsenal nuclear chino, por su parte, apenas ha causado revuelo en las capitales europeas. Es cierto que el armamento nuclear de Pekín plantea principalmente problemas a la política de disuasión estadounidense en Asia. Pero como Estados Unidos también actúa como garante de la seguridad europea y sus armas nucleares desempeñan un papel central en ella, la emergente rivalidad nuclear entre Estados Unidos y China también tiene repercusiones en el orden de seguridad de Europa. 

Rearme acelerado 

Durante décadas, Pekín se ha contentado con un arsenal nuclear relativamente pequeño. Según estimaciones de expertos independientes de la Federación de Científicos de Estados Unidos, China solo poseía unas 200 ojivas en 2008, menos que Francia o Gran Bretaña. En ese momento, China dependía principalmente de los misiles de largo alcance basados en tierra y en silos y de algunos sistemas basados en submarinos como sistemas de lanzamiento. 

Sin embargo, en el período comprendido entre 2009 y 2020, el arsenal chino creció con fuerza. El número de ojivas aumentó a casi 350, según los mismos expertos. De este modo, Pekín cuenta con el tercer arsenal de armas nucleares más grande después de Rusia y Estados Unidos. 

En el curso de este rearme, China también ha ampliado su gama de sistemas vectores nucleares. Esto incluye ahora numerosos misiles móviles con alcance intercontinental y también muchos misiles de medio alcance, algunos de los cuales son tan precisos que dan a Pekín opciones de ataques nucleares limitados incluso contra objetivos militares en movimiento en la región. 

Los misiles desplegados en los submarinos chinos tienen un mayor alcance que antes. Además, China está desarrollando un misil balístico lanzado desde el aire. Una vez operativa, Pekín dispondrá de una "tríada" de fuerzas nucleares modernas basadas en tierra, mar y aire. 

Perspectivas 

El desarrollo nuclear de China parece que se acelerará en los próximos años. En el verano de 2021, investigadores estadounidenses utilizaron imágenes de satélite para identificar un total de alrededor de 300 silos, hasta entonces desconocidos, en construcción en tres lugares del interior de China, aparentemente para misiles balísticos intercontinentales. Hasta ahora, Pekín solo tiene 20 de estos búnkeres de misiles de largo alcance. La construcción de los 300 nuevos silos es, por tanto, posiblemente la mayor expansión en la historia del programa de armas nucleares de China. 

El Departamento de Defensa de Estados Unidos lleva tiempo advirtiendo de este tipo de acontecimientos. Su última previsión, de noviembre de 2021, prevé que el número de armas nucleares chinas aumente hasta 700 en 2027 y al menos 1.000 ojivas en 2030. Estas sombrías predicciones de los militares estadounidenses han sido recibidas con escepticismo durante mucho tiempo. Sin embargo, el hecho de que científicos independientes hayan descubierto los nuevos silos parece respaldar las previsiones. 

Objetivo 

Es posible que China no tenga previsto equipar todos los nuevos silos con misiles. Los silos vacíos también tendrían sentido: los atacantes no sabrían qué bahías están vacías y, por lo tanto, siempre tendrían que incluir todos los búnkeres en su planificación de objetivos, lo que hace que los primeros ataques de desarme sean más complicados en general. 

Pero no es convincente, la objeción de que Pekín no podría (aunque quisiera) llenar los silos al máximo con armas nucleares, porque sus reservas de material fisible de grado armamentístico no serían suficientes para ello. China ya está construyendo reactores e instalaciones que podría utilizar para la producción de material fisible. Razón de más para preguntarse cuál es el objetivo de Pekín al ampliar su arsenal nuclear. 

Intenciones y opciones 

Los expertos discuten los motivos del rearme de China de forma controvertida. La escuela "defensiva" cree que Pekín solo intenta asegurar su capacidad de segundo ataque ampliando sus fuerzas nucleares. La creciente capacidad de Estados Unidos para desafiarla con la ayuda de capacidades ofensivas nucleares o convencionales y su defensa antimisiles está obligando a China a ampliar su potencial nuclear. 

La escuela "ofensiva", por su parte, interpreta la acumulación como un alejamiento de Pekín de su tradicionalmente modesta política nuclear orientada únicamente a la capacidad de represalia. Más bien, las nuevas capacidades de guerra nuclear limitada están vinculadas a la voluntad de utilizar la intimidación y las amenazas para aumentar su influencia en Asia. 

Independientemente de las intenciones que se esconden tras el rearme de China, que en última instancia no pueden determinarse con precisión, las opciones que abre son significativas: incluso si las decisiones de rearme nuclear tuvieron en su momento una motivación puramente defensiva, la opción recién adquirida de utilizar el arsenal mejorado con fines ofensivos puede permitir que madure precisamente esta intención en Pekín. 

Efectos en Europa 

El armamento nuclear de China afecta al orden de seguridad europeo de tres maneras. Todo ello hace que sea urgente que los europeos se comprometan con Pekín en la política de control de armas. 

En primer lugar, el aumento del armamento nuclear chino tiene consecuencias para el control de armas basado en los tratados en su conjunto y, por tanto, para la seguridad europea. Los acuerdos de control de armas entre Estados Unidos y Rusia han sido un pilar del orden de seguridad en Europa durante casi 50 años, y su condición de tratados en virtud del derecho internacional se consideraba el patrón de oro, especialmente por los europeos, debido a su mayor fuerza vinculante. 

Sin embargo, para que estos tratados entren en vigor, deben ser ratificados por una mayoría de dos tercios en el Senado. Los presidentes estadounidenses siempre han tenido dificultades para conseguir esas mayorías bipartidistas. La mayor polarización entre republicanos y demócratas dificulta aún más esta empresa. 

El hecho de que la mayoría de los nuevos sistemas vectores con capacidad nuclear de China hayan entrado en servicio en los últimos 15 años en la banda de alcance que el Tratado INF prohibía a Estados Unidos (y a Rusia) hasta 2019 ha sido durante mucho tiempo una espina clavada en el costado de muchos en Washington y ha contribuido a desacreditar el instrumento de los tratados bilaterales de control de armas en ese país. 

Amargor 

El hecho de que China se esté armando cada vez más con armas nucleares estratégicas al margen de cualquier tratado, mientras que Estados Unidos se está obligando a través del Nuevo Tratado START con Rusia, es resentido amargamente por muchos en el Senado. El Nuevo Tratado START, que el Senado ratificó en 2010, probablemente ya no recibiría una mayoría de dos tercios. 

Mientras Pekín no acepte un límite a su arsenal nuclear, los nuevos tratados de control de armas entre Estados Unidos y Rusia no serán aprobados por el Senado estadounidense, a pesar de que la contención continuada del arsenal ruso tendría claras ventajas para Estados Unidos. Europa se vería especialmente perjudicada por este desvanecimiento del tratado de control de armas con Rusia. 

En segundo lugar, la expansión del arsenal nuclear de China reforzará el alejamiento estratégico de Estados Unidos de Europa que ya ha comenzado. La élite de la política exterior estadounidense ve a China como el principal desafío a la supremacía mundial basada en el ejército de su país. Basándose en esta percepción, el armamento nuclear de Pekín prácticamente obliga a una respuesta de política de defensa. Esto puede expresarse en la expansión de los activos militares convencionales estadounidenses estacionados en Asia y/o en que Washington dirija su disuasión nuclear más hacia China. 

Presupuestos 

Si se destinan más recursos estadounidenses a Asia (y los recursos estadounidenses son limitados en general), habrá una menor proporción de recursos estadounidenses disponibles para Europa. Esto afectaría al material militar -especialmente a los "activos" de alta tecnología (como los medios de reconocimiento, los bombarderos furtivos o los submarinos) que escasean incluso en el ejército estadounidense-, así como a la orientación nuclear del Pentágono hacia Rusia. 

Esto afecta directamente a Europa porque una rivalidad más aguda entre Estados Unidos y China también aumenta el riesgo de crisis en Asia: En caso de enfrentamientos militares con China, que ahora son más probables, Estados Unidos ya no tendría la flexibilidad de aumentar rápidamente sus fuerzas en Europa sin debilitar claramente su posición en el Pacífico frente a China. 

Así, si surgieran tensiones en Asia y Europa al mismo tiempo, los aliados europeos de Estados Unidos estarían mucho más abandonados a su suerte. De ahí que sea clave el rearme de Alemania con las más innovativas tecnologías y una más estrecha cooperación con Francia, así como con los demás países de la Unión Europea. 

Dudas 

En tercer lugar, la expansión del arsenal nuclear chino podría alimentar nuevas dudas sobre la fiabilidad de la promesa estadounidense de protección a los aliados. En caso de crisis, Pekín aún no puede estar seguro de que sus fuerzas nucleares estratégicas sean invulnerables a un ataque estadounidense. 

La preocupación de China es que el Pentágono pueda detectar sus pocos misiles de largo alcance que pueden llegar al territorio continental de Estados Unidos y eliminarlos en un ataque de desarme. Si los misiles chinos permanecieran y fueran disparados en represalia, el sistema de defensa antimisiles estadounidense podría interceptarlos. 

Por ello, Pekín sospecha que Washington acabará llevando la voz cantante en cualquier conflicto militar: el llamado "dominio de la escalada". Al alimentar estas preocupaciones chinas, Estados Unidos, con su capacidad estratégica superior, puede disuadir el inicio de la guerra por parte de Pekín desde el principio. 

Convencional versus nuclear 

El dominio de la escalada nuclear por parte de Estados Unidos ha cobrado recientemente más importancia, porque el equilibrio de poder entre Estados Unidos y China en Asia se ha inclinado en términos de armas convencionales, tras los años de rearme de China: Washington ya no puede estar seguro de salir como vencedor de una guerra limitada con la República Popular en la que las armas nucleares no desempeñen ningún papel. Desde este cambio en el ámbito convencional, desde la perspectiva de los aliados asiáticos de Estados Unidos, la fiabilidad de las promesas de Washington de protegerles de China se basa aún más en la superioridad del arsenal nuclear estadounidense sobre el de China. 

Carrera 

Sin embargo, el armamento nuclear de Pekín hace que Estados Unidos pierda este dominio en el sector de las armas nucleares. En el futuro, el arsenal nuclear de China será demasiado grande y sus sistemas de lanzamiento demasiado avanzados como para ser racionalmente vulnerable a los ataques de desarme y defensa de misiles estadounidenses. Con la pérdida del dominio de la escalada por parte de Estados Unidos, su efecto disuasorio sobre China se vería erosionado, al igual que el efecto tranquilizador que la superioridad en esta área tuvo durante décadas sobre los aliados en Asia. 

Pero si Tokio, Taipei, Canberra y Seúl perdieran visiblemente la fe ante el mundo exterior de que Washington les protegería en un conflicto militar con China, esto no quedaría sin consecuencias para la percepción de la fiabilidad de Estados Unidos como potencia protectora en Europa. La preocupación sería: Si los aliados de Asia, tan estratégicamente crucial para Estados Unidos, dudan de la firmeza de Washington en caso de guerra, ¡su fiabilidad en los conflictos del teatro europeo, comparativamente menos importante, no puede estar en buena forma! 

Recomendaciones de actuación 

El nuevo gobierno alemán ha declarado que quiere "integrar a China con más fuerza en el desarme nuclear y el control de armas". Sin embargo, rara vez se refleja que la urgencia de esta integración se basa en que, de lo contrario, los intereses de seguridad europeos también se verán afectados. 

“Berlín debería afrontar el problema: La era de la disuasión mínima china ha terminado. El armamento nuclear de China está cambiando permanentemente las ecuaciones estratégicas en Asia a expensas de los Estados Unidos, lo que tendrá notables repercusiones negativas para la seguridad europea. Esta es la base del interés alemán y europeo en persuadir a Pekín para que participe en el control de armas nucleares“, subrayan Schneider y Thränert, de la Fundación Ciencia y Política. 

Alemania y Europa pueden contribuir sin duda a lograr esta implicación de China. Una política occidental coordinada de control de armas hacia Pekín -en la que Estados Unidos lidere, los socios europeos y los del Pacífico seleccionados (Japón, Corea del Sur y Australia) tengan voz y voto a nivel interno y apoyen la línea acordada a nivel externo- debería tener las mayores posibilidades de éxito.  

Entre estos socios, Berlín debería trabajar para exigir a China que se atenga a los límites de sus sistemas de largo alcance. Para Europa, a diferencia de Japón, por ejemplo, este interés es prioritario. En el diálogo entre la Unión Europea y China y en el proceso de revisión del Tratado de no proliferación de armas nucleares (TNP), Berlín debería instar a Pekín a participar en las negociaciones sobre el control de armas.

En el planteamiento estratégico occidental que sustenta esta demanda, Alemania probablemente tendría que seguir una línea dura: los expertos en China subrayan que Pekín ha respondido históricamente más a los incentivos que a las amenazas. Sin embargo, es una cuestión abierta si esto sigue siendo aplicable bajo Xi Jinping. Pocos en Estados Unidos lo creen: La lógica de generar presión para ceder a través de su propio armamento y "fuerza" conforma la política de control de armas de Estados Unidos hacia sus rivales y, por tanto, también la de Occidente hacia China.

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