Discos

Karl Böhm - Complete Decca & Philips Recordings (II)

Josep Mª. Rota
viernes, 29 de abril de 2022
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Karl Böhm. The Complete Decca and Philips Recordings (grabaciones entre 1950 y 1973). Discos 27 a 38. Wagner: Der Ring des Nibelungen (Birgit Nilsson, Wolfgang Windgassen, Theo Adam, Gustav Neidlinger, James King, Leonie Rysanek, Josef Greindl, Erwin Wohlfahrt, Orchester der Bayreuther Festspiele) Blu-ray Audio 24bit/96kHz - Wagner: Der Ring des Nibelungen (Orchester der Bayreuther Festspiele) 1966-67. Una caja de 38 CDs + 1 Blu-ray Audio, con una duración total de unas 41 horas. DECCA 4851588. DECCA UK, 2021
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Rotas para siempre las relaciones de Bayreuth con Decca-Telefunken y EMI-Electrola, los hermanos Wagner firmaron un contrato con la holandesa Philips que dejó para la historia unas grabaciones memorables. Deutsche Grammophon también se acercó a la “colina verde”; fue llegar y besar el santo. El Tristan und Isolde de 1962 ha quedado como un hito de Bayreuth y de la discografía. El sello amarillo decidió continuar con el magno proyecto del Anillo que se iba a estrenar en 1965. El director iba a ser el mismo que el del anterior Tristan und Isolde y posterior Der fliegende Holländer, Karl Böhm, una de las estrellas de Deutsche Grammophon. Pero ya se sabe que el hombre propone… George London declinó el papel de Wotan; Theo Adam se vio incapaz de asumir toda la parte del padre de los dioses (al final fue Josef Greindl, ¡quién si no!, el que salvó el ciclo el primer año cantando el Wanderer); a falta de un joven Heldentenor, hubo que echar mano del veterano Wolfgang Windgassen para la parte de Siegfried; al año siguiente, se incorporaron al equipo de intérpretes algunos cantantes novatos en Bayreuth, Elsa Cavelti, Claude Heather, Věra Soukupová, Annelies Burmeister y Gwyneth Jones, la mayoría de los cuales resistirían apenas uno o dos festivales; finalmente, a Wieland le fue diagnosticado un tumor pulmonar de mal pronóstico en junio de 1966, en plena preparación de los ensayos del inminente festival.* 

Los festivales siguieron adelante, así como la grabación por parte de Deutsche Grammophon en los festivales de 1966 y 1967. Sin embargo, el sello amarillo también estaba embarcado en un proyecto propio de grabación de Der Ring des Nibelungen, con Herbert von Karajan y los Berliner Philharmoniker. El maestro de Salzburgo venció al de Graz y el registro de Böhm en Bayreuth se quedó en los archivos de Deutsche Grammophon durmiendo el sueño de los justos. No fue hasta la creación de PolyGram, fusión de Deutsche Grammophon con Philips, que este Ring, que parecía gafado desde el principio, pudo ser comercializado, no con la etiqueta amarilla, sino con la blanca de la firma holandesa. 

Ambos registros, los de Karajan y Böhm, debían competir con el pionero de Solti para Decca; poca cosa se sabía entonces de Swarowski o de Furtwängler en Roma; menos todavía de Krauss, Keilberth o Knappertsbusch en Bayreuth. Este de Philips tuvo siempre grandes atractivos: original de Bayreuth, con los grandes intérpretes de la casa y una presentación ciertamente atractiva, ya fuera en las cuatro cajas individuales o en la enorme caja roja. Además, y la cuestión no es baladí, se comercializaba en tan solo 16 LP, con lo que el precio era más atractivo que el de sus competidores de Decca y Deutsche Grammophon, que llegaban ambos a los 19 LP (¡6 LP para Götterdämmerung!). 

De estos tres “Anillos”, que aparecieron en un corto espacio de tiempo y que se mantuvieron en el mercado durante décadas, mi favorito fue siempre el de Böhm, mucho más incisivo que el de Karajan y más coherente y compacto que el de Solti. Cuando la Editorial Salvat lanzó al mercado su Enciclopedia Salvat de los grandes compositores, acompañaba cada uno de los fascículos con un LP de la casa Philips; los dedicados a Wagner fueron dos discos de preludios y oberturas (Davis, Varviso, Haitink, Sawallisch) y dos más con una selección del Ring. Para muchos, como fue mi caso, esa fue la primera aproximación a la magna epopeya wagneriana. 

Para 1966 estaban previstos tres ciclos del Ring en lugar de los dos habituales; además, una función privada de Das Rheingold. Ese año se grabó, precisamente, el Prólogo y la Segunda Jornada, Siegfried. Compartían podio, hecho habitual en Bayreuth, Karl Böhm y su compatriota Otmar Suitner; el de Graz dirigía el primer ciclo; el de Innsbruck, los otros dos. Al año siguiente fue Suitner el responsable de los tres ciclos, mientras que Böhm, hecho insólito en Bayreuth, dirigía tan solo un par de funciones de Die Walküre y Götterdämmerung, con el pretexto de la grabación.

En Bayreuth siempre se habían dado completas las obras de Richard Wagner, sin los cortes habituales de otros teatros. Wieland había retocado Der fliegende Holländer y Tannhäuser por aquello de las versiones; también había puesto la mano en el Lohengrin por razones aparentemente políticas. Ahora se había atrevido a mutilar nada menos que Götterdämmerung. Decidió cortar la escena de Gutrune del acto III porque quería que Hagen ya estuviera en escena después del interludio conocido como la “Música fúnebre de Sigfrido”. En 1967, muerto Wieland nueve meses antes, se levantó el corte, sin que haya trascendido si fue él, su asistente Lehmann o el mismo Böhm el responsable de la restitución.*

El producto se comercializó en cuatro cajas individuales según el diseño de Philips para su colección, con una fotografía de una escena en la portada y la del director en la contraportada; en el ángulo superior izquierdo, el dibujo esquemático de la Festspielhaus. También se vendió en una enorme caja roja con las letras doradas. Los cuadernillos con el texto, la traducción, las fotos de los intérpretes y sus biografías, incluían unos interesantísimos estudios de Lynn Snoock. Con el trasvase al disco compacto, salió en un cubo con las cuatro óperas en cajitas individuales y los correspondientes cuatro libretos. El diseño era el mismo que el de la caja roja con los LP, las letras doradas y la silueta de la Festspielhaus, solo que el color blanco vino a sustituir al rojo. 

Para conmemorar el centenario del nacimiento de Karl Böhm, Philips volvió a editar el registro con una nueva portada y los discos ensobrados. Absorbida por la otrora rival Decca, salió de nuevo al mercado con el sello rojiazul de la empresa londinense en unos simples y feos sobres de papel blanco. Ahora se presenta por partida doble: en disco compacto, el Prólogo y las tres Jornadas por separado con las respectivas portadas originales; en un único blu-ray audio con la portada también original roja y dorada.

Este segundo Ring de Wieland fue un éxito sin precedentes, éxito de crítica y público. Éxito para los intérpretes, para Wieland Wagner y para Karl Böhm. Hizo fama la boutade de “Wagner corregido por Mozart”.* Böhm dirige con tiempos muy rápidos, pero da sentido y cohesión a la obra. El concepto general funciona y da muy buen resultado. Claro que dicho concepto le impide entretenerse en el detalle, por una parte, y ahondar en las profundidades, por otra. Este es un “Anillo” eminentemente dramático; quien quiera encontrar la verdadera dimensión épica de la mayor epopeya de la época moderna tendrá que volverse a Furtwängler y Knappertsbusch. 

Así, Das Rheingold no es discursivo sino vital, aunque los dioses suban al Walhalla al paso de la Legión. Die Walküre es un verdadero torbellino de pasiones. Siegfried no languidece nunca y el final es electrizante. En Götterdämmerung, donde otros, incluso grandes, fracasan, Karl Böhm no pierde nunca el pulso. Siempre buen acompañante de cantantes, sin embargo Karl Böhm no renuncia a las explosiones orquestales.

El reparto es homogéneo y compacto, como solía ser habitual en Bayreuth. El principal reproche que se le ha hecho a este Ring ha sido el de Theo Adam. Debo decir que a mí no me disgusta como Wotan, como tampoco me disgusta su Sachs; es más, le prefiero en el Fach de Bass-Bariton antes que en el de bajo. Adam es un padre de los dioses noble, a veces rudo, de clara dicción y sin problemas en los extremos del registro. A su lado, Wolfgang Windgassen tampoco escapó a las críticas, ni entonces ni ahora. Es cierto que la voz había perdido la frescura de la década anterior, pero su encarnación del héroe es una lección magistral de canto wagneriano. Quien escapa a cualquier reproche o crítica es Birgit Nilsson. Incluso ella misma afirmó luego que se sentía más satisfecha de sí misma en este registro de Bayreuth que en el casi coetáneo para Decca. 

Aquí están los “Wagner-Treue” que llamaba Hans Knappertsbusch, los héroes de la primera hora del Nuevo Bayreuth, esos consumados cantantes-actores modelados por la genial mano de Wieland Wagner: Wolfgang Windgassen, Leonie Rysanek, Martha Mödl, Gustav Neidlinger y Josef Greindl.* A su lado, veteranos que empezaron en papeles menores, como Theo Adam, que estuvieron ausentes durante una década, como Kurt Böhme, o que se incorporaron de manera progresiva al elenco, como Birgit Nilsson. Y también la nueva generación que sostendría Bayreuth: Thomas Stewart, Anja Silja, Marga Höffgen, Martti Tavela, Erwin Wohlfahrt y James King.

Das Rheingold es una obra de conjunto. Al lado del firme Wotan de Adam está la Fricka de Annelies Burmeister; venida de la DDR de la mano de Otmar Suitner, imprescindible en las Staatsoper de Berlín y Dresde, es aquí una diosa hierática e imperiosa. Su paso por la “colina verde”, sin embargo, fue breve, pues solo cantó en los festivales de 1966 y 1967. Anja Silja, consagrada ya en Bayreuth como Senta, Elsa, Elisabeth, Eva y Venus, brilla con luz propia como encantadora y frágil diosa de la juventud. La aparición de Věra Soukupová como Erda le deja a uno en vilo. El Loge de Wolfgang Windgassen fue una sorpresa tanto para el público de los festivales como para los oyentes del disco: no un mafiosillo o un intrigante, sino un verdadero dios, aunque alejado de los delirios de grandeza y ambición de los demás. Gerd Niensted es un poderoso Donner. Hermin Esser, en su debut en Bayreuth, donde llegaría a cantar Tannhäuser, Siegmund o Tristan, es un Froh brillante. Gustav Neidlinger, imprescindible en la casa desde 1952, es el Alberich por antonomasia. Su carcajada después del Bin ich nun frei? sigue poniendo los pelos de punta. ¿Qué hubiera deparado la carrera de Erwin Wohlfahrt si la parca no se lo hubiera llevado tan solo dos años después? Su Mime conmueve ante el maltrato al que se ve sometido el hábil forjador. La pareja de gigantes puede situarse entre las mejores, con el joven Matti Talvela de colosal Fasolt y el veterano Kurt Böhme de truculento Fasolt. ¿Cómo no enamorarse de Dorothea Siebert, Woglinde desde 1957? A su lado, la debutante Helga Dernesch, llamada a mayores papeles, y Sieglinde Wagner, imprescindible también en la casa aunque fuera en papeles menores. Tres ondinas encantadoras.

Die Walküre era sin duda donde Böhm se encontraba más a gusto. Adam sale airoso del empeño gracias también a la ligera batuta del maestro; aunque sin dimensión trágica, su retrato del abrumado dios es altamente convincente. ¿Qué decir de la Brünnhilde de Birgit Nilsson que no se haya dicho? Su entrada en el acto segundo, después del tema distorsionada de Nothung en la trompeta, resulta abrumadora por la potencia y el brillo argentino y broncíneo de la voz. Un verdadero portento. Brilla con luz propia la pareja velsunga. Aquí también un debutante, James King, al lado de una veterana, Leonie Rysanek; adusto él, marcado por el trágico destino, y exaltada ella, movida por la pasión. El grito de la soprano forma parte ya del imaginario colectivo. Gerd Niensted, un buen Donner en el Prólogo, es un Hunding que no puede competir con sus predecesores en el papel (Josef Greindl y Gottlob Frick). Seguro que en escena resultaba mejor que en el disco. Annelies Burmeister repite su amenazadora Fricka. El equipo de valquirias, entre las que también se encuentra la susodicha, es de primera.

Este Siegfried es un magnífico ejemplo de cuán agradable puede resultar el cuento del “sin-miedo-mata-dragones-despierta-bella”. Y aquí es Wolfgang Windgassen el verdadero protagonista, que forja la espada sin asomo de fatiga, contra una orquesta poderosa y vertiginosa; que dialoga con dulzura con el pajarillo; que atraviesa con arrojo las llamas y que aguanta como un jabato a Birgit Nilsson, fresca como una rosa y potente como un acorazado. El Mime histriónico de Erwin Wohlfahrt es otro de los grandes logros de este Ring. Cantante-actor por naturaleza, sus risas, sus gritos, ya sean de avaricia o desesperación, y su lloriqueo nunca resultan fuera de lugar. Una vez más, Neidlinger es un nibelungo insuperable. Adam es un Wanderer imperioso, nunca pierde la dignidad y hasta resulta emotivo. Kurt Böhme da auténtico miedo como dragón Fafner. Erika Köth es un pajarillo encantador. Věra Soukupová, integrada en el concepto del director, es una Erda más dramática que misteriosa. Queda Birgit Nilsson, espectacular en todos los sentidos desde Heil dir, Sonne! hasta lachender Tod!

Si el final de la Segunda Jornada fue radiante y luminoso, la despedida de Brünnhilde y Siegfried no lo es menos. Antes, las parcas, Marga Höffgen, Annelies Burmeister y Anja Silja nos han puesto la piel de gallina. Dijo un crítico que Götterdämmerung debería llamarse Hagen. Aquí Josef Greindl es el auténtico “hijo del odio”, malvado, sinuoso y cínico. ¡Y los que le vieron sobre el escenario dicen que el disco no le hace justicia! El sórdido monólogo del acto primero y el dúo con Alberich, Gustav Neidlinger, genial una vez más, producen un verdadero escalofrío que recorre la espina dorsal. Sus Hoiho! a los vasallos son legendarios. Sus hermanastros son Thomas Stewart y Ludmila Dvořáková; un líder, él, y no un pelele; una mujer altiva, ella, y no una niña boba.* Martha Mödl, en su registro original de mezzo, compone una Waltraute realmente conmovedora, adecuadamente patética al carácter de la epopeya, aunque la voz estuviera gastada por el enorme esfuerzo durante una década y media. 

Quedan el héroe y la valquiria convertida en mujer. Wolfgang Windgassen es un Siegfried maduro, viril y heroico, siempre seguro de sí mismo. Birgit Nilsson es la Brünnhilde más completa en todos sus estados de ánimo: amor, desesperación, incomprensión, venganza y conocimiento supremo. Las tres ondinas vuelven a ser encantadoras. Un ejemplo acabado de gran obra de conjunto, con solistas de primera y una batuta con un concepto claro. 

Notas

1.- Ingresado Wieland primero en Kulmbach y después en Múnich, fue su asistente Peter Lehmann (por delante de su hermano Wolfgang, su mujer Gertrud u otros colaboradores como Nikolaus Lehnhoff) quien se hizo cargo de la dirección escénica.

2.- El Ring de 1965 se encuentra en youtube. El corte en Götterdämmerung es chocante. También se puede encontrar el documental con imágenes de los ensayos y de las representaciones (impresionante Rache-Terzett)

3.- A Wieland le venía como anillo al dedo. Su obsesión era “deswagnerizar Wagner”. De aquí su búsqueda constante de directores “latinos”. Le disgustaba sobremanera la teatralidad de las obras de su abuelo, especialmente en los finales, que manipuló y desfiguró siempre (cf. Wieland Wagner, una evocación por Willy Haas). ¿Habrá que desmozartizar Mozart, desrossinizar Rossini o desverdizar Verdi?

4.- En Bayreuth era frecuente el cambio de reparto en cada uno de los ciclos del Ring, igual que se compartía papel en las otras obras, especialmente Parsifal. Así, en los otros ciclos de agosto, Josef Greindl fue aún Fafner y Hunding; Hans Hotter, Wotan y Der Wanderer; Astrid Varnay, Brünnhilde y 3. Norn.

5.- Ludmila Dvořáková cantó también la parte de Brünnhilde en esa producción; además fue Venus, Ortrud y Kundry en Bayreuth.

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