Reino Unido

Mega Mamut Schönberg y sus Gurrelieder

Agustín Blanco Bazán
miércoles, 28 de septiembre de 2022
Gurrelieder por Edward Gardner y la LPO © 2022 by London Philharmonic Orchestra Gurrelieder por Edward Gardner y la LPO © 2022 by London Philharmonic Orchestra
Londres, sábado, 24 de septiembre de 2022. Royal Festival Hall, 24.9.2022. Alex Jennings (orador), Lise Lindstrom (Tove), Karen Cargill (paloma del bosque), David Butt Philip (Waldemar), Robert Murray (Klaus, el idiota), James Creswell (paisano). Coro Sinfónico de Londres y Orquesta Filarmónica de Londres bajo la dirección de Edward Gardner. Arnold Schönberg, Gurrelieder, ciclo de canciones para solistas, orador, coro y orquesta con texto de Jean Peter Jacobsen. Aforo, 2700 localidades. Asistencia, 100 %.
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No cabía literalmente un alfiler para esta rara representación de los Gurrelieder , no sólo en la sala sino en el podio del Royal Festival Hall, enorme, pero totalmente abarrotado por el multitudinario coro masculino y femenino y una orquesta de cuatro piccolos, ocho flautas, diez cornos, cuatro Wagner tubas, 6 trompetas, ocho trombones, 4 arpas, 20 primeros y segundos violines, dieciséis violas, violonchelos, y contrabajos (cada uno), tímpanos, glockenspiel, tam-tam, y (¡solo una!) celesta.

Es difícil imaginar como Schönberg evolucionó mentalmente de su propuesta original de un ciclo de lied para tenor soprano y piano a esta gigantesca cantata sobre los amores del rey Waldemar y Tove, su amante finalmente asesinada por la esposa del primero. A lo largo de tres partes, la obra, consistente en una serie de lieder exclusivos para los dos amantes y ocasionales narradores (la paloma del bosque, el idiota, un campesino y un orador) evoluciona desde los encuentros nocturnos de dos almas enamoradas y la condena de Waldemar a cabalgar infernalmente a lo largo de una noche que infinita hasta una redentora aurora final. 

No hay ningún dúo de amor en esta obra con similitudes con todos y todo: Wagner, Richard Strauss, Mahler, e incluso algunas reverberaciones de Schumann. Schönberg, que empezó la obra en 1900 y la terminó en 1911 con algunos años de intervalo, nos transporta de una juventud post wagneriana, digamos, tristánica, hasta el estilo que preludia sus obras de madurez.

Frente a este Goliat, lo más que puede esperarse de un director de orquesta es un David capaz de controlar las dinámicas para que el ejército de instrumentistas de exprese como pueda, pero claro está que los directores de orquesta talentosos pueden hacer algo más. En este caso Edward Gardner no solo integró su orquesta con progresiones controladas hacia los fortísimos sino que logró balancearlos con algunos detalles camerísticos, por ejemplo, un principio calmo y diferenciados en texturas para la descripción del atardecer y maravillosas frases de cuerdas en apoyo de las expresiones canoras más líricas, por ejemplo el sostenido rubato en “Im Westen wirft die Sonne” (primera canción de Waldemar) o las violas en “König Volmer, ich liebe Dich (segunda canción de Tove).

Fatalmente, todos los cantantes fueron ocasionalmente tapados por la orquesta y particularmente Lise Lindstrom tuvo dificultades para proyectar una Tove que le salió algo engolada y de fraseo poco nítido. 

David Butt Philip cantó un Waldemar de timbre algo liviano pero bien impostado y cálido en color y Caren Cargill impuso su poderosamente densa voz wagneriana como la paloma del bosque. 

Favorecido por comentarios orquestales menos masivos Robert Murray brilló con un lied del Idiota cantado sin partitura y con fulminante panaché de sarcasmo e incisividad de articulación. 

Arnold Schönberg, «Gurrelieder». Alex Jennings, Edward Gardner y la London Philharmonic Orchestra. © 2022 by London Philharmonic Orchestra.Arnold Schönberg, «Gurrelieder». Alex Jennings, Edward Gardner y la London Philharmonic Orchestra. © 2022 by London Philharmonic Orchestra.

Finalmente, la gran sorpresa: cuando se anunció que el orador formularía su prolongada oración final de la tercera parte en inglés, no pude menos fruncir el ceño acordándome de lo que en la misma sala había hecho Dietrich Fisher-Dieskau en 1997 ¡Pero ocurre que salió mejor ahora, gracias a la intervención de un actor de la talla de Alex Jennings! Esta estrella del teatro y del cine inglés optó por elevar el tono y esclarecer el color de su voz, para desarrollar sus líneas con un tono ligeramente sardónico y como si estuviera contando un relato de hadas. 

Su robusta capacidad de respiración le permitió sincronizar asertivamente con la partitura y elevar la tensión a un final que salió también mucho mejor que el más bien pesado de Andrew Davis al frente de la sinfónica de la BBC en la versión en la misma sala de 1997. Ello porque mientras Davis es un buen director, Gardner es simplemente uno descollante: bajo su batuta el mega coro y la mega orquesta progresaron calma y asertivamente a la gloriosa culminación de Seht die Sonne. Fue, literalmente un “Mirar al sol” por su expresividad radiante, implacable e irresistible en su plenitud sonora y su fuerza expresiva.

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