España - Cantabria

Festival de Santander 2022

Sabe más Gardiner por viejo que por jardinero

José Amador Morales
martes, 9 de agosto de 2022
John Elliot Gardiner © 2022 by Pedro Puente John Elliot Gardiner © 2022 by Pedro Puente
Santander, lunes, 1 de agosto de 2022. Palacio de Festivales de Cantabria. Giacomo Carissimi: Jephte; Domenico Scarlatti: Stabat Mater; Heinrich Schütz: Musikalische Exequien. Monteverdi Choir. English Baroque Soloists. John Elliot Gardiner, director musical. 71 Festival Internacional de Santander.
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El concierto inaugural de la septuagésimo primera edición del Festival Internacional de Santander ha contado con el regreso de John Elliot Gardiner al frente de los conjuntos de música antigua que él mismo ha ido moldeando artísticamente desde que los fundara hace más de cuatro décadas. Precisamente con el Monteverdi Choir y los English Baroque Soloists, el director británico inauguró en 2016 el festival cántabro en el mismo marco del Palacio de Festivales con una inolvidable lectura de La Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, absolutamente referencial y difícilmente superable en cuanto a su extraordinario potencial emotivo.  

No muy lejos de aquellas coordenadas interpretativas se ha situado el programa elegido para esta ocasión, compuesto íntegramente por obras religiosas de los siglos XVII y XVIII. De esta forma dio comienzo el concierto con la historia de Jephta, en el formato de oratorio que compusiera Giacomo Carissimi en 1649 y del que fuese uno de sus más claros impulsores. Basado en el Libro de los Jueces del Antiguo Testamento, Jepthe supone uno de los primeros ejemplos de esta - en aquel momento - incipiente forma musical que alcanzará su clímax décadas más tarde con las aportaciones de Haendel y Bach. 

Carissimi encomienda la breve narración (poco más de veinte minutos de duración) a dos solistas y coro, acompañados por instrumentos de cuerda (en esta versión laúd, arpa, viola da gamba y contrabajo) y continuo como apartado instrumental. Mientras el tenor británico Graham Neal encarnó un entregado Jephte, con una voz no especialmente grata pero de imponente proyección como puso de manifiesto ya en el ataque "Si tradiderit Dominus filios Ammon in manus meas”, la soprano Charlotte La Thrope puso su expresivo fraseo y su musicalidad al servicio de un personaje de clara reminiscencia monteverdiana y cuyo "Plorate colles” conclusivo recuerda no poco a los lamentos de L’Orfeo o de Ariadna de Monteverdi.  

La dirección de Gardiner, sensual y comunicativa, encontró aún más margen de desarrollo en el espectacular Stabat Mater de Domenico Scarlatti, habida cuenta del derroche de colorido y elegancia de una composición, que se adentra en los inicios del siglo XVIII. No en vano se especula que fue compuesta 1715 antes de que Domenio abandonara Roma. La que probablemente sea esta la obra coral más conocida de Scarlatti, está confiada a diez voces y bajo continuo, evita el uso de cualquier instrumento concertante así como del efecto del doble coro, utilizando voces solistas que emergen del todo polifónico. 

En su Stabat Mater Scarlatti eleva el célebre texto de Jacopone da Todi al máximo nivel expresivo y desarrolla toda la música en torno a su contenido. De ahí la gran austeridad y el carácter reflexivo general que impregnan toda la composición. En ella Gardiner, que fue uno de los pioneros en grabar la obra en disco, allá por los ochenta, exprimió el potencial tímbrico y comunicativo de un Monteverdi Choir en estado de gracia, para subir el listón expresivo de la velada aún más y deleitarnos con una versión francamente conmovedora de la obra, no exenta de arrojo y brío como puso de manifiesto en los pasajes "Inflammatus" y "Fac Ut Animae".  

Pero si hablamos de altura expresiva, el clímax del concierto llegó con las Musikalische Exequien, esa suerte de exótico y arcaico réquiem que compusiera Heinrich Schütz en 1636 para el funeral del príncipe Heinrich II Posthumus von Reuss, coincidiendo con el final de la Guerra de los Treinta Años, lo que inspira la dicotomía vida-muerte que impregna la obra. Considerado como uno de los grandes precursores de Bach, Schütz diseña sus Musikalische Exequien de Schütz con una elaborada arquitectura formal que contrasta sus tres partes. 

El primero y más extenso, que alterna partes solistas (o grupos de ellos) que cantan textos bíblicos y el coro que entona corales lureranos. La segunda parte es un motete a dos coros evoca los efectos acústico-espaciales de Giovanni Gabrieli, ya que las distintas voces interactúan contestándose entre sí. Finalmente, la última parte ofrece un impresionante clímax espiritual con el contraste entre el coro que canta la despedida ”Herr, nun lässest du deinen Diener” y el que, imitando al anterior, da la bienvenida al cielo en “Selig sind die Toten”. Aquí la afinación, empaste y precisión del Monteverdi Choir y la calidad de los English Baroque Soloists alcanzaron cotas sublimes. Como memorable la dirección de Sir John Eliot Gardiner al frente de los mismos, volviendo a demostrar que el rigor histórico de las formas y la emoción del contenido pueden (¡y deben!) integrarse.  

Ante el lógico entusiasmo de un público puesto en pie, los intérpretes ofrecieron el coro de la antepenúltima escena de Il ritorno d’Ulisse in Patria de Claudio Monteverdi, el bellísimo “Giove amoroso, fa il Ciel pietoso nel perdonar”.  

Para próximas ocasiones, sería deseable que en una obra de este tipo se facilitara un subtitulado electrónico en tiempo real, como suele hacerse en las representaciones operísticas, ya que el hecho de disponer el texto bilingüe en el programa de mano contribuyó más a generar distracciones y ruidos innecesarios que a un fácil seguimiento del mismo.  

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