Alemania

Igor Levit y la Passacaglia DSCH

Juan Carlos Tellechea
jueves, 16 de junio de 2022
Igor Levit © 2019 by Peter Wieler Igor Levit © 2019 by Peter Wieler
Düsseldorf, viernes, 10 de junio de 2022. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Solista Igor Levit (piano). Solista Igor Levit (piano). Ronald Stevenson, Passacaglia on DSCH. Concierto extraordinario de Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf. 35% del aforo.
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No contento con tocar los monumentales 24 Preludios y fugas de Dmitri Shostakovich, Igor Levit quiso combinarlos, en un recital extraordinario de Heinersdorff Konzerte – Klassik für Düsseldorf, con otro desafío no menos inmenso, la Passacaglia On DSCH, de Ronald Stevenson, escrita entre 1960 y 1961. Este compositor escocés, pianista niño prodigio, poco conocido en Europa continental, cultivó una forma de utopía artística y reivindicó su pacifismo.

La obra está concebida como un homenaje a Shostakovich, un colega muy admirado, hasta el punto de tomar prestado su famoso monograma musical, DSCH, como título, concebido a su vez a partir de las cuatro letras iniciales de su nombre y su equivalente en notas musicales según el alfabeto musical alemán (Re-Mi bemol-Do-Si). 

El resultado, llevado también al disco, es otro espectacular viaje pianístico de lo más extremo. Igor Levit adopta el enfoque del músico y lo hace suyo, integrándolo en la dialéctica conceptual que defiende sobre su propia visión de la música y la misión del intérprete, tal como subraya:

La Passacaglia es un verdadero compendio de vida, un tipo de música que nos habla de nuestra responsabilidad con el mundo en su conjunto", decía el pianista en una reciente entrevista. "Una combinación de calidez, inmediatez y pura soledad (…) un ritual de autoexploración y autodescubrimiento, que aborda las cuestiones más íntimas.

Consta de tres partes y 21 números tocados en secuencia. La "Pars prima" consta de nueve secciones, entre ellas una 'Sonata' que inicia la obra con fuerza, una 'Suite', compuesta a su vez por ocho piezas basadas en la suite francesa, una pieza titulada 'Pibroch' (Lamento para niños), derivada de una melodía tradicional escocesa, y un fascinante ¡Nocturno' final. 

"Pars altera", que comienza con un 'Reverie-Fantasy' continuando la atmósfera calmada del nocturno anterior, ofrece varias secciones, incluyendo una 'Fanfarria' llena de racimos cataclísmicos, un 'Fandango' con sutiles reminiscencias del palo flamenco, una sección titulada 'Pedal-point: To emergent Africa', que recuerda el Dies irae, y una 'Variación en Do menor' que termina esta agitada parte. 

La última parte del tríptico inicia el retorno a Bach. Esta "Pars tertia" se abre con un 'Adagio: homenaje a Bach'. El tema de la Toccata para órgano en re menor es el punto de partida, al que sigue una triple fuga en tres temas: una invención aérea y muy compleja de la mano del músico, una fuga sobre el nombre de B A C H y finalmente el tema del Dies irae, un homenaje a las víctimas del Holocausto. 

La última pieza, "Variaciones finales", marcada como "adagissimo barocco", y que debe tocarse con un sentido del espacio casi gagarinesco, nos recuerda que el mundo fue entonces, en 1961, conquistado por el primer vuelo espacial de Yuri Gagarin.

Una suma, pues, que no tiene nada que envidiar al fenomenal piano de Ferruccio Busoni. Pero no siempre evoluciona al mismo nivel de inspiración y a veces deja una impresión de longitud. Y sobre todo de la heterogeneidad de la lengua. La sensación de que el pensamiento no siempre es fácil de condensar, al contrario de lo que consiguió Shostakovich, acorralado por un esquema preestablecido. 

¿Qué podemos decir de la interpretación de este otro monumento? Fiel a su estilo, Igor Levit ofrece un pianismo total. Busca sobre todo la épica, la obra de gran tamaño. El desafío, como siempre, es extremo. En sus manos, la hora y 20 minutos de duración previstos (sin pausas), parecen transcurrir en solo 30 vueltas de la aguja del cronómetro. Es demasiado concienzudo en su aproximación al material como para negarnos los encantos y también los retos de esta música. 

Levit seca tres veces con la manga derecha de su casaca las gotas de transpiración que asoman a su frente mientras cuestiona cada página de esta vorágine, que al mismo tiempo se basa a menudo en pequeñas formas, como los Preludios y las Fugas de Shostakovich. Lamentablemente no había mucho público en la gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf, pero todos los asistentes, fieles seguidores de Igor Levit, se pusieron espontáneamente de pie para ovacionar a esta revelación pianística durante largos y más largo minutos. Fue una velada memorable de Heinersdorf Konzerte – Klassik für Düsseldorf.

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