España - Madrid

Claroscuros coreográficos

Germán García Tomás
lunes, 1 de agosto de 2022
'Polyphonia' de Wheeldon © 2022 by Alba Muriel 'Polyphonia' de Wheeldon © 2022 by Alba Muriel
Madrid, domingo, 17 de julio de 2022. Teatro de la Zarzuela. Compañía Nacional de Danza. Director artístico: Joaquín de Luz. Pianista: Mario Prisuelos. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director musical: Manuel Coves. Grosse Fuge. Coreografía y figurines: Hans van Manen. Música: Ludwig van Beethoven. Escenografía: Jean-Paul Vroom. Diseño de iluminación: Joop Caboort. Estreno por el Nederlands Dans Theater en La Haya (Holanda) el 8 de abril de 1971. / Polyphonia. Coreografía: Christopher Wheeldon. Música: György Ligeti. Figurines: Holly Hynes. Diseño de iluminación: Mark Stanley. Estreno por el New York City Ballet en Nueva York el 4 de enero de 2001. / Concerto DSCH. Coreografía: Alexei Ratmansky. Música: Dmitri Shostakovich. Figurines: Holly Hynes. Diseño de iluminación: Mark Stanley. Estreno por el New York City Ballet en Nueva York el 29 de mayo de 2008. Ocupación: 85%
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Variado y estimulante tríptico de coreografías contemporáneas el que ha presentado la Compañía Nacional de Danza dirigida por Joaquín de Luz en el Teatro de la Zarzuela, las dos primeras (Grosse Fuge y Polyphonia) estrenadas en España en enero de este mismo año, concretamente en el Palacio de Festivales de Cantabria en Santander, y que presentan tres formas bien diferentes de acercarse al movimiento. 

La sensualidad corporal protagoniza la propuesta ya cincuentenaria (se estrenó en La Haya en 1971) del coreógrafo holandés Hans van Manen, que utiliza principalmente la Gran Fuga op 133 de Ludwig van Beethoven, escrita en 1826, un año antes de su muerte, como hilo conductor de unas muy dinámicas evoluciones que oscilan desde el inicio entre el ímpetu de la masculinidad del trío de hombres con torsos desnudos y los pasos de líneas más clásicas y simétricas de las tres féminas, en esa dialéctica que ofrece la partitura beethoveniana entre ásperos y violentos acordes fugados y las melodías de corte haydniano con que contrastan. El clima es varonil y aguerrido, como la propia música escuchada en directo en ampliación para orquesta de cuerdas, y los tres bailarines exhiben su virilidad mediante unas líneas visuales que amplifican el pujante y cuasi obsesivo ritmo que vertió el genio de Bonn en su partitura más iconoclasta y, aún hoy, menos comprendida. 

La fusión de los seis bailarines en parejas alcanza momentos de un especial éxtasis y relajación mientras suena la Cavatina del Cuarteto de cuerda op. 130, y es aquí donde la coreografía adquiere un clima de una especial ensoñación y erotismo por la iniciativa de las bailarinas respecto a sus partenaires. Una creación sugerente a la hora de interpretar en danza la compleja y postrera música de Beethoven. 

Grosse Fuge. Coreografía, Hans van Manen. Compañía Nacional de Danza, julio de 2022. © 2022 by Alba Muriel.Grosse Fuge. Coreografía, Hans van Manen. Compañía Nacional de Danza, julio de 2022. © 2022 by Alba Muriel.

Si la coreografía de Van Manen resulta en ocasiones dificultosa de seguir por su abstracción del movimiento y el uso del espacio, Polyphonia, firmada por el británico Christopher Wheeldon y estrenada en Nueva York en 2001, se ajusta a unos cánones que se amoldan más a la tradición y al equilibrio entre igualmente seis parejas de baile. Al contrario que en la dramaturgia del holandés, no existe aquí un continuum coreográfico, pues utilizando piezas pianísticas de estilo neoclásico de György Ligeti, gran parte de ellas pertenecientes a la celebérrima suite de doce piezas Musica Ricercata, los pasos de baile se convierten en pequeñas estampas de gran finura como las propias páginas del compositor rumano, con su universo visual y belleza propia, y sin renunciar a cierto lenguaje más íntimo y de mayor libertad. 

Se trata en cierta medida de una micropolifonía balletística, como el concepto asociado al procedimiento musical empleado por Ligeti, que, por otra parte, no es distintivo de estos pequeños pentagramas, sino de otras obras suyas con orgánicos más ambiciosos. Hallamos por tanto mayor variedad coreográfica en floridos pasos de bella factura clásica, como el Vals nº 4 de la colección aludida, o el de las Danzas Nupciales

Mención aparte para el Mesto, nº 2 de la Ricercata, popularizado por Stanley Kubrick en su canto de cisne Eyes wide shut, que deja una escena en semipenumbra preparada por el iluminador Mark Stanley con un trabajo de la pareja de baile que desde el centro del escenario deja al espectador conteniendo la respiración, tal es el peso de las dos notas de la escala cromática empleadas por Ligeti y el clima de recogimiento y cierto suspense amoroso entre los dos bailarines que más que bailar, intiman entre sí. 

Concerto DSCH. Coreografía, Alexei Ratmansky. Compañía Nacional de Danza, julio de 2022. © 2022 by Compañía Nacional de Danza.Concerto DSCH. Coreografía, Alexei Ratmansky. Compañía Nacional de Danza, julio de 2022. © 2022 by Compañía Nacional de Danza.

Radicalmente diverso a todo lo visto anteriormente, el patronímico Concerto DSCH es el fin de fiesta de esta magnífica exhibición de la Compañía Nacional de Danza, con el Concierto para piano nº 2 de Dmitri Shostakovich, partitura de 1957 sirviendo de base para la colorida y colorista coreografía del ruso Alexei Ratmansky, que vio la luz en Nueva York en 2008, quizá la más atractiva visualmente de este tríptico. Todo desprende ambiente festivo desde el Allegro inicial, donde en un continuo ir y venir por el escenario pequeños grupos de bailarines elaboran movimientos de tipo circense, muy acordes con el carácter juguetón y despreocupado de la música, con su punto de fina ironía y sarcasmo en el aspecto rítmico y de color de los instrumentos, así como una bailarina en solitario acapara la escena con sus giros y corros simulan escenas infantiles. Una de las particularidades de este trabajo es el carácter multicolor de los figurines de Holly Hynes, entre rojos, naranjas y azules, lo que junto al dinamismo general confiere al conjunto una especial brillantez visual y una absoluta integración con las notas musicales. 

Tras el jolgorio y el ritmo coreográfico trepidante, llega el poético Andante, uno de los más líricos tiempos lentos de todo el siglo XX, y que mira obviamente a Rachmaninov, relaja el ambiente con un principal enfoque en la pareja principal, en la última función con los italianos Giada Rossi y Alessandro Riga, y una puesta en escena circundante de clima nostálgico. Volverán acto seguido los saltos y la colectividad en el tiempo rápido final, una especie de perpetuum mobile que convierte la escena en una orgía de baile y color.

Perfecto conocedor de lo que toca, Mario Prisuelos como solista al piano en las dos últimas coreografías consigue desgranar el ambiente y el perfecto marco sonoro que requiere cada pieza, con el abanico de luces y sombras en el caleidoscopio musical de Ligeti, así como desprender habilidad en sus réplicas y contrarréplicas para hacer relucir el discurso sofisticado, contrastado y colorista, más que puramente virtuosístico, de la partitura concertante de Shostakovich. 

Al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, Manuel Coves, un maestro ya especializado en la música de ballet en directo (en este caso de obras ajenas al baile pero usadas con fines de danza), no se queda atrás en su brillante ejecución del concierto del compositor soviético, dotando de un sentido camerístico al movimiento lento, subrayando los acentos de la Gran Fuga beethoveniana, y dando un sentido cantabile a las cuerdas en el Cuarteto op 130. 

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