España - Madrid

Revival zarzuelero

Germán García Tomás
viernes, 15 de julio de 2022
Cartel de 'El orgullo de quererte' © 2022 by Teatros del Canal de Madrid Cartel de 'El orgullo de quererte' © 2022 by Teatros del Canal de Madrid
Madrid, jueves, 7 de julio de 2022. Teatros del Canal (Sala Roja). El orgullo de quererte. Zarzuela en versión de concierto. Música: Javier Carmena. Libreto: Felipe Nieto. Estreno absoluto. Director musical: José Luis López Antón. Reparto: Ruth Iniesta, María Rey-Joly, Victoria Marchante e Isabel Egea (sopranos), Milan Perisic (barítono), Santiago Ballerini (tenor), Enrique Viana (narrador). Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Director del coro: Josep Vila. Ocupación: 95%
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La zarzuela es básicamente un género musical de una época muy determinada de nuestra historia. Muchos han sido los intentos en los últimos años de componer una obra de teatro musical a la que se ha querido bautizar como zarzuela, pero lo cierto es que han sido contados los ejemplos que han logrado recuperar el espíritu de lo que verdaderamente es y entendemos por zarzuela al uso, más allá de la alternancia entre partes habladas y cantadas. 

Sorprendentemente, en este 2022 se ha obrado el milagro de resucitar el mélos de las zarzuelas clásicas con fidelidad a la más pura tradición del género. Y se ha hecho, con motivo de la semana del Orgullo Gay en Madrid, con el estreno en los Teatros del Canal de El orgullo de quererte, una zarzuela con todas las letras compuesta musicalmente por el polifacético artista Javier Carmena -aparte de compositor, miembro como tenor de diversas formaciones corales y pianista acompañante- y el libretista Felipe Nieto, miembro del Coro de RTVE. 

Resulta asombroso comprobar cómo ambos autores han conseguido compenetrarse de tal forma en este proyecto que les ha llevado varios años hasta el punto de configurar una obra que contiene una enorme cantidad de ingredientes zarzuelísticos contando con una temática puramente actual como es el romance entre dos hombres homosexuales, y que es otra de las esencias de una amplísima parte del teatro lírico español, la de retratar historias y temas cotidianos y/o contemporáneos, especialmente en la zarzuela de ámbito costumbrista que hizo del género chico todo un fenómeno de masas a finales del siglo XIX y principios del XX.

Pero no estamos aquí ante una zarzuela en un acto, sino ante toda una zarzuela madrileña en tres actos -cómo no, contando con Madrid como la capital del Orgullo en el mundo-, una obra de género grande tal y como se implementaría en las décadas de los 30 y 40 del siglo XX. La recreación de la tradición más ortodoxa por parte de Carmena y Nieto en El orgullo de quererte es por tanto una revisitación de los moldes establecidos en las comedias líricas del oriundo de la tierra madrileña Federico Moreno Torroba, los sainetes líricos del granadino Francisco Alonso o del donostiarra Pablo Sorozábal y aquellas zarzuelas (hacemos un guiño al libro de Ramón Regidor) de José Serrano que el levantino ambientó en la villa y corte.

Ese es el modelo formal, el de la zarzuela grande del siglo XX, -repetimos- del que beben -que bebe a su vez de la época gloriosa del género chico- y que consiguen revivir fielmente, tanto a nivel literario (planteamiento, nudo y desenlace, abundancia de términos castizos en el texto) como musical (pasacalles, chotis, romanzas, dúos, números de foxtrot de los personajes más amables y hasta un muy desarrollado concertante operístico). 

Los coros que pueblan la partitura -como el inicial y pegadizo “Veranito, veranito”, muy típico de verbena-, destilan la esencia genuinamente castiza y chispeante de Federico Chueca y Joaquín Valverde, amén de un chulesco chotis dedicado a la propia capital (“Bendita gloria”) que firmaría el propio músico nacido en la Torre de los Lujanes, Tomás López Torregrosa o Quinito Valverde, y hasta el propio Moreno Torroba -recordemos su “Chotis del café” de María Manuela-. 

En ese juego de concomitancias con el pasado, se destaca la música instrumental de esencia hispana con cadencias andaluzas que pasaría por un intermedio surgido de la pluma de Moreno Torroba, romanzas y dúos apasionados de los dos varones que suenan a Sorozábal o Alonso, y también podrían atribuirse a la autoría de ambos los dos fox que se incluyen en la obra. Ya en un nivel musical más complejo el concertante final del acto segundo tiene ribetes veristas, y asoman por ahí andamiajes contrapuntísticos tipo Reveriano Soutullo y Juan Vert, que igualmente compusieron una zarzuela madrileña: El último romántico.

Esa recreación de la tradición se logra aquí con lo que a nuestro entender SÍ hay que hacer para que una obra que se quiere denominar zarzuela triunfe: crear números de amplia vena melódica encajando de forma natural la música con el texto: la prosodia del texto se respeta y las frases de versos cuyos metros se cantan en melodías de fácil recuerdo y seguimiento. En resumen, lo que hicieron nuestros grandes autores de zarzuela en el pasado, y cuya lección muchos compositores de nuestros días no parecen haber aprendido en sus arrebatos vanguardistas. Felizmente, no es el caso de Javier Carmena y Felipe Nieto, que han dado en la clave, dejando claro el amplísimo conocimiento que tienen y el estudio riguroso que han dedicado a nuestra zarzuela.

Pese a todo ello, no nos encontramos ante una zarzuela representada, que sí semiescenificada, en la que no tenemos diálogos ni interacción entre cantantes más allá de los números musicales que la conforman. Por ello, esta zarzuela de temática gay pero de raíces clásicas y ortodoxas requería de un hilo conductor de la trama que se nos quiere contar, y ese hilo es la única narración ora omnisciente ora en primera persona como partícipe de la acción, del genial Enrique Viana, cuya extravagante y alambicada vis cómica plagada de sus acostumbradas morcillas, espontáneas improvisaciones y símiles disparatados, como cada vez que aparece en un escenario, vuelve a provocar tumultuosas carcajadas en la sala, lo que le convierte en la atracción de feria de este estreno absoluto. 

Unos muy entregados Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid hacen brillar la esmerada factura musical bajo la batuta del joven José Luis López Antón, un director que extrae el jugo rítmico y el colorido instrumental (con jugoso empleo de castañuelas, xilófono o arpa en la plantilla) a la cuidada partitura de 17 números, en lo que es un nuevo hito en su ascendente y prometedora carrera directorial.

Las voces solistas congregaron lo mejor de la lírica, desde una extrovertida Ruth Iniesta en su registro más cómico y su actitud más desenfadada junto a su par de amigas maris, a cargo de las integrantes del Coro de la Comunidad Victoria Marchante e Isabel Egea, que se desenvolvieron con mucha gracia en los números más movidos; pasando por la soberbia proyección vocal y el metal varonil del tenor argentino Santiago Ballerini (curiosamente pareja artística de Iniesta en la reciente producción de The Magic Opal de Albéniz del Teatro de la Zarzuela) dando vida al joven Tadeo -qué nombre innegablemente más zarzuelero por aludir al padre de Música clásica de Chapí- y el barítono Milan Perisic como Alonso, que en la dicción no oculta su origen eslavo y que fue más comedido canoramente pero digno en sus intervenciones -su romanza del tercer acto poseedora de una frase musical idéntica al dúo de Dolores y Rafael de La dolorosa de Serrano [¿homenaje?]-; hasta la personal vocalidad de la siempre solvente soprano María Rey-Joly como la meretriz Petri, que exhibe su énfasis interpretativo en el bello Nocturno del acto tercero, y que es irremediable evocar la ópera chica Adiós a la bohemia de Sorozábal y su coro de prostitutas. 

Damos nuestra más sincera enhorabuena desde aquí al tándem formado por Carmena y Nieto por resucitar el genuino espíritu de la zarzuela. Una lástima que El orgullo de quererte sólo haya sido ofrecida en única función, cuya duración total fue calculada por defecto por la organización del teatro. Esperemos que este revival zarzuelero no se quede en flor de un día, en lo que supuso una jornada muy digna de recordar. 

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