Discos

Pura musicalidad

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 18 de mayo de 2022
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CD Alexander Krichel plays Enescu & Mussorgsky. George Enescu, Suite nº 2 en re mayor op 10. Modest Mussorgski, Cuadros de una exposición. Alexandr Borodin, Nocturne (Petite Suite). Alexander Krichel (piano). Grabado los días 10-12 de mayo de 2021 en la Sendesaal Bremen. Piano: Steinway D. Piano Tuner: Martin Henn. Recording Engineer, Mixing, Mastering: Andreas Neubronner, Tritonus Musikproduktion GmbH. Executive Producer: Daniela Majer (Damacormusic), Marcus Heinicke (Edel). P&C Berlin Classics / Edel Germany Gmbh. Berlin Classics 2021, 0302072BC. Total Time 68:18.
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El pianista Alexander Krichel es bien conocido por sus inusuales interpretaciones y arreglos. Para este CD del sello Berlin Classics, Alexander Krichel plays Enescu & Mussorgsky, ha grabado la Suite nº 2 op 10 de George Enescu junto al clásico de Modest Mussorgski Cuadros de una exposición, y el "Nocturne", de la Petite suite, de Alexandr Borodin.

Son grandes y plásticos sonidos los que escuchamos, sin ninguna histeria de por medio. Masas sonoras concentradas, pero cuidando la transparencia formal. Verbigracia, Alexander Krichel se apodera con brillantez elástica, elegante y clara del Nocturne (toda una rareza) de Borodin. Sea por la técnica o por la soberanía o por los fuegos de artificio con la digitación, el toque del pianista destila musicalidad pura.

Un dato al margen y sugestivo: Borodin no era músico, sino médico y químico de profesión, su familia fue mecenas de Mendeléyev, compañero de estudios en Heidelberg de Borodin, a quien debemos el descubrimiento de las relaciones entre el colesterol y la aterosclerosis. Krichel quería ser matemático y ya había aprobado un difícil examen de la Universidad de Hamburgo para ingresar al selecto grupo de los estudiantes de mayor talento en esa materia. Pero pudo más su pasión por la música y con 15 años comenzó sus estudios en el Conservatorio de esa misma ciudad. Entre 2007 y 2011 fue alumno de Vladimir Karinev, en Hannover, y después continuaría su formación en el Royal College of Music, de Londres, con Dmitri Alexeiev.

El joven artista, que siente lógica e inocultablemente una especial afinidad por la música rusa y para quien el mensaje emocional siempre tiene prioridad, ha ganado entretanto numerosos concursos musicales nacionales e internacionales y ha recibido diversos galardones promocionales, como el primer premio del Concurso de Piano Steinway, y el ECHO Klassik como mejor artista joven en la categoría de piano en 2013. Ha sido además becario de la Fundación Oscar y Vera Ritter, entre otras entidades.

De la mano de Krichel uno reconoce en Cuadros de una exposición todo de inmediato: los niños riñendo, después de jugar; el viejo castillo con sus altas bóvedas; las mujeres parloteando en el mercado; un carro tirado por bueyes que se acerca lentamente; el rápido y caótico ballet de los polluelos en sus cáscaras. En las piezas para piano, la música de Mussorgsky describe los cuadros y rinde homenajea a su difunto amigo Viktor Hartmann.

Krichel nos recuerda, con razón, en su trajinar que la fuerza del relato podría verse fácilmente reducida o interrumpida por una interpretación puramente pedante. Su postura está muy lejos de ello, así como de cualquier artificio ostentoso, por no hablar de virtuosismo, ya que la escrupulosa observancia de las indicaciones de la dinámica da a esta lectura un sabor de lo real. Lo mismo ocurre con “El viejo castillo“, marcado como andantino molto cantabile e con dolore. Esta última indicación da a la pieza una calidad poética de balada en un pianissimo inquietante y su ostinato de la mano izquierda casi inmaterial.

O más adelante, en la sección ''Bydlo'' el carro tirado por bueyes, sempre moderato pesante, llevada a un ritmo hierático hasta el forte del colofón y su rallentendo diminuendo. El scherzino del ''Ballet de los polluelos en sus cáscaras'' es simplemente caprichoso, especialmente en su aireado segundo tema. El contraste con "Samuel Goldenberg & Schmuÿle" es aún más marcado. El tono popular está imbuido allí nítidamente.

También el aspecto vocal, como en ''La place du marché à Limoges'', Allegro vivo, sempre scherzando, para devolver la animación, la impresión de una multitud chachareando hasta el delirio final. También hay algo de lilting en Baba-Yaga, Allegro con brio feroce, pero sin ostentación, interrumpido por una sección de andante mosso, un momento de quietud. En todas partes, el pianista destila estas viñetas con una preocupación innata por los contrastes y un pianismo picante.

Aunque no todos los cuadros tematizados han sobrevivido, como oyente uno se siente cada vez más fascinado por la ejecución de Krichel. Y así se salta de una imagen a otra, de un estado de ánimo a otro. La composición demanda una ejecución ardua, pero sin ser una obra virtuosa.

Sin embargo, es un placer volver a escuchar la versión original para piano de este brillante fresco que Mussorgski compuso en 1874, un caleidoscopio de piezas unidas por un fabuloso tema de estribillo llamado "Promenade" y sus diversas variaciones para servir de transición o introducir un nuevo cuadro.

Es música como sacada de un libro ilustrado. Con Alexander Krichel, quien tiene un inconfundible sentimiento pianístico en el tratamiento del sonido, estas miniaturas cobran especial vida. Pinta con sus tonalidades las imágenes y los estados de ánimo de forma sumamente vívida y colorida. Uno percibe que ya no se trata de imágenes bonitas, sino de los hondos abismos de la psique humana. ¿En qué psicópata piensa usted en estos momentos, amigo lector?

En la "cabaña sobre patas de gallina", una construcción con forma de reloj, donde vive la bruja devoradora de hombres Baba-Yaga quien también utiliza un mortero de piedra para triturar los huesos de los niños, la interpretación de Krichel evoca a esos espeluznantes filmes (léase Psicosis) de Alfred Hitchcock que ponen los pelos de punta al espectador.

El broche de oro es el de la Gran puerta de Kiev, instante en el que el pianista conduce finalmente a su público desde el marco del cuadro directamente a la imagen del lienzo. El artista demuestra aquí ser cambiante en sonido y expresión, pero siempre natural y sin posturas artísticas exageradas

Krichel es un músico seguro de sí mismo, comprometido con su arte, que sobrevivió bastante bien la pandemia y que no se fija en lo que puede venderse bien, sino que solamente toca piezas en las que cree. Su forma de tocar convence y embelesa; juega con los extremos musicales. De ahí que ponga aquí también una suite para piano casi completamente desconocida de George Enescu junto al éxito clásico de Mussorgsky.

La pieza de Enescu tiene pasajes muy danzantes por un lado, y momentos muy oníricos e impresionistas, por otro. Al escucharlo, uno advierte de inmediato que Krichel disfruta entregando su energía; siente una especial conexión con la música que interpreta. La producción de este disco fue una importante decisión entre su mente y su corazón. El regocijo, el entusiasmo y la pasión que rezuma el pianista en este nuevo álbum son compartidos simultáneamente por el oyente.

Aunque Enescu, que se formó en los principales círculos de la escena musical francesa, fue una de las personalidades musicales más influyentes de principios del siglo XX, sus obras rara vez (por no decir nunca) figuran en los programas de concierto centroeuropeos. Krichel se enfrenta a esta incógnita con una pieza temprana del compositor rumano.

Esta obra romántica e impresionista tardía muestra claramente las influencias de la formación de Enescu en París. Desde el principio (Toccata), dominan los cambios constantes de los colores tonales, sin que se aprecien fuertes rupturas. La ligereza surge repetidamente del surco; es fruto de la forma de tocar de Krichel.

En la siempre levitante Sarabande, no se pierde nunca el contacto con el suelo, mientras la música burbujea con total naturalidad una y otra vez. Krichel convence también en la Pavane, especialmente con su hábil presentación de sorpresas dinámicas y armónicas. Las caricaturas, a veces casi planas, de la Bourrée final y la fascinación rítmica completan la obra.

La excelente grabación en la Sendesaal Bremen, en una acústica cercana, capta de forma natural los agudos cristalinos y los graves no algodonosos del piano Steinway D, que está muy bien centrado en la imagen sonora.

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