España - Castilla y León

La BOS romántica (y 2)

Ignacio Fernández de Mata

martes, 17 de septiembre de 2002
Burgos, jueves, 5 de septiembre de 2002. Teatro Principal: Orquesta Sinfónica de Bilbao. Asier Polo, violonchelo. Juanjo Mena, director. Jesús Arámbarri: ‘In Memoriam. Elegía para orquesta’, Carmelo Bernaola: ‘Clamores y Secuencias’; , de Carmelo Bernaola, Asier Polo, solista; Piotr Illich Chaicovsqui: ‘Sinfonía nº 4, en fa menor’, op. 36. III Estío musical burgalés.
Con dos sesiones contiguas, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, la BOS, dirigida por su joven director, Juanjo Mena, hizo su presentación en el Estío musical burgalés, con sendos conciertos organizados de manera muy similar: una primera obra de autor vasco -perteneciente a etapas romantico-nacionalistas-, una segunda contemporánea para solista y orquesta, cerrando programa con dos de las grandes sinfonías románticas. Cronología de marcado peso y presencia del XIX y sus epígonos nacionalistas herederos del espíritu de Walter Scott.Se inició el programa con una primera parte dentro del mundo de los Tombeaux, de los recuerdos por los maestros llorados. De Jesús Arámbarri, In Memoriam, intensa y serena elegía de aquel celebrado autor y más aún director de orquesta, de quien conmemoramos su centenario. La obra se caracteriza por un aire de tristeza cercana, sincera, con gran hondura expresiva en las cuerdas y emotiva intensidad, de buena factura por parte de la BOS.A continuación, una partitura compleja, llena de hondura y doble sentido elegíaco: Clamores y secuencias, una de las últimas obras del recién ido Carmelo Bernaola. Con Asier Polo como solista, la BOS afrontó unas páginas enriquecidas y afirmadas con el paso del tiempo y las sucesivas revisiones a las que la sometió Bernaola. Unos clamores fúnebres y sentidos, particularmente en la hermosísima cadenza resultante de la transcripción al violonchelo de un antiguo canto gregoriano de la catedral de Burgos. A este material suma otros -las secuencias- en estilo de canto llano, en un juego de contrastes luminoso que huye de todo incidentalismo, creando una rara belleza que quedó en el recuerdo de todos.La segunda mitad del concierto estuvo dedicada a la Cuarta sinfonía de Chaicovsqui, con una BOS que felizmente se mostraba mucho más compenetrada que en su anterior concierto, alcanzando el deseado empaste aun cuando fuera a costa de suprimir en parte el fraseo de la partitura. Como digo, disfrutamos en esta sinfonía del destino de una orquesta llena de complicidad y entendimiento, con los tempi muy bien marcados y una excelente intervención de la percusión y el metal. Una buena interpretación.

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