Alemania

Las siete últimas palabras de Jesús en la cruz

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 20 de abril de 2022
Quatuor Hermes © 2019 by Lyodoh Kaneko Quatuor Hermes © 2019 by Lyodoh Kaneko
Neuss am Rhein, martes, 22 de marzo de 2022. Gran sala auditorio de la Zeughaus (armería) de Neuss am Rhein. Quatuour Hermès: Omer Bouchez (violín), Elise Liu (violín), Lou Yung-Hsin Chang (viola), Ya Levionnois (violonchelo). Joseph Haydn, Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze (Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la cruz), en la versión del compositor para cuarteto de cuerda Hob. XX/1:B. 90 % del aforo, reducido por las medidas de prevención e higiene contra la pandemia de coronavirus. Concierto organizado por la Oficina de Cultura de la ciudad de Neuss am Rhein.
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Tan apasionante como impresionante, Las siete últimas palabras de nuestro Redentor en la cruz,* una de las grandes obras de Joseph Haydn, es un “gaudeamus“ para los oídos por su bella intimidad sonora y sus cavilaciones, en la excelsa interpretación del Quatuor Hermès. El concierto fue ovacionado largamente esta tarde en la gran sala auditorio de la Zeughaus (armería) de Neuss, a orillas del Rin, que fuera en el siglo XVII iglesia y monasterio de la Orden de frailes menores.

La música de Haydn invita a una profunda meditación en este tiempo de cuaresma, en medio de una pandemia que se resiste a ser vencida y de la bárbara agresión contra Ucrania del presidente neoestalinista con inclinaciones fascistas de Rusia, Vladimir Putin, bendecida además por el patriarca ortodoxo Cirilo I de Moscú. La espiritualidad de la sala, otrora templo de nave única de estilo postgótico, contribuye a la comprensión de la desgarradora obra.

Antes del concierto, el director de la Oficina de Cultura de la ciudad de Neuss, Dr. Benjamin Reissenberger, condenó la guerra de Putin y llamó a la solidaridad con Ucrania y con los refugiados ucranianos que están llegando por cientos de millares a Alemania.

La Introducción de Las siete últimas palabras de nuestro Redentor en la cruz (en alemán: Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze) utiliza el ritmo punteado de una obertura. Se combina con contrastes dinámicos evidentes y una melodía intercalada con silencios "hablados".

La ejecución del conjunto, formado por Omer Bouchez (primer violín), Elise Liu (segundo violín), Lou Yung-Hsin Chang (viola) y Yan Levionnois (violonchelo) es clara, transparente y equilibrada a lo largo de sus aproximadamente 60 minutos de duración.

En la Sonata nº 1 (Largo en si mayor), se escucha claramente en el primer violín el Pater, dimitte illis, quia nesciunt, quit faciunt! El carácter del movimiento es el de una sentida petición de perdón. Para expresar el sombrío colorido de este cuadro, en la intersección de los sentimientos de Jesús en esta angustiosa hora, Haydn distribuyó luces y sombras con mucha perspicacia. Así ocurre, por ejemplo, con el claroscuro de los cambios de mayor a menor que se utilizan aquí de la manera más sutil.

En la segunda Sonata (Grave e cantabile en do menor) Hodie mecum eris in Paradiso, una vez más, la repetición textual coincide con la reiteración melódica del tema: el Hodie mecum inicial es un motivo en do menor que se agudiza patéticamente en la reincidencia, y cuya posdata "eris in Paradiso" termina con un estribillo doloroso. Aunque la apertura de la sonata se basa en el mismo bajo palpitante que la primera, su carácter es totalmente diferente: un arioso de sufrimiento que parece estar salpicado de visiones sonoras del paraíso; la conciencia gozosa de un moribundo en la hora de su muerte.

Tres acordes introducen la Sonata nº 3 (Grave en mi mayor) Mulier, ecce filius tuus, que ya se señala como idílica por su tonalidad, una impresión que se acentúa aún más por su conciso tema principal de cuatro compases, maravillosamente cerrado. La sonata se desarrolla de forma magnífica, con Haydn inventando disonancias flotantes de encantadora belleza para el final de cada parte,

La cuarta Sonata Deus meus, Deus meus, ut quid dereliquisti me? - "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" La palabra de Jesús, según Evangelio de Mateo, citando el Salmo 22, se plasma en un adagio en fa menor de la más patética expresión. La invocación "Deus meus" está simplemente secuenciada al principio, seguida de la descendente "ut quid derelequisti me", que traza claramente una imploración, una interrogante, un lamento y un reclamo de profunda religiosidad. A continuación se desarrolla en secuencias llenas de disonancias indicativas barrocas.

En la Sonata nº 5 (Adagio en la mayor) Sitio (“Tengo sed“). Haydn ha dotado a la más sucinta palabra de Jesús de un efecto sobrenatural a través del encantador aura sonora del movimiento. Sobre una figura de pizzicato en las voces centrales, el primer violín entra en notas largas. Sin embargo, esta canción en la mayor pronto se convierte en una mole de ritmo martilleante.

Consummatum est, la postrera expresión del Evangelio de Juan, introduce la más melancólica de las siete sonatas al unísono con los cuatro instrumentos. La Sonata nº 6 (Lento en sol menor) es el clímax del ciclo, la catársis en un arco de tensión calculado con precisión magistral por Haydn. Los antiguos giros barrcos del patetismo resuenan en el motivo Consummatum est, y dan paso a la consoladora certeza de una melodía de belleza clásica en una reconfortante aureola armónica.

En la Sonata nº 7 (Largo en mi bemol mayor) In Manus tuas, Domine, commendo Spiritum meum, la última palabra del Evangelio de Lucas se convierte en un punto de inflexión interior, una expresión de confianza infantil en Dios, típica de la religiosidad de Haydn. Tras la reducción del Consummatum est, la amplia melodía en mi bemol mayor parece una liberación hacia el canto del aria. De nuevo, representa claramente la declamación de la palabra de Jesús, con "Domine" y "commendo" que aparecen de forma destacada.

En Il Terremoto (Presto con tutta la forza), Haydn evoca que en la música católica de la Pasión del siglo XVII, casi nunca se omitía la referencia al terremoto después de la muerte de Jesús: "Y la tierra tembló, y las rocas se partieron, y los sepulcros se abrieron". Según esa concepción religiosa, este terremoto presagia el último y más grande de la historia: el terremoto del Juicio Final.

Éste llama a los pecadores que pusieron a Jesús en la cruz. En la sacudida de la naturaleza después de la (presumible) muerte del mediador, Haydn logró la intención de estremecer y al mismo tiempo purificar a sus oyentes por los medios más audaces que se puedan imaginar. El terremoto hace estallar la forma, por así decirlo, y es tanto más demoledor cuanto que la sublimación del sufrimiento en las siete sonatas se contrapone aquí a los efectos sonoros naturalistas y a los excesos dinámicos.

Creada para la devoción de las tres horas en el oratorio de la Santa Cueva, en Cádiz,* esta obra maestra se adapta perfectamente para la meditación, tenga o no carácter religioso, y Haydn se preocupó muy bien de que la ejecución sucesiva de los siete adagios, de diez minutos de duración cada uno, no fatigara a los oyentes. No fue tarea fácil, pero lo logró con gran éxito, nos consta.

Notas

1. El título original de la obra es «Musica instrumentale sopra le 7 ultime parole del nostro Redentore in croce, ossiano 7 sonate con un’introduzione ed al fine un terremoto»

2. A pesar de su título popular, «Las siete últimas palabras de Jesús en la cruz» no fue compuesta para su interpretación durante la ceremonia del “sermón de las siete palabras”, típica de las celebraciones católicas del Viernes Santo, sino para la llamada “devoción de las tres horas”, que no es una celebración litúrgica sino una devoción semiprivada desarrollada por los jesuitas tras el terremoto de Lima de 1687. Según Robert Stevenson, fue el jesuita peruano Alonso Mesía Bedoya (1655-1732) el que tuvo la idea de interpolar piezas instrumentales entre la prédica y la meditación de cada una de las siete palabras, frases más bien, pronunciadas por Cristo en la cruz, y su libro sobre esta práctica tuvo por lo menos ocho ediciones en España entre 1757 y 1800, lo cual nos permite imaginar que la devoción de las tres horas con acompañamiento musical debió tener cierta vitalidad durante esta época.

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