España - Valencia

Macbeth iluminado

Rafael Díaz Gómez
miércoles, 20 de abril de 2022
Macbeth, régie de Benedict Andrews © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte / Les Arts Macbeth, régie de Benedict Andrews © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponte / Les Arts
Valencia, domingo, 10 de abril de 2022. Palau de les Arts. Macbeth, ópera en cuatro actos con libreto de Francesco Maria Piave y Andrea Maffei (basado en la tragedia homónima de William Shakespeare) y música de Giuseppe Verdi. Estreno: Florencia, 14 de marzo de 1847. Producción de la Royal Danish Opera. Dirección de escena: Benedict Andrews. Escenografía: Ashley Martin-Davis. Vestuario: Victoria Behr. Iluminación: Jon Clark. Dirección de movimientos coreográficos: Ran Braun. Elenco: George Gaznidze (Macbeth), Anna Pirozzi (Lady Macbeth), Marko Mimica (Banquo), Giovanni Sala (Macduff), Jorge Franco (Malcolm), Rosa Dávila (dama de Lady Macbeth), Luis López Navarro (médico / sicario), Marcelo Solís (doméstico), Juan Felipe Durá (Araldo), Luis López Navarro, Francisco Arasteny, Adrián García (tres apariciones). Dirección musical: Michele Mariotti.
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La acción escénica que Benedict Andrews propone mientras suena la obertura de este Macbeth importado desde Copenhague (2013) presenta a la pareja protagonista en el papel de dominadora (ella) y dominado (él), lo que incluye, por supuesto, el punto de vista sexual. Un sexo del que no se deriva ninguna descendencia. 

Me atrevería a aventurar que si no es este el aspecto que más le interesa al regista en su visión del drama de Shakespeare, al menos lo sitúa al mismo nivel que el de la ambición por la consecución y mantenimiento del poder. En realidad no descubrimos nada si señalamos que están relacionados. Macbeth y señora, agostados en su propia codicia, no logran proyectarse al futuro. 

Mientras, por la escena, a lo largo de toda la representación se mostrarán sobre las tablas casi de continuo, niños y niñas. Están ahí, supongo, para recordarnos aquello de lo que carecen los dos protagonistas.

Quizá estemos acostumbrados, por otra parte, a que la tragedia que encarna este sombrío duplo sea también oscura en su envoltura, como si la penumbra invitara mejor a introducirnos en el conflictivo mundo interior de los dos personajes. No es el caso de esta producción. Unas barras de led cuelgan sobre el escenario (modificando el conjunto en su altura y en su disposición, vertical u horizontal, según el caso) y, con una paleta de colores muy rica, hacen que la luz sea un elemento significativo, variado y dinámico. 

Un trabajo de iluminación impresionante, que alcanza su culminación en una fantástica escena de sonambulismo. Lo que no se evita, también hay que decirlo, es la ya tradicional tortura óptica al respetable por exposición directa a foco o reflejo de espejo (al final habrá que interponer demandas en los teatros de ópera por su apología de las cataratas).

Macbeth, régie de Benedict Andrews. © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Les Arts.Macbeth, régie de Benedict Andrews. © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Les Arts.

Por lo demás, el continente resulta amplio y desnudo, lo cual, lejos de liberar a los personajes, parece oprimirlos más. El vestuario es moderno. La muerte de Banquo es ejecutada por sicarios disfrazados de personajes de dibujos animados (un atuendo chocante pero efectivo). El segundo encuentro con las brujas, hermanas fatídicas (o lo que sean) tiene lugar en una especie de cabaret o lugar de alterne (con olímpicas piruetas de stripper en barra incluidas) en cuyo propio recinto escénico encuentran lugar las apariciones. Fue el punto probablemente donde quienes aún no se habían desmarcado de la propuesta visual, y estaban predestinados a desmarcarse, lo hicieron. 

No obstante, si alguien duda de la querencia del poder machirulo hacia este tipo de locales, no tiene más que recordar la excelsa expresión, resumen no tanto de una época como de un constante ejercicio estilístico, de los "volquetes de putas". Que, en la versión que se comenta, la actividad premonitoria se pueda entender como una venganza femenina ante la opresión varonil ya lo pongo yo porque lo mismo estoy demasiado contento. Pero lo que no se puede negar es la relación consuetudinaria entre políticos y videntes (y si no que se lo pregunten a la bruja Adelina).

Bueno, ya está bien por aquí. El empeño del señor Andrews es sugerente y atrevido. No interfiere con la partitura, actualiza sin dejar de profundizar, aguanta el paso del tiempo y azuza el gusanillo que se alimenta del lamento del cerebro en conserva, lo que resulta bastante divertido de momento, aunque supongo que no a la larga. Ah, eso sí, una acción escénica paralela a la obertura del Macbeth verdiano siempre me parecerá sobrante (revisaré, por si acaso, la caducidad del embotado de mis sesos).

Porque lo que resultaría difícil es no ponerse de acuerdo en lo sobresaliente de esa obertura y en cómo compendia un drama donde no hay un momento de reposo. La principal virtud de Michele Mariotti en su papel como transmisor musical de la tragedia es el compromiso entre belleza sonora (belleza incluso cuando ácida y hosca) y el discurrir teatral. Y esto lo evidenció desde la pieza introductoria. Sin excesos pero con contundencia, describiendo crudamente pero con lirismo, sustentando con líneas y con colores siempre llamativos incluso cuando oscuros. Brava la orquesta y bravo el coro, que de nuevo tuvo que hacer mucho más que cantar (menuda temporada llevan sus integrantes, y todavía sin desprenderse de la mascarilla).

Anna Pirozzi. © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Les Arts.Anna Pirozzi. © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Les Arts.

Y en el orden del reparto, bravísima Anna Pirozzi, que para desmentir los deseos del Verdi del estreno, sabe expresar el veneno bajo la piel de su personaje sin no por ello dejar de cantar divinamente. La Pirozzi es un torrente de fuerza, osadía y precisión. Resultaría difícil encontrar una Lady Macbeth en la actualidad capaz de superar ese nivel.

Su pareja en el escenario fue un George Gaznidze a quien el papel no le correspondía en esta última función de la serie. Era Luca Salsi quien estaba destinado a cantar el rol de Macbeth, todo y cuando el primer anunciado fue Carlos Álvarez. Al fin, ni Álvarez ni Salsi, ambos por enfermedad, sino Gaznidze (que tenía encomendadas otras dos sesiones anteriores). Y al georgiano no se le pueden negar voluntad y maneras, sobre todo en su aria de despedida, pero también cierta reserva, tanto en su faceta de actor como en la de su voz, un poco retrasada en la garganta y distribuida con más generosidad después del descanso.

Macbeth, régie de Benedict Andrews. © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Les Arts.Macbeth, régie de Benedict Andrews. © 2022 by Miguel Lorenzo y Mikel Ponce / Les Arts.

En el resto de personajes principales, muy bueno el Banquo de Marko Mimica, de canto serio y sin afectaciones, con noble línea y copioso color. Mientras, Giovanni Sala fue un Macduff que supo agradecer el regalo casi aislado de Ah, la paterna mano con una voz de tenor elegante, de arqueado natural y fresco y bien regulada en sus dinámicas.

Los comprimarios Jorge Franco, como Malcolm, y Rosa Dávila como dama de Lady Macbeth, ambos del Centre de Perfeccionament, cumplieron más que sobradamente así como Luis López Navarro en su doble cometido de médico y sicario, y al igual que el resto de pequeños papeles, los infantiles entre ellos.

La función comenzó con unos tres cuartos de hora de retraso a causa del paro por las reivindicaciones de los trabajadores del teatro. En juego, la renovación del convenio laboral (el segundo en 12 años) que no acaba de ser firmada por la empresa. Una concentración en el exterior explicaba a quienes quisieran escuchar los motivos del paro. Pero más allá de la mencionada demora, todo discurrió a la perfección para que a la postre se pudiera disfrutar de una gran tarde de ópera. Y así lo reconoció el público con fuertes aplausos. Seguro que parte de ellos también premiaba la labor ejercida detrás del escenario. No era para menos.

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