España - Madrid

Talento y divismo

Germán García Tomás
viernes, 15 de abril de 2022
Marzena Diakun © 2020 by Łukasz Giza Marzena Diakun © 2020 by Łukasz Giza
Madrid, lunes, 4 de abril de 2022. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. Mercedes Lario (soprano), Ekaterina Antípoda (contralto), Pedro Adarraga (bajo), Javier Comesaña (violín), Istvan Vardai (violonchelo). Orquesta y Coro (Krastin Nastev, director del coro) de la Comunidad de Madrid. Marzena Diakun, dirección. Johann Sebastian Bach: Cantata BWV 214 (¡Sonad timbales! ¡Resonad trompetas!). Johannes Brahms: Doble concierto para violín y violonchelo en la menor op. 102. Piotr Ilich Chaikovski: Sinfonía nº 5 en mi menor op. 64. ORCAM. Ciclo Sinfónico X. Ocupación: 80%
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El presente concierto de temporada de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid podríamos haberlo calificado del más puro repertorio por contener dos páginas románticas en los ámbitos concertante y sinfónico, pero la obra del Setecientos que lo daba inicio, una inusual cantata bachiana en su contexto primigenio, es una nueva muestra de la originalidad y variedad en el diseño de los programas por parte de Marzena Diakun en este primer curso en el que se ha puesto al frente de los conjuntos comunitarios. 

La inclusión por Bach de su Cantata BWV 214 (¡Sonad timbales! ¡Resonad trompetas!), un panegírico escrito para festejar el cumpleaños de la princesa de Sajonia, esposa de Federico Augusto II, como la primera de las seis cantatas que conforman el Oratorio de Navidad, ha orillado esta versión original de la partitura, con su texto revestido de tintes pomposos, nada que ver con la piedad luterana de la Natividad del Señor que pregona la cantata para el 25 de diciembre (¡Alegraos, cantad felices! ¡Alabad este día!), y en la que, como en el resto del ciclo sacro al que pertenece, Bach utiliza el procedimiento compositivo de la parodia tan extendido durante el Barroco. 

El clima festivo del célebre primer coro de esta obra conmemorativa, con las trompetas y timbales del título, resulta así intercambiable tanto para una ocasión mundana como para la venida del Salvador -a lo que, por la mera popularidad del oratorio navideño, estamos mucho más acostumbrados escuchando esta música-, y en ello se afanaron los miembros del coro madrileño, cuya veintena de voces consiguió empastar muy bien con los reducidos efectivos, conducidos sin batuta por la directora polaca, atenta a timbres y obbligatos.

Bien es cierto que la elección de los tres solistas fue sencillamente de circunstancias. La soprano Mercedes Lario con su aflautada voz resultó cumplidora, los graves de la contralto Ekaterina Antípova fueron prácticamente inaudibles en los ornamentos que susurró y el bajo Pedro Adarraga tuvo continuas tiranteces en los virajes al registro superior, sin ser capaz de mantener la afinación durante la ejecución de su aria. Si un director ignora a los cantantes, y Diakun no dirigió la mirada a ninguno de ellos durante sus intervenciones, es posible que el resultado haga aguas si no nos hallamos ante voces de categoría. Una lástima. 

Menos mal que el coro volvió a salvar la interpretación con su postrera intervención. Aquí nos encontrábamos ante una cantata de bolsillo, pues sin razón aparente se nos ofreció sin los recitativos previamente mecanografiados en el programa de mano. Es adecuado el propósito de querer descubrir una pieza profana del Kantor que tanta conexión tiene no obstante con lo religioso, aunque vistos los mimbres solistas presentados no queremos imaginarnos el resultado de una obra más extensa, como un oratorio o una pasión.

El salto al Romanticismo alemán llegó de la mano de dos jóvenes solistas instrumentales, el violinista sevillano Javier Comesaña (Alcalá de Guadaira, 1999) y el violonchelista húngaro Istvan Vardai (Pécs, 1985), que brindaron una muy digna versión del Doble concierto brahmsiano. La mayor experiencia del segundo le hizo desplegar fantasía y musicalidad en la cálida sonoridad de su instrumento desde su magnífico solo inicial, tras el breve tutti orquestal, pero la prestación del aún más bisoño instrumentista de violín no se quedó atrás ni le faltó refinamiento, pues las dos cuerdas alcanzaron la categoría de iguales, siendo capaces ambos de crear instantes de auténtica música de cámara. Ante la madurez interpretativa de Comesaña es grato comprobar una vez más la gran cantera de solistas que tenemos en España y su elevado talento musical. 

Fue esta una lectura de un Brahms camerístico, libre de asperezas y estridencias, con un medido virtuosismo y una capacidad irresistible para la ensoñación, como bien demostró el íntimo clima que consiguieron crear en el Andante. Diakun hizo resaltar lo sinfónico de una partitura concertante que juega en esas dos bandas, pero dejó respirar a los solistas, quienes al finalizar su interpretación regalaron una miniatura en pizzicato de Jean Sibelius.

Como colofón del concierto, Diakun quiso mostrar el músculo de su orquesta con una Quinta de Chaikovski dirigida sin partitura, que huyó en todo momento de lo edulcorado pero reforzó el plano efectista y grandilocuente de la partitura, con exceso de volumen y brusquedad en el ataque de los metales hasta el punto de acaparar el discurso. Faltó recrear esa inconfundible melancolía del ruso en el primer movimiento, llegar más hondo en el drama interior de esas notas, que dejaron una impresión de cierto vacío, pues se restó calado al componente expresivo, el cual logró aflorar sin embargo en el 'Andante cantabile con alcuna licenza', con una excelente prestación de la trompista en su primer solo, movimiento cargado de la suficiente emoción y con clímax bien preparados. Fue poco enfatizado el tempo de vals y condujo a una gran galopada el 'Finale'. 

Volvimos a comprobar que la directora polaca gusta de adoptar gestos en el podio que se antojan en extremo exagerados y que denotan cierto divismo, pero parecen ser su seña de identidad en partituras de tal enjundia dramática, dando, eso sí, siempre entradas sumamente precisas. Seguiremos analizando su carismática presencia, que tras el concierto sabe agradecer amplia y generosamente el trabajo de todo su equipo. 

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