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Cambio climático

XXXI Cumbre del G7: Alemania prioriza cooperación mundial en política climática

Juan Carlos Tellechea
lunes, 20 de junio de 2022
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En la cumbre del G7 que se celebra en estos días en Schloss Elmau (Castillo de Elmau), Alta Baviera, el Gobierno alemán quiere promover, entre otros asuntos, la cooperación internacional en materia de clima y crear un club climático con este propósito. Argentina (con su presidente, Dr. Alberto Fernández) es el único país de Iberoamérica invitado a participar en la reunión. También Ucrania (con su presidente Volodimir Zelenski) se sumará al cónclave en vídeoconferencia.

El canciller alemán, Olaf Scholz, presenta a Alemania como una potencia líder, tratando de disipar la impresión de incertidumbre que ha despertado en los últimos meses. Para Ucrania, concretamente propone un Plan Marshall de reconstrucción.

La transformación ecológica, la cohesión social y la sostenibilidad fiscal debían caracterizar la presidencia alemana del G7. En cambio, la agresión geopolítica, la regresión democrática y el desentendimiento geoeconómico dominan esta cumbre en Schloss Elmau. Todos los gobernantes aquí congregados, sin excepción, tienen problemas internos y afrontan grandes presiones políticas.

Cuatro desafíos

El G7 tiene que superar cuatro retos al mismo tiempo, escribe el Dr. Lars Brozus, coordinador de un nuevo análisis realizado colectivamente y difundido esta semana por una decena de expertos de la Fundación Ciencia y Política (SWP), el gabinete estratégico que asesora al gobierno y al parlamento de Alemania. En el trabajo titulado El G7 en tiempos de guerra: La gestión de la crisis y la configuración del futuro -que recomendamos muy especialmente- en el que participan las Dras. Marianne Beisheim, Bettina Rudloff, Melanie Müller, Annegret Bendiek y Alexandra Sakaki, y los Dres. Lars Brozus, Christian Wagner, Hans W. Maull, Johannes Thimm y Nicolai von Ondarza.

El primer reto es mantener la unidad como grupo, afirma el Dr. Lars Brozus. Hasta ahora, la postura del G7 en apoyo de Ucrania contra la guerra de agresión de Rusia ha sido clara y estable, pese a todos los intentos de Moscú por avivar las diferencias. Sin embargo, esta cohesión no puede darse por sentada. En noviembre se celebrarán en los Estados Unidos las elecciones al Congreso. Independientemente del resultado, es probable que las cuestiones internas se conviertan en el centro de la política estadounidense a medida que se acerque la campaña presidencial de 2024. Como resultado, el papel de liderazgo internacional que Washington retomó tras la derrota del presidente Donald Trump en 2020 podría verse afectado.

En segundo lugar, se trata de reforzar la cohesión dentro de los Estados miembros. La capacidad de permanencia política de los gobiernos del G7 -en lo que respecta a la posición sobre Ucrania, pero también a la gestión de los enormes retos de transformación como el cambio climático, la sostenibilidad y la transición energética- necesita el respaldo social. Los éxitos electorales que los partidos nacional-chauvinistas han cosechado en casi todos los países del G7 en los últimos años se deben, entre otras cosas, a la creciente brecha social. Por lo tanto, el G7 debe continuar con el rumbo que marcó bajo la presidencia británica en 2021. El objetivo es orientar las políticas internas y económicas de forma más coherente hacia la inclusión social para promover la cohesión interna y la estabilidad política.

Empobrecimiento

En tercer lugar, el G7 debería promover un mayor apoyo internacional a Ucrania. Hasta ahora, menos de una cuarta parte de los miembros de la ONU sancionan la agresión rusa, la mayoría de ellos son naciones industrializadas establecidas. Sin embargo, el Sur Global está mucho más directamente expuesto a las consecuencias del conflicto, como la escasez de recursos y el empobrecimiento. Con Argentina, India, Senegal y Sudáfrica, importantes potencias regionales han sido invitadas a Schloss Elmau, y con Indonesia, que ejerce la presidencia del G20. La participación de Kiev en la cumbre ofrece una oportunidad para reforzar la solidaridad con la víctima de la agresión, especialmente si los países anfitriones y Ucrania también se incluyen en el proceso del G7 a través de los parlamentos, así como de las empresas y la sociedad organizadas.

En cuarto lugar, el G7 debe ser un motor de transformación en cuestiones importantes. Esto abarca desde la política climática, la digitalización y la sostenibilidad hasta la seguridad alimentaria y energética y la tributación mínima global de las empresas. Ante las múltiples crisis, cada vez son más urgentes las medidas de precaución específicas, que a su vez requieren una detección temprana y precisa de las crisis. Sobre la base de las experiencias positivas realizadas con la ayuda humanitaria prospectiva, el potencial de las previsiones de acontecimientos concretos también debería aprovecharse sistemáticamente para otros ámbitos políticos. Una plataforma de previsión conjunta de los países del G7 podría seguir el modelo del Bazar Cósmico británico.

Uno de los objetivos del encuentro de Elmau es promover la aplicación de los objetivos climáticos de París y, en el mejor de los casos, convertirse en una amplia alianza de países ambiciosos en alcanzar esas metas. Sin embargo, a la vista del ataque ruso a Ucrania, ahora se plantean cuestiones urgentes sobre la cooperación en política energética en el G7. La seguridad del suministro como prioridad a corto plazo debe conciliarse con el objetivo de la política climática de una descarbonización más rápida y la agenda climática internacional.

Cuerpo sano en un planeta sano

El impacto de la guerra - no solo en el orden de la paz internacional y el suministro de energía, sino también en el de la seguridad alimentaria y otros objetivos de desarrollo sostenible - es cada vez más claro. La pandemia y la guerra demuestran la estrecha relación entre los problemas. Para hacer frente a múltiples crisis simultáneamente, serían útiles los enfoques sistémicos (verbigracia, "Una sola salud"; "Economía verde"; "Más allá del PIB") que aprovechan las sinergias y abordan objetivos contradictorios, incluyendo paquetes de medidas e inversiones.

Un club del clima, de concretarse esta idea, podría impulsar las metas de París, con acuerdos sobre enfoques normativos y proyectos climáticos conjuntos. Sin embargo, de cara al proceso climático internacional, hay que evitar que la iniciativa se perciba como un club de países ricos. “Por lo tanto, el gobierno alemán debería centrarse en las expectativas de su iniciativa: Se necesitan señales para la COP27 que se celebrará en Egipto en otoño, sobre todo mediante el aumento de la financiación climática. También es importante configurar el Club G7 como una iniciativa ambiciosa pero inclusiva“, afirma otro análisis de la SWP).

En la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), celebrada en Glasgow (COP26), ya se hizo hincapié en la forma de aplicar más rápidamente los planes nacionales de política climática (véase el comentario 2/2022 del SWP). Para ello, se pusieron en marcha varias iniciativas nuevas de protección del clima con la participación de Alemania.

Pacto Verde

La intensificación de la cooperación es importante porque la UE, debido a sus diversas interdependencias económicas y políticas, no puede poner en práctica por sí sola ni su Green Deal ni los objetivos consagrados en la Ley Europea del Cambio Climático,

sostienen la Dra. Susanne Dröge y el Dr. Marian Feist, destacados expertos en política climática de la SWP. Ver asimismo otro reciente análisis de este laboratorio de ideas titulado La eliminación del CO2 como componente integral del 'Pacto Verde', Green Deal, europeo, de los politólogos Felix Schenuit (M.A.), Dra. Miranda Böttcher y el Dr. Oliver Geden.

Junto con Argentina, India, Sudáfrica, Senegal y el anfitrión del G20, Indonesia, el gobierno alemán ha invitado a cinco importantes socios a la cumbre del G7, así como a Ucrania, en Alemania. Llegar a un entendimiento con ellos sería una importante señal de inclusión. Esto ayudaría al gobierno alemán a caminar por la delgada línea entre el fortalecimiento de la cooperación internacional y su percepción de socavamiento por el avance descoordinado de un grupo de países ricos industrializados, sugieren estos investigadores del SWP.

Los países del G7 son los que están en mejor posición para desarrollar estos sofisticados enfoques de las múltiples crisis hasta el punto de la madurez política. Deben impulsar la realización de estos planteamientos, 

acota a su vez la Dra. Marianne Beisheim, experta de la citada Fundación Ciencia y Política. Los paquetes integrados de medidas prometen éxitos más rápidos y eficaces, pero son políticamente más difíciles de comunicar y aplicar. Hay que superar la inercia y las reservas sociales y políticas.

Por un lado, cada vez es más evidente la limitada capacidad de los sistemas políticos para garantizar el bienestar de sus ciudadanos a largo plazo por las vías tradicionales. Por otra parte, solo se dejará de recurrir a las viejas recetas (por ejemplo, el carbón o la energía nuclear) cuando se disponga de otras nuevas y convincentes que combinen la necesidad de una transformación fundamental con la consideración de las necesidades de la sociedad y también de los intereses establecidos (como en el caso del precio del CO2 socialmente amortiguado).

Club del Clima

Las señales correspondientes son importantes no solo para los propios países del G7, sino también para los procesos multilaterales y los enfoques plurilaterales, como el Club del Clima o las asociaciones de "transición energética justa". Estas soluciones de los clubes funcionan mejor cuando pueden ofrecer beneficios a sus miembros: Los paquetes de medidas prometedoras, que incluyen apoyo financiero o tecnológico, serían un incentivo atractivo para hacerse socio de un club y emprender nuevos caminos.

En principio, las presidencias del G7 del Reino Unido (2021) y Alemania (2022) se caracterizan por un alto grado de continuidad, escribe por su lado el Dr. Nicolai von Ondarza. Los dos equipos del G7 se coordinan intensamente entre sí para que las principales líneas de negociación puedan seguirse con coherencia. Sin embargo, hubo que establecer otras prioridades debido al ataque ruso a Ucrania.

Desde la perspectiva británica, cuatro objetivos deberían estar en primera línea del proceso del G7 de este año: El primer objetivo es la coordinación efectiva de las sanciones contra Rusia y la ayuda económica a Ucrania. Londres ha apoyado a Kiev desde antes de que comenzara la guerra, tanto con suministros de armas como con entrenamiento militar. Además, el gobierno británico está presionando para que se impongan duras sanciones en el G7, a pesar del importante papel que desempeña el capital ruso para Londres como centro financiero. Una segunda prioridad son las respuestas coordinadas a los efectos indirectos de la guerra, especialmente en el suministro mundial de alimentos y energía.

En tercer lugar, es esencial para Londres que el G7 siga participando en la elaboración de la política climática internacional. En 2021, el Reino Unido copresidió las negociaciones climáticas de la COP26 con Italia, vinculando estrechamente la agenda climática del G7. Además, Londres quiere profundizar en el Pacto por la Naturaleza del G7 acordado en 2021. El gobierno del Reino Unido está abierto a la idea de Alemania de crear un "club del clima", siempre que sea inclusivo. La cuarta prioridad es coordinar la gestión de las interrupciones en las cadenas de suministro mundiales y el reto económico que suponen las autocracias, sobre todo China y Rusia. Aquí, Londres quiere aprovechar el "Consenso de Cornualles" de 2021 y propone ampliar el G7 hasta convertirlo en una especie de OTAN económica, señala el Dr. Nicolai von Ondarza.

Sin éxito

Para el Reino Unido post-Brexit, el G7, además de su pertenencia permanente al Consejo de Seguridad de la ONU, es un foro importante para perseguir sus objetivos como "Gran Bretaña Global". Esto permite al gobierno británico negociar las sanciones en igualdad de condiciones con los Estados Unidos, los socios europeos, así como Japón y Canadá. Durante su presidencia en 2021, Londres también ha aprovechado el nuevo margen de maniobra y ha trabajado mucho más que antes en el G7 para lograr declaraciones conjuntas de los ministros de Asuntos Exteriores, por ejemplo sobre Siria, China/Hong Kong o Bielorrusia. Sin embargo, esto no tuvo continuidad en esta forma durante la presidencia alemana del G7. Londres aún no ha podido impulsar la idea de ampliar permanentemente el G7 para incluir a socios como Australia, Corea del Sur o India para formar un D10 de Estados democráticos, subraya el experto.

Lamentablemente no podemos difundir aquí como quisiéramos en toda su extensión y traducidos al español, estos interesantes aportes científicos. Pero con ayuda de uno de los mejores sistemas automáticos de traducción vía internet nuestros lectores, si así lo desearan, podrían profundizar en la lectura de estos encomiables trabajos.

Una fiel lectora alemana de mundoclasico.com que hila muy fino en materia de política, me preguntaba con curiosidad los otros días: 

¿y por qué nuestro canciller Olaf Scholz invita a la Argentina y no a Brasil (con el presidente Jair Bolsonaro, y los incendios en la Amazonia) a la reunión, por qué actúa con esa emocionalidad? 

La respuesta parece obvia. En este año de elecciones presidenciales en el gran país sudamericano hay allí mucho que hacer. Más aún, cuando la figura de Luiz Inacio “Lula“ da Silva se eleva como único adversario con posibilidades de derrotar a Bolsonaro.

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