Estados Unidos

Fly with MISO

Roberto San Juan
jueves, 5 de mayo de 2022
Eduardo Marturet © 2020 by Orquesta Sinfónica de Miami Eduardo Marturet © 2020 by Orquesta Sinfónica de Miami
Miami, miércoles, 20 de abril de 2022. Adrienne Arsht Center. Christie Julien, piano; Alexander Markov, violín; Mariaca Semprún, vocalista; Athina Klioumi, aparición especial; Hugo Fuguet, guitarra eléctrica; Ciro Fodere, piano; Roberto Escobar, maestro de ceremonias; Fernando Duprat, productor ejecutivo. Miami Symphony Orchestra. Dirección: Eduardo Marturet. Karen LeFrak: Nothing left; Chuck Berry: Roll over Beethoven (arr. Tarcisio Barreto); G. Gershwin: Rhapsody in blue; M. de Falla: Danza ritual del fuego, de El amor brujo. G. Rossini: Obertura de El barbero de Sevilla; M. Ravel: Adagio assai, del Concierto para piano en Sol mayor; Michel Vaucaire y Charles Dumont: Non, je ne regrette rien (arr. Daniel Estrada); Édith Piaf, Louiguy y Marguerite Monnot: La vie en rose (arr. Daniel Estrada); A. Vivaldi: Tercer movimiento, Presto, de El Verano, Op. 8, RV 315, de Las cuatro estaciones; Santiago Bonora: Rosa de Jericó; J. Massenet: Meditación, de Thaïs; Alexander Markov: La gran finale, para violín eléctrico, piano y orquesta; Eduardo Marturet: Planet nine, Op. 3; John Williams: Adventures on Earth de E.T., El extraterrestre.
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La Orquesta Sinfónica de Miami (MISO) clausuró su temporada con un concierto en el Adrienne Arsht Center de la ciudad que, con el título Fly with MISO, propuso un viaje de ida y vuelta en avión desde Miami por distintas ciudades y países a través de obras vinculadas a ellos en mayor o menor medida. Una voz en off antes del comienzo de cada pieza anunciaba la ciudad en cuestión junto a una breve información de la misma, que podríamos calificar de turística. La interpretación se acompañaba de proyecciones de imágenes de la ciudad en tres pantallas situadas sobre el escenario.

Pronto quedó claro que este viaje imaginario no era más que una excusa para presentar una serie de obras reunidas para la ocasión sin vinculación entre sí, algo que, por otra parte, tampoco era necesario. Antes de “despegar” se escuchó Nothing left, una breve pieza de la compositora neoyorquina Karen LeFrak que en el programa de mano se presentaba como un homenaje a las víctimas de los recientes desastres naturales y de las catástrofes causadas por el ser humano. Su carácter solemne se vio acentuado por el fraseo claramente marcado por las respiraciones del director, quien se mostró muy pendiente de la sonoridad, especialmente en la conclusión, con un pianissimo muy cuidado.

Y ahora ya sí, partimos desde Miami, una ciudad que estuvo representada por Roll over Beethoven, el conocido éxito de 1956 del cantante y guitarrista Chuck Berry. Hugo Fuguet tocó la guitarra eléctrica en un arreglo orquestal de Tarcisio Barreto, músico de la casa, que incluye varios préstamos de Beethoven junto a mucha batería y sonido amplificado. La primera parada del viaje fue Nueva York, con la Rhapsody in blue de Gershwin y Ciro Fodere, pianista de la orquesta, como solista. La obra sonó fresca, con una sección de viento en estado de gracia y con un gran trabajo por parte del director para controlar los tempi y evitar desajustes.

España estuvo representada por dos ciudades y dos obras: Madrid, con la Danza ritual del fuego, de Falla, y Sevilla, con la ‘Obertura’ de El barbero de Sevilla, de Rossini. La elección de obras musicales vinculadas a ciudades fue, sin duda, más que discutible a lo largo de todo el programa, pero ello pareció no importarle al público, que, en este caso, disfrutó del andalucismo de la primera pieza y de las conocidas melodías de la segunda.

Francia fue el siguiente destino y también estuvo representada por dos ciudades. El segundo movimiento, ‘Adagio assai’, del Concierto para piano en Sol mayor de Ravel representó a Marsella. La joven pianista Christie Julien consiguió trasladarnos desde su inicio a un universo contemplativo en un impresionismo muy alejado estéticamente de la ‘Obertura’ rossiniana previamente escuchada. Después llegó el turno de París con dos canciones: Non, je ne regrette rien y La vie en rose, interpretadas por Mariaca Semprún con acompañamiento orquestal en un arreglo de Daniel Estrada.

Tras el descanso, el viaje musical nos llevó a Venecia con el tercer movimiento, ‘Presto’, de El verano de Las cuatro estaciones. Alexander Markov, en su faceta de showman, tocó un violín amplificado y hubo algunos problemas de balance sonoro con el sonido sin amplificar de la orquesta. El siguiente destino fue El Cairo y la obra representativa fue Rosa de Jericó, un encargo que la Sinfónica de Miami realizó el presente año a Santiago Bonora. En el programa de mano, accesible a través de un código QR, se proporcionaba información sobre esta planta, capaz de rebrotar en presencia de humedad, aunque esté completamente seca. La pieza surgió tras conectar a una rosa de Jericó varios sensores capaces de traducir en sonido los cambios fisiológicos de la planta en su despertar a la vida. El sonido se grabó durante un mes. Finalmente se condensó en 3 minutos y sobre ello se realizó una orquestación. Acompañando a la música con sus movimientos, la modelo y actriz Athina Klioumi, esposa del director de la orquesta, interpretó un papel a modo de sacerdotisa de plantas ataviada con una especie de peplos griego.

El siguiente destino en nuestro viaje fue Dubai, con la ‘Meditación’ -el intermezzo de la ópera Thaïs- de Massenet. Markov tocó magistralmente la parte de violín, en este caso con un violín acústico.

El violinista de origen ruso tuvo de nuevo un papel destacado en la última pieza de este viaje musical, ya que él era el compositor de La gran finale, obra para violín eléctrico de oro, piano y orquesta. Los solistas fueron el propio Markov y Julien al piano. Se trata de una obra ecléctica a modo de quodlibet moderno cuyo comienzo en la parte de piano recuerda a los Estudios de Czerny o Clementi y después evoluciona rápidamente hasta el Rock and roll en la plaza del pueblo de Tequila (1978) -tras pasar por Paganini-, para concluir con el arco del violín transformado en una espada roja a lo Star Wars. Debo reconocer que desconocía la existencia de este violín eléctrico, fabricado en oro y con 6 cuerdas, diseño de James V. Remington. 

El público aclamó a los solistas y a la orquesta y, aunque el concierto aún no había concluido, interpretaron la Danza del sable de Jachaturián, obra en la que Marturet se tuvo que emplear a fondo para solventar los problemas de tempo que surgieron. El concierto concluyó con dos piezas “cósmicas”: Planet nine es el Op 3 de Marturet y fue compuesto en honor del astronauta Soichi Noguchi. En la guitarra eléctrica estuvo Fuguet. Por último, el concierto concluyó con música de E.T. el Extraterrestre, de John Williams.

A juzgar por los cálidos aplausos y ovaciones finales el público disfrutó de este viaje musical y desde ese punto de vista la propuesta fue, sin duda, un éxito.

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