España - Cataluña

Nuevo debut liederístico

Jorge Binaghi
miércoles, 1 de junio de 2022
Catriona Morison © 2022 by Palau de la Música Catalana Catriona Morison © 2022 by Palau de la Música Catalana
Barcelona, jueves, 26 de mayo de 2022. Petit Palau, Palau de la Música Catalana. Concierto de cámara. Lieder de Grieg, Brahms, Schumann y Elgar. Catriona Morison, mezzosoprano, y Julius Drake, piano
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Se presentaba ante el público de Barcelona (en verano lo hará para la Schubertiada de Vilabertrán, siempre para la Asociación Franz Schubert) esta joven cantante con un programa variado y ‘clásico’ (y siguiendo la vieja escuela con las canciones de Grieg traducidas al alemán).

Empezó precisamente con el op.48 de Grieg, seis lieder que terminan con el famoso ‘Un sueño’. Ya allí se establecieron algunas características vocales e interpretativas. Por ejemplo, si el centro y el agudo en forte es claramente de mezzo, el grave es velado, hueco y escaso, y las medias voces y notas filadas son más de soprano. Otro elemento es que la cantante tiende al susurro, a una restricción deliberada en la emisión (que a veces llega a ser inaudible cuando tiene un soporte fuerte en el acompañamiento pianístico). Asimismo ‘actúa’ demasiado las expresiones que básicamente son una pícara (con gran movimiento de ojos) y una dramática o emocionada (con ojos cerrados o entornados).

Brahms permitió oír mejor un buen alemán, pero si ‘Dein blaues Auge’ y ‘Die Mainacht’ estuvieron bien, no resultaron así ‘Mädchenlied’ y, sobre todo, ‘Meine Liebe ist grün’, donde también el pianista hizo sonar demasiado explosivamente su instrumento, como continuaría haciendo en algunos momentos de los ciclos siguientes (desde ese punto de vista, lo mejor de Drake fueron los Grieg, los dos primeros Brahms, el único bis también de este autor, y algunos de los de Schumann).

De este último se oyeron las Seis canciones de N. Lenau y Requiem, op. 90. En conjunto fueron mejor trazadas que los Brahms, pero al precio de cierta monotonía.

Hubo una pausa larga (no prevista en el programa) para concluir con los poco frecuentes e interesantes Sea Pictures, opus 37 de Edward Elgar. Como no los conozco bien, me parecieron en conjunto largos y poco contrastados, pero es una opinión que vale lo que vale. En el canto no se notó la mayor comodidad que suele darse cuando se canta en la lengua materna, y no es que tampoco se entendiera mejor que el alemán probablemente por esa tendencia a minimizar el sonido aunque en la tercera y en la última lo liberó en algunos momentos y la diferencia resultó bastante impactante aunque, de nuevo, demasiado marcada.

Como queda dicho, ante los aplausos agregó un bis de Brahms. Había bastante público para un concierto de estas características en día de semana y no dejaron de oírse móviles, toses y caídas de objetos o golpes nunca muy oportunos.

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