Reino Unido

Mejorando a Saint Saëns

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 22 de junio de 2022
Jones, Sansón y Dalila © 2022 by Clive Barda / ROH Jones, Sansón y Dalila © 2022 by Clive Barda / ROH
Londres, jueves, 16 de junio de 2022. Royal Opera House (ROH) en el Covent Garden. Sansón y Dalila, ópera en tres actos y cuatro escenas, con libreto de Ferdinand Lemaire y música de Camille Saint Saëns. Puesta en escena de Richard Jones. Sansón: SeokJong Baek. Dalila: Elīna Garanča. Sumo sacerdote: Łukasz Goliński. Abimélech: Blaise Malaba. Rabino: Goderdzi Janelidze. Coros y orquesta de la ROH conducidos por Antonio Pappano.
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Sansón y Dalilah siempre me pareció una ópera medio pelmazo y amanerada. Hasta que la agarró Antonio Pappano en esta nueva producción de Richard Jones para el Covent Garden. Una advertencia suya fundamental incluida en una entrevista en el programa de mano, sugiere no considerarla como una grand opéra francesa sino más bien como culminación de una tradición musical que va desde las fugas de Bach en la polifonía de los coros iniciales hasta la variedad cromática del romanticismo tardío alemán. Y hay más todavía, porque, según Pappano, “en medio de esa vena germánica irrumpen elementos del estilo operístico mediterráneo, con coros y danzas pegadizas y divertidas y, por supuesto, la música de Dalila.“ 

Esta variedad de elementos fue aunada por él en una interpretación magistral, a la vez perceptiva hasta el más recóndito detalle de la diversidad de estilos e influencias, y también unificadora en su tratamiento dramático. Ya al comienzo, los chelos se explayaron con una parsimonia premonitoriamente marcada y los contrapuntos y cambios de clave se concatenaron con la claridad de una música de cámara. Y la orquesta y el coro estuvieron a la misma altura en la riqueza de contrastes cromáticos y exactitud de marcado. 

El dúo de amor fue de una expresión lo suficientemente contenida como para evitar una intimidad dulzona, y de acuerdo a las instrucciones de Jones, la talentosa Elīna Garanča nos dejó entrever claramente que aquí no canta una infatuada por amor sino una activista política dispuesta a aniquilar a su amante. Su canto fue insuperable por su fraseo y brillantez en el registro medio-alto, y el “repond a ma tendresse” sonó sin cursilería hollywoodense, más como una conminación que como un ruego. En el registro grave Garanča pareció forzar el apoyo de algunas notas y ello lleva a preguntarse si este rol no es demasiado bajo para ella.

SeokJong Baek en ‘Sansón y Dalila’ de Saint Saëns. Antonio Pappano, dirección musical. Richard Jones, dirección escénica. Londres, Royal Opera House, junio de 2022. © 2022 by Clive Barda / ROH.SeokJong Baek en ‘Sansón y Dalila’ de Saint Saëns. Antonio Pappano, dirección musical. Richard Jones, dirección escénica. Londres, Royal Opera House, junio de 2022. © 2022 by Clive Barda / ROH.

Su víctima fue un Samson espectacular. En su primer trabajo en un teatro de ópera internacional SeokJong Baek debutó en el rol con extraordinaria solidez de apoyo y densidad de timbre. Y también actuó con entrega y espontaneidad. Su registro se extiende sin quiebres o pérdida de densidad desde los graves para permitirle colocar sus agudos sin aparente esfuerzo. Uno de éstos, el segundo “Je t’aime” del dúo de amor, fue de antología: ni gritado ni en semi-falsete sino redondeado con un mezzo-piano cálido y maravillosamente proyectado.

La pericia de Pappano despojó de vulgaridad a la bacanal del último cuadro para transformarla en un vibrante calidoscopio de ritmo y color y fue en este número que la puesta de Richard Jones, contemporánea en su vestuario y su significado, se impuso con irresistible convicción.

Metafóricamente hablando, los “filisteos” pueden ser, en castellano, y mas aún en inglés, personas vulgares, de escasa sensibilidad y adoradoras de la banalidad, el dinero y el materialismo. Y así los vemos en la bacanal de esta nueva producción: hombres y mujeres vestidos de ocasión para una recepción finolis se abandonan a un desenfrenado y estúpido fiestón alrededor de un un ídolo enorme, cabezudo y de risa estúpida ubicado en un altar de artículos de consumo. 

‘Sansón y Dalila’ de Saint Saëns. Antonio Pappano, dirección musical. Richard Jones, dirección escénica. Londres, Royal Opera House, junio de 2022. © 2022 by Clive Barda / ROH.‘Sansón y Dalila’ de Saint Saëns. Antonio Pappano, dirección musical. Richard Jones, dirección escénica. Londres, Royal Opera House, junio de 2022. © 2022 by Clive Barda / ROH.

No todos entendieron este concepto central a la puesta. Por ejemplo la crítica del Financial Times la cuestionó con un risueño interrogante: "Are people who just want fun in life really so murderous?" (traducción: ¿pero pueden ser tan asesinos quienes en la vida solo aspiran a un poco de cachondeo?). Muchos vieron en este comentario una risueña alusión a los muchos lectores que abren este periódico para ver más como van a andar sus acciones que para interesarse en la sección de cultura. Porque … ¡precisamente!, es en la banalidad y la indiferencia que residen las mayores crueldades. 

La otra cara de los filisteos cachondos de la bacanal son esos soldados que siguen divirtiéndose cuando matan y torturan a sus opuestos, en este caso esos judíos a quienes esclavizan como un entretenimiento más. Aquí Jones pareciera querer evocar a los guardias mercenarios del Medio Oriente o a los esbirros de la cárcel de Guantánamo. Al frente de ellos Łukasz Goliński interpretó histriónicamente un sumo sacerdote que aquí es reemplazado por un Generalísimo condecorado con multitud de medallas.

SeokJong Baek y Goderdzi Janelidze en ‘Sansón y Dalila’ de Saint Saëns. Antonio Pappano, dirección musical. Richard Jones, dirección escénica. Londres, Royal Opera House, junio de 2022. © 2022 by Clive Barda / ROH.SeokJong Baek y Goderdzi Janelidze en ‘Sansón y Dalila’ de Saint Saëns. Antonio Pappano, dirección musical. Richard Jones, dirección escénica. Londres, Royal Opera House, junio de 2022. © 2022 by Clive Barda / ROH.

Frente a estos filisteos, Jones cae en el estereotipo de presentar a los hebreos como judíos ortodoxos demasiado obsesionados con la Torah. Tal vez fue un estereotipo necesario para contrarrestar a los opresores con zelotes encerrados en una existencialidad opuesta pero similarmente extrema. Goderdzi Janelidze los encabezó como un rabino asertivo e inspirado, pero curioso hasta el punto de tratar de tocar a Dalila para ver si ésta es de carne y hueso. El molesto rechazo de Garanča aportó una de esas gemas de fugaz comicidad con que Jones sabe de vez en cuando desafiarnos en medio de un drama.

La última escena comienza con una Dalila vestida de oro que parece descorazonarse con una mezcla de tedio y remordimiento al verse adorada a la par del ídolo cabezón. Sobre el final, Sansón arranca al Generalísimo el hacha con que este quiere ejecutarlo y las vigas del salón de fiesta comienzan a descolocarse justo antes de caer el telón. Algo parecido ocurría con la memorable producción anterior de Elias Moshinsky, quién proponía dos enormes torres a punto de desplomarse sobre una audiencia que sólo se salvaba gracias al telón final.

Por la producción de Moshinsky desfilaron celebridades como Jon Vickers, Plácido Domingo y José Carreras (Sansón) y Shirley Verret, Olga Borodina y Agnes Baltsa (Dalilah). Esta reposición enfrentó estos recuerdos oponiendo a un elenco de similar altura y una dirección musical inigualable (con perdón de Colin Davis), hasta que alguien me demuestre lo contrario.

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