Reino Unido

El desafío y la gloria de Peter Grimes

Agustín Blanco Bazán
lunes, 2 de mayo de 2022
Warner, Peter Grimes © 2022 by Yasuko Kageyama Warner, Peter Grimes © 2022 by Yasuko Kageyama
Londres, martes, 29 de marzo de 2022. Royal Opera House (ROH) en el Covent Garden. Peter Grimes. Ópera en un prólogo y tres actos con libreto de Montagu Slater y música de Benjamin Britten. Regie: Deborah Warner. Escenografía: Michel Levine. Allan Clayton (Peter Grimes), Maria Bengtson (Ellen Orford), John Tomlinson (Swallow), Bryn Terfel (Balstrode), Jacques Imbraglio (Ned Keen), Catherine Wyn-Rogers (Auntie), Rose Aldrige (Mrs. Sedley). Orquesta y coros de la ROH bajo la dirección de Mark Elder. Co-producción con el Teatro Real de Madrid, La Ópera de París y la Ópera de Roma
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Después de su estreno en Madrid en medio de la pandemia, la producción de Peter Grimes de Deborah Warner llegó al Covent Garden con similar éxito. ¿Puede pedirse algo más perfectamente diseñado, cantado y dirigido? Tal vez no. También aquí un elenco de cantantes de primera, un coro como hay pocos para este repertorio, y una excelente orquesta permitieron, en este caso a Mark Elder, explorar con precisión y profundidad toda la gama cromática y los contrastes de tiempo y dinámicas que ofrece una partitura símbolo de un momento histórico crucial: la obra subió por primera vez a escena en el Sadler´s Wells de Londres a un mes del fin de la segunda guerra en Europa, y a diferencia de lo que ocurre hoy, Inglaterra quería en aquel momento renovarlo todo, desde la política que le llevó a elegir un gobierno socialista hasta la introducción de algo aún más novedoso: una ópera nacional, casi folklórica en su impresionismo descriptivo de su mar borroso, sus playas de guijarros, sus pantanos, y la rebelión de los marginados contra una comunidad opresiva y desesperanzada.

Peter Grimes es una ópera ingenua en su libreto y comentario musical, y sin la compleja dimensión mítica de, por ejemplo, Wozzeck, o en el caso del mismo Britten, Billy Budd. Es por ello que la espléndida propuesta de Warner me convenció un poquitín menos que al resto del mundo. Un poco como Carmen, Peter Grimes tiene alguno que otro ingrediente de comedia satírica, en la cual todos son personajes principales, aún los llamados cameos. Todos deben llegar al público con una inmediatez de cachetada a la mejilla. La mejor versión en este sentido es para mí la filmada por la BBC con la dirección orquestal del mismo Britten, protagonizada por Peter Pears, Heather Harper, y una antológica colección de cantantes locales capaces de comunicar implacablemente no sólo la violencia psicológica que caracteriza la dramaturgia sino algo similarmente importante: un sardónico y amargo derrotismo. También la producción de David Alden para la English National Opera me pareció más directa y desafiante en su regie de personas que la épica, pero a veces distanciada, visión de Warner.

Este distanciamiento fue para mí obvio en el caso de Auntie, la dueña del pub local que utiliza a sus “sobrinas” como anzuelo para sus parroquianos, Mrs Sedley la intrigante viuda adicta al láudano que le proporciona Ned Keene, aquí más un sensual traficante que un farmacéutico. Catherine Wyn Rodgers, Rosie Aldridge y Jacques Imbraglio cantaron y actuaron estos roles con convicción, pero más como estereotipos que como caracteres de sainete.

Britten: Peter Grimes. Director musical, Mark Elder. Puesta en escena: Deborah Warner. Londres, ROH Covent Garden, marzo de 2022. © 2022 by Yasuko Kageyama.Britten: Peter Grimes. Director musical, Mark Elder. Puesta en escena: Deborah Warner. Londres, ROH Covent Garden, marzo de 2022. © 2022 by Yasuko Kageyama.

Estereotipados me parecieron también los elementos míticos propuestos por Warner, como por ejemplo ese Peter Grimes envuelto en sus redes de pescador, como si fuera una armadura contra sus enemigos; y también representado con un doble elevado al cielo en acrobacias representativas de anhelos liberadores para caer en la última escena. También la barca con la que terminará hundiéndose vuela ocasionalmente como un ideal de libertad frente al cual la obsesiva persecución de los habitantes de la aldea adquiere una dimensión estereotipada con la ayuda de linternas y antorchas. Esta extrema simbolización de la lucha entre Grimes y el resto nubla, creo, la percepción de un conflicto que debería focalizar más en el poder destructivo de la mezquindad y la pequeñez cotidiana que en una épica simbolista.

Britten es un compositor más bien intimista que -es un secreto mal guardado- admiraba a Schubert y huía del pathos de Beethoven. Es en la intimidad de situaciones dramáticas donde reside ese talento tan suyo de convencer a través de detalles y miniaturas y no de propuestas ideológicas trascendentales.

Vista de Jaywick (UK). © 2022 by Oli Scarff / Getty Images.Vista de Jaywick (UK). © 2022 by Oli Scarff / Getty Images.

De cualquier manera, los reparos precedentes no disminuyen la calidad del trabajo de Warner, tan empeñada ella en actualizar la acción para exhibir la pobreza extrema como causa fundamental de prejuicios y marginamientos. Es una pobreza que ella asocia con la Inglaterra actual, hasta el punto de darnos el nombre de uno de los pueblos costeros que la inspiraron como lugar de la acción. Se trata de Jaywick, en el pasado una turística ciudad costera y en la actualidad calificada como una de las poblaciones más pobres en el Reino Unido. El programa de mano del Covent Garden ilustra esta información con una foto que lo dice todo y que me permito agregar a esta crítica.

Como en Madrid, Allan Clayton fue una revelación como protagonista gracias a su capacidad de combinar una pareja densidad de timbre con una impostación ágil y de asombrosa seguridad de legato en pasajes como el casi imposible sostenido en el registro alto al comienzo de “Now the Great Bear and Pleyades.” Histriónica fue también la forma en que maltrata a su aprendiz, no como un ogro abusador sino más bien movido por la desesperación luego de su encontronazo con Ellen.

Allan Clayton y Maria Bengtson en 'Peter Grimes' de Britten. Director musical, Mark Elder. Puesta en escena: Deborah Warner. Londres, ROH Covent Garden, marzo de 2022. © 2022 by Yasuko Kageyama.Allan Clayton y Maria Bengtson en 'Peter Grimes' de Britten. Director musical, Mark Elder. Puesta en escena: Deborah Warner. Londres, ROH Covent Garden, marzo de 2022. © 2022 by Yasuko Kageyama.

También la estupenda Maria Bengtson descolló con una línea de canto prístina y bien articulada, pero, ¡ay!, su Ellen, joven, bella y cool con sus pantalones y tricota bordeada, falló en un punto fundamental, muy claro para quienes hayan podido apreciar otras interpretaciones, por ejemplo, la de Heather Harper que tan cerca de Britten trabajó con este personaje. La Ellen de Harper no rogaba con la ternura y la quejumbrosa desesperación de Bengtson, sino que más bien confrontaba a Grimes con una capacidad de reproche y acusación que terminaba siendo un desafío.

Porque finalmente, Ellen es una viuda, maestra y pedagoga firmemente enraizada en la aldea que margina a Grimes. La bofetada con que este termina su relación con Ellen es una respuesta a lo que él ve como una agresión de quién hasta ese momento había considerado errónea e infantilmente como el ángel salvavidas con quién fantaseaba con casarse.

Es teniendo en cuenta esto que la famosa “embroidery aria” de Ellen, no tiene esos ribetes pseudo-puccinianos que algunos le atribuyen. No debe ser interpretada como lamento sino como una queja llena de amargura y resentimiento luego de la sentencia literalmente patibularia con que comunica a Grimes que “hemos fallado.” De allí en adelante no hay esperanza que valga y Ellen lo comprende al hacer causa común con Balstrode, el capitán retirado que orden a Grimes que se suicide en el mar. Ante esta conminación, Ellen sólo alcanza a espetar una instintiva exclamación de horror.

Bryn Terfel y Allan Clayton en 'Peter Grimes' de Britten. Director musical, Mark Elder. Puesta en escena: Deborah Warner. Londres, ROH Covent Garden, marzo de 2022. © 2022 by Yasuko Kageyama.Bryn Terfel y Allan Clayton en 'Peter Grimes' de Britten. Director musical, Mark Elder. Puesta en escena: Deborah Warner. Londres, ROH Covent Garden, marzo de 2022. © 2022 by Yasuko Kageyama.

A la efectividad de este momento crucial ayudó el descomunal Balstrode de Bryn Terfel que exploró este inquietante personaje en todas sus facetas, desde su sombría capacidad satírica hasta la implacable y finalmente destructiva sobriedad de juicio con que abandona el canto para conminar en un seco parlando a Grimes a hacerse a la mar y hundir su barca.

Casi a la par estuvo John Tomlinson por el histrionismo y segura proyección vocal que puso en su Swallow, ese alcalde-magistrado que finalmente se sale de sus casillas en forma satíricamente cómica durante el baile que Warner escenifica como un excesivo pandemonio.

Warner también escenificó los célebres interludios. Un error, a mi juicio, porque es solo gracias a ellos que la partitura adquiere una dimensión casi wagneriana al exceder el impresionismo paisajista de obras como podría ser La mer de Debussy para profundizar en la psicología que define la dramaturgia. En otras palabras, estos interludios son más un reflejo del alma que de la naturaleza.

Este error se hizo patente en Moonlight, en esta producción teatralizado con Peter Grimes descubriendo lo que es mejor no descubrir, esto es, el cadáver de su pequeño aprendiz: lo toca, parece tratar de reanimarlo y finalmente acepta esa muerte que preludia la suya. Pero a veces es mejor NO ver, sino más bien sentir, aunque no se sepa bien qué, frente a interludios sinfónicos, y en particular éste, llamado Moonlight, algo que en inglés significa no solo luz de luna sino que también alude a introspección y misterio. Es mejor por ello rescatar la ambigüedad, la niebla, los secretos y curiosamente, la paz con que la luna preside esa noche terrible: Grimes ha desaparecido no se sabe dónde, y solo la luna debe verlo todo.

Bajo la batuta de Mark Elder la excelente orquesta de la casa ejecutó este fragmento con énfasis lacerante e implacable, también hizo lo mismo con los demás interludios, a veces ralentizando los tiempos pero sin perder un pulso a veces marcado con la intensidad de una taquicardia. El efecto fue extraordinariamente expresionista, aún cuando extrañé el sentido de urgencia y premura que Britten (no solo un gran compositor sino también un excelente director de orquesta) imponía en la Passacaglia que precede el segundo acto.

¡Pero qué propuesta magistral, la de Elder, de esta partitura hito en la historia de la ópera! ¡Y qué fuerza de proyección y exactitud de contrapunto tuvieron bajo su dirección y con el excelente coro de la Royal Opera los fugados de “Old John has gone fishing”! Con esta sincopada y agresiva canción los parroquianos de la taberna de Auntie pretenden ocultar el miedo que les provoca una tormenta.

Y no es para menos porque esta tormenta simboliza el desafío y la gloria de Peter Grimes, el primer gran antihéroe operístico de postguerra, que como el Holandés Errante se transforma en mito desapareciendo en un mar libre guerras, prejuicios, y discriminaciones de cualquier tipo. 

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