Una jirafa en Copenhague

Entrevista Intrapersonal Confrontada: Omar Jerez con Juan Venegas

Omar Jerez
miércoles, 7 de septiembre de 2022
Juan Venegas © 2022 by Natalia Tartsus Juan Venegas © 2022 by Natalia Tartsus
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Algunas personas aspiran a conocer a alguien sumamente rico para entender cómo lo hizo y, de paso, ser el siguiente millonario; otros tiran más por celebridades aspirando a conocer a su escritor, actriz o cantante favorito.

Yo en mi caso y puedo decirlo, ya que puede ser sujeto a ser comprobado, he conocido a la gente más brillante, gente que no sale en los medios, que vive en otras realidades más enriquecedoras, pero de una complejidad que no es entendible para la masa social.

En este último apartado de lo indescifrable para el resto, pero asumible para unos pocos, enmarco el caso de la *EIC de la semana con Juan Venegas.

Leer a Juan Venegas, intentar descifrar a Juan Venegas, pero sobre todo algo que merece ser destacado, es que, si no llegas a comprender lo que dice Juan Venegas, pregunta y pregunta sin miedo, ya que es posible que Juan Venegas te saque de tu zona de confort para abrirte paso a otros campos ampliamente estimulantes y de continuo aprendizaje.

Juan Venegas en esencia; en un laboratorio que no basa ni extiende su discurso narrativo desde las conjeturas, sino desde los hechos.

Entrevista Intrapersonal Confrontada- Juan Venegas

Para situar el contexto de la conversación, cuéntanos un poco de qué va tu novela, Segunda juventud.

Empieza con el protagonista, Luciano, un hombre de 29 años, con una vida social muy activa en el Edimburgo de 2016. Una noche, le dan un botellazo en una fiesta y despierta con 9 años, en 1996 y en casa de sus padres. Como recuerda su vida adulta en nuestro mundo, nada le cuadra al principio, pero poco a poco se da cuenta de que ha soñado los últimos 20 años de su vida. Es decir, se fue a dormir con 9 años y creía que estaba viviendo su vida adulta, pero ahora tiene que volver a empezar. Y claro, le entra el pánico.

Imagínate que todas las personas que has conocido después de los 9 años han desaparecido. Lo que es peor, todo lo que has aprendido después de los 9 años también se ha esfumado, porque no era más que una fabricación de tu subconsciente.

Eso significa que Luciano tiene que crecer en un mundo nuevo, donde desde las ciudades hasta las leyes que rigen la sociedad son distintas. De ahí el título de Segunda juventud.

¿Y cuál es el germen inicial de esa idea?

Un problema de astrofísica que hice en la carrera. A partir de la ley de la gravedad de Newton, se pueden encontrar todas las trayectorias posibles de los cuerpos celestes, por ejemplo, las elipses de los planetas alrededor del Sol. El problema proponía cambiar un simple número en esa fórmula, y nos invitaba a descubrir qué cambios experimentaría el Universo.

Me encantó la idea como base de escribir ciencia ficción. Si hacemos un mínimo ajuste a cualquiera de las leyes de la naturaleza, los cambios en nuestra vida serían inmensos. Desde entonces, me he dedicado a escribir historias en las que solo un elemento del mundo cambia, de forma que los universos ficticios son cercanos al nuestro, pero con modificaciones que se filtran a través del tejido social. Ese es el tipo de Universo que aparece en la novela.

Y esos Universos, ¿están totalmente separados del nuestro o hay alguna forma de pasar de uno a otro?

Normalmente empiezo con nuestro Universo e introduzco la modificación en la historia. Por ejemplo, en uno de mis primeros cortos, el reflejo de una chica desaparecía del espejo. Ese era el único cambio, pero solo eso ponía patas arriba la identidad de la protagonista.

En Segunda juventud, conecto los dos mundos a través de los sueños. Nuestro Universo es el que soñó Luciano, y el nuevo es el verdadero, o quizá no, eso está por descubrir.

La tradición literaria está llena de historias que acaban con todo ha sido un sueño. Y yo pensé: ¿y si eso fuera el principio? ¿Qué quedaría después del sueño?

Una vez que el Universo ya está creado, ¿ese es el final de la inspiración científica?

En absoluto. Al considerar la trama, me di cuenta de que era fundamental introducir el concepto de extrapolación. Es algo que todos los humanos hacemos diariamente. Es la idea de extender la información sobre lo que se conoce a dominios sin conocer. Por ejemplo, vemos a un niño corriendo a una velocidad hacia la carretera, y asumimos que ese comportamiento va a seguir en el futuro, por lo que aceleramos para interceptarlo.

En el caso de la novela lo que se extrapola es el conocimiento de un niño de 9 años. Ahí entran muchas variables, así que la extrapolación es subjetiva. De todos los universos que se podrían haber extrapolado de ahí, yo elegí uno muy sencillo en algunas facetas, pero muy complicado en otras.

Por ejemplo, la visión que tiene un niño del amor puede ser muy limitada. Luciano cree a los 9 años en el amor verdadero y único, y esa creencia inocente se transforma en ley natural de este mundo: cada persona tiene un amor de su vida, y una vez que lo encuentre, estarán juntos para siempre. Esto a Luciano le frustra bastante porque él es amante de las relaciones abiertas.

Por otro lado, las artes son mucho más elaboradas. Por ejemplo, existe algo llamado la batalla de las orquestas, que es una mezcla de música, deporte y lucha cuerpo a cuerpo.

Al margen del contenido, ¿dirías que hay partes del método científico que también llevas al plano literario?

Sí, hay una parte fundamental. En la ciencia, se generan hipótesis continuamente y luego se comprueban. A veces se acierta, y más a menudo se falla. Es un proceso de prueba y error continuo. Para mí es fundamental llevar ese espíritu a la creación artística. Me gusta generar todo tipo de ideas, da igual que sean absurdas o de mal gusto, porque luego evalúo las que funcionan mejor, o incluso se las cuento a alguien para probarlas.

El mejor consejo que le puedo dar a un escritor que empieza es que separe los procesos de generación de ideas y selección. Ejecutar los dos pasos a la vez lo hace todo más complicado, y desde luego, no puedes quedarte con solo uno de ellos. Si uno publica todo lo que se le ocurre, los resultados serán de calidad muy variable; si uno solo es crítico con sus ideas, probablemente nunca llegue a terminar su obra.

Hay una fricción continua entre la gente que planea sus historias y las que se dejan llevar, la gente que intenta asentar el arte y la que intenta liberarlo. A mí eso me parece un desperdicio de potencial. Un artista es capaz de generar las ideas más locas, pero también es capaz de sentarse a pensar cuáles pueden funcionar o no. Las obras en las que se utilizan los dos procesos suelen ser mucho más ricas.

Hemos hablado de la inspiración para la obra y del método. ¿Cómo difieren en el resultado final un escrito científico y una novela?

Ambas plantean una pregunta inicial: en la ciencia, la pregunta suele ser ¿cómo se explica este fenómeno que hemos observado?; en la literatura es ¿conseguirá el protagonista superar el reto que le hemos propuesto?

En el ámbito científico, uno ha de considerar todas las variables e hipótesis posibles. Solo entonces, cuando se han explicado todas las evoluciones del sistema, siente uno que entiende el fenómeno. Pasa algo parecido en las historias. Solo cuando uno le ha puesto todos los obstáculos posibles al protagonista, solo cuando sabemos qué sacrificaría para conseguir su objetivo, sentimos que hemos honrado la pregunta inicial de la historia.

Por supuesto, el criterio de evaluación es diferente en ambos casos. Para el artículo científico, son la lógica matemática y las medidas experimentales lo que validan una hipótesis. Para la obra literaria, es la conexión subjetiva con el público lo que la hace exitosa o no.

Muchas historias transmiten un cierto mensaje o enseñanza al espectador. ¿Es esa una diferencia clave entre la ciencia y el arte?

Sí y no. Normalmente las historias trasmiten un mensaje moral o filosófico y el estudio científico simplemente describe lo que ve. Esa diferencia es clara.

Ahora bien, cuando se escribe no podemos obsesionarnos con trasmitir un mensaje, o mucho peor, meterlo con calzador en la obra. Un autor debe, como el científico, sentarse a escribir dispuesto a honrar su historia, a considerar ideas que le gusten y que le disgusten. Igual que tú y yo nos sentamos en esta entrevista con la idea de buscar la verdad, el buen autor normalmente hace lo mismo. Se sienta a su teclado dispuesto a averiguar qué harían ellos en esas circunstancias, qué harían sus personajes, cuál es el camino más lógico a seguir y cuál es la forma más evocadora de solucionar las dificultades. El mensaje ya llegará después, y lo hará de forma natural.

Todo artículo científico acaba con una larga bibliografía, que no suele aparecer en las historias de ficción, incluso cuando algunas de nuestras obras beben de muchas otras. ¿Cómo enfocas tú ese asunto?

Tan honestamente como puedo. Por ejemplo, para Segunda juventud, no basé la historia en ninguna otra, pero he de reconocer que se acabó pareciendo a novelas o películas que conozco, así que simplemente las metí en la historia. Por ejemplo, el tema del amor único se parecía un poco a la película deLa Langosta. En vez de ocultarlo, escribí un párrafo en el que el protagonista se acuerda de la película. Es un guiño y un reconocimiento al parecido. Hay otra película, Yesterday, que tenía una idea en común con un capítulo, pero la película salió en 2019, y la novela empieza en 2016. Esa no hubo forma de citarla.

Hay que saber aceptar que otros autores han pensado historias parecidas a la tuya. Y si lo que de verdad quieres es hacer llegar una historia al público, y otra persona lo hace antes que tú, hay que aplaudir, no que patalear. Hay que tener la humildad para saber cuándo lo que uno escribe se parece al material ajeno, y la confianza para saber cuándo tu trabajo es original.

Para terminar, hemos hablado mucho de los parecidos y diferencias entre la literatura y la ciencia. ¿Crees que hay formas de combinarlas?

Sí. Para empezar, la ciencia está ahí para ayudar a la literatura como fuente de inspiración. Tanto en mi novela como en muchas otras de ciencia ficción el apoyo es patente.

Hace unos años me pareció interesante andar el camino inverso, es decir, crear historias de ficción, con su trama y personajes, para explicar un concepto físico. Escribí un pequeño blog en inglés con estas historias. Creo que desde entonces (no gracias a mí, sino a la labor de muchos divulgadores), se aprecia mucho más la comunicación científica que trasmite los conceptos intrincados de una forma amena. Ese me parece uno de los mayores avances de la sociedad durante la década de los 2010. Y espero que, en el futuro, muchas más ideas florezcan de la colaboración entre arte y ciencia.

*Entrevista Intrapersonal Confrontada (O cómo responder y después preguntar)

La entrevista es un género periodístico fundamental. De hecho, se podría considerar su piedra angular, porque permite al periodista confirmar, acceder y conocer los hechos de manera directa, sin intermediarios, hablando con la fuente y estableciendo un diálogo con los protagonistas.

Lamentablemente, y salvo honrosísimas excepciones, la entrevista, ese momento excepcional que combina conversación, reto y seducción, se ha convertido en un acto seco, forzado, en el que demasiado a menudo el entrevistado no quiere responder y al entrevistador le da lo mismo que no quiera. El momento sublime que permite al periodista ejercer su derecho a preguntar se transforma en un trámite, una penitencia o directamente un combate tosco y sin ningún vencedor.

En otras ocasiones, los entrevistados han tenido una clase por parte de sus asesores para evitar, rodear o directamente eliminar preguntas incómodas, que suelen ser precisamente las que el periodismo debe y puede hacer. El resultado, nuevamente, queda en un limbo de medias verdades y frases insulsas. Por no hablar de las entrevistas promocionales asociadas a algún producto cultural, tipo cine, literatura y música, donde la superficialidad es tan apabullante que se podrían mantener las preguntas hechas años antes y tendríamos la certeza de encontrar las mismas respuestas.

Ante este panorama, desolador y habitual en demasía, el artista y creador Omar Jerez propone una nueva fórmula, una nueva aproximación al género que exige una complicidad de ambas partes (tomando como inspiración las entrevistas noveladas que hizo durante años Milan Kundera) para generar un contenido atractivo, valiente, que enriquezca al lector y que suponga una aventura donde ni el camino ni el destino queda prefijado.

El nuevo concepto se llama Entrevista Intrapersonal Confrontada, (EIC), y tiene como cimiento inamovible la siguiente premisa: el entrevistado genera un discurso a priori, provocado y sugerido (o no) por el entrevistador, y posteriormente el periodista edita y da forma periodística a ese contenido. Se crea una arcilla pura que será moldeada por las manos expertas del entrevistador, a posteriori.

A continuación se exponen los 10 puntos que definirán cualquier EIC que se haga a partir de ahora, y que creemos supone una innegable revolución en este género. Es tan sencillo como invertir el orden para recuperar la pureza que nunca debió perder.

Decálogo para una Entrevista Intrapersonal Confrontada (EIC)

  1. Cualquier persona, tenga o no relevancia pública, podrá solicitar a un periodista la realización de una EIC. Igualmente, cualquier periodista podrá solicitar la realización de una EIC a cualquier persona o personaje.
  2. Cualquier EIC tiene como base fundamental la relación que se establece entre el periodista y el entrevistado, así como la reinterpretación del concepto de entrevista para el siglo XXI.
  3. Una vez aceptada la realización de la EIC, se propondrá, por cualquiera de las partes, un tema sobre el que girará la narración, así como su extensión. Igualmente podrá ser de libre elección si así se decide de mutuo acuerdo.
  4. El entrevistado construirá libremente una narración sobre la temática escogida, que podrá ser creada en cualquier formato: texto, audio, vídeo, ilustración, así como cualquier combinación entre estos. El periodista no intervendrá nunca en esta parte del proceso.
  5. El periodista recibirá esa narración y a partir de ahí construirá una EIC en la que se compromete a mantener el sentido del texto original, y podrá modificar, eliminar, ampliar o extender la entrevista para tratar de llegar a la naturaleza real del entrevistado. Podrá solicitar más información al entrevistado, así como convertirla a otro formato.
  6. Bajo ningún concepto el periodista podrá utilizar la información en bruto para difamar o menoscabar la figura o reputación del entrevistado.
  7. El periodista deberá entregar una copia de la EIC antes de su difusión al entrevistado para que la confronte y certifique que se ha mantenido el sentido original, no entrando éste en consideraciones de estilo y forma.
  8. El periodista puede declarar la EIC nula si percibe que está falseada o que el entrevistado se aleja del objetivo principal, que es un ejercicio de honestidad consigo mismo.
  9. El espectador, para poder completar la experiencia, debería tener acceso al discurso en bruto enviado por el entrevistado y la EIC  definitiva, para comparar y enriquecer la lectura/visionado/escucha del proceso.
  10. Al contrario que en la entrevista clásica, en cualquier EIC la búsqueda de la verdad queda supeditada a la experiencia compartida, confrontada y colaborativa entre las dos partes.
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