España - Madrid

La sinceridad de Giselle

Germán García Tomás
viernes, 3 de junio de 2022
Giselle © 2022 by Teatro Real Giselle © 2022 by Teatro Real
Madrid, sábado, 21 de mayo de 2022. Teatro Real. Giselle. Ballet en dos actos. Música: Adolphe-Charles Adam (versión musical: Joaquín de Luz y Óliver Díaz). Coreografía y dirección de escena: Joaquín de Luz (a partir de la original de Jules Perrot y Jean Coralli). Dirección musical: Óliver Díaz. Libreto: Borja Ortiz de Gondra y Joaquín De Luz (a partir del original de Jules Henry Vernoy y Theóphile Gautier). Dramaturgia: Borja Ortiz de Gondra. Diseño de escenografía: Ana Garay. Diseño de vestuario: Rosa García Andújar. Diseño de iluminación y creación de vídeo: Pedro Chamizo. Espacio sonoro: Víctor Tomé. Orquesta Titular del Teatro Real. Ocupación: 95%.
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Como ya hizo en diciembre de 2020 en el Teatro de la Zarzuela, la Compañía Nacional de Danza ha vuelto a presentar en Madrid, en este caso en el Teatro Real, su visión de Giselle de Adolphe Adam en la redonda coreografía diseñada por su director Joaquín de Luz a partir de la original decimonónica, con un especial atractivo: la presencia de bailarinas ucranianas dando vida a la protagonista.

El sutil arte de Katja Khaniukova, primera solista del English National Ballet, ha sido el que en la postrera noche de las cuatro únicas funciones ofrecidas pudimos disfrutar los que nos acercamos de nuevo a presenciar esta propuesta sumamente realista y evocadora de la imaginería y fantasía romántica propia de los cuentos góticos de Theóphile Gautier y que hace uso aquí de tres poemas amorosos de Gustavo Adolfo Bécquer (menos que en la Zarzuela) en recitaciones en off, que no se trata más que de un mero aderezo al principio de cada acto –declamados por Pedro Alonso- y al final de la representación coreográfica -en la voz de Ángela Cremonte-. 

Pieza enlazada

Nos remitimos a todo lo que reseñamos en 2020 sobre la respectiva función en el coliseo de Jovellanos renovando con intensidad nuestra admiración por el buen gusto de los marcos escenográficos construidos por Ana Garay, el cuidado vestuario de época y prototípico de ballet blanco debido a Rosa García Andújar y el oportuno complemento videográfico de Pedro Chamizo para la creación de ambientes, especialmente el clima oscuro y tenebroso, repleto de brumas, del segundo acto, lo más atractivo de la puesta en escena, al margen del colorido campestre del primero.

Giselle, coreografía de Joaquín de Luz. © 2022 by Alba Muriell / CND.Giselle, coreografía de Joaquín de Luz. © 2022 by Alba Muriell / CND.

La bailarina oriunda de Kiev aportó su caracterización introspectiva, delicada, hasta frágil y sumamente sincera del personaje en una exhibición en absoluto ostentosa en sus apariciones a solo, brindando instantes de gran ensoñación y magia escénica junto al italiano Alessandro Riga, en lo que fue una nueva oportunidad de fascinarnos ante su recreación de Albrecht, elegante, afectada levemente, de una limpieza intachable en piruetas y giros sobre puntas en su escena del segundo acto junto a las willis, lo que le convierte en cuanto a entrega, expresión corporal y credibilidad teatral en uno de los mayores puntales de la compañía de ballet liderada por ese gran artista que es siempre Joaquín de Luz.

Giselle, coreografía de Joaquín de Luz. © 2022 by Alba Muriell / CND.Giselle, coreografía de Joaquín de Luz. © 2022 by Alba Muriell / CND.

No hay que dejar de apuntar el Pas de deux en la escena de los campesinos que realizaron en esta función Anastasiia Hurska y Anthony Pina, así como el buen desempeño de Toby William Mallitt como el antagonista Hilarión y la teatral Berthe, madre de Giselle, de Eva Pérez. Entre el espectáculo de perfección, simetría y plasticidad del cuerpo de ballet femenino, que convierte a todo el segundo acto en una galería de belleza visual, la Myrtha de Natalia Muñoz impone con discreción su autoridad como líder del grupo.

La música de Adam encuentra una óptima realización en la equilibrada dirección de Óliver Díaz, que va ganando enteros a medida que avanza la representación y que, huyendo del efectismo fácil, consigue mantener el clima narrativo de la partitura con inclinación hacia los tempi lentos, como en el recurrente tema principal de Giselle, sin renunciar a la descarga dramática al final del primer acto y primando la evanescencia orquestal en todo el segundo, con una especial finura en los timbres de las maderas

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