Ópera y Teatro musical

Verónica Villarroel canta Adriana Lecouvreur en Santiago de Chile

ClasicayOpera.cl
lunes, 23 de septiembre de 2002
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0,0001088 Llegó el momento esperado por todos en esta Temporada 2002. La verdad, no es un momento que, personalmente, me haya llamado mucho la atención desde un principio, pero acercándose la fecha digamos que me ha empezado a picar un poco el bichito de saber qué es de esta cantante chilena, Verónica Villarroel, tan famosa por estos lares, que viene a reencontrarse con el público chileno luego de tres años. También marca esta ópera para la Orquesta Filarmónica de Santiago una nueva etapa, ya que se incorpora como director titular el maestro chileno Maximiano Valdés.La obra elegida para esta ocasión –que además es la que se muestra cuando el Presidente ofrece su Gala Oficial a altos personeros de gobierno, embajadores y demases el 18 de septiembre cada año- fue Adriana Lecouvreur, única obra en repertorio del compositor italiano de fines del siglo XVIII Francesco Cilèa, pedagogo y teórico muy respetado entre los músicos de la época, pero cuya obra, salvo por este grandioso drama lírico en cuatro actos, es altamente olvidable.En cuanto a la historia de la ópera, no responde a la más pura escuela verista, ni mucho menos, aunque tiene ciertos elementos que la identifican con ésta. Adriana Lecouvreur, o Adrienne, como era su nombre original, fue una gran actriz francesa de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Su trabajo fue de gran importancia para la historia del teatro, pues introdujo en la escena de la época la idea de interpretar a los personajes de una forma mucho más real, más natural. Su fama fue inmensa, por la admiración que provocaba en sus contemporáneos, aunque, también fue muy combatida por ciertos sectores conservadores y por la Iglesia Católica, que le negó el entierro cristiano a su muerte, ya que se consideraba al teatro una profesión impura. Entre sus amantes figuraron importantísimas figuras de la intelectualidad francesa de aquellos tiempos y, se dice, murió en brazos del propio Voltaire, uno de ellos, que escribió un famoso poema titulado “Ode sur la mort de Mlle Lecouvreur”.El argumento viene así. Adriana Lecouvreur, la más popular de las actrices de la Comédie-Francaise, está enamorada de Maurizio, que en realidad es el conde de Sajonia, aunque ella cree que es un simple soldado al servicio del conde. Por otro lado está la princesa de Bouillon, que también tiene amorosas pretensiones para con él y que lo ayuda a sentarse en el trono polaco, que Maurizio pretendía. Sin embargo, las preferencias por Adriana son evidentes, lo que generará ira de la princesa, que planificará su venganza, alcanzada con la muerte de la actriz, envenenada por un ramo de violetas que le enviara Mlle Bouillon.Aunque metido entre condes y cortes, este argumento no escapa del todo del verismo. Sin embargo, no se puede hablar de esta obra como un ejemplo de este estilo, tan particular y relevante para la historia de la ópera. Sin embargo, el naturalismo, que es la característica fundamental del verismo, aparece en la línea argumental de esta obra obligatoriamente, por la figura que describe y por lo apasionado de su historia de amor. La música también es cercana a los verista, encontrándose un poco de Leoncavallo y Puccini en la partitura, que usa abundantemente el leit-motiv, introducido por Wagner y adoptado por los músicos de esta escuela. Quizás, las escenas de gran lucimiento vocal y las abundantes arias y duettos –cuyo uso ya declinaba para esta época- no sean del más puro estilo, pero se podría definir a la Adriana de Cilèa como una prima recatada de la Butterfly, como leí en alguna parte, un verismo elegante.Entre el público, esta ópera contó con un general aprecio desde su estreno en 1902, con un reparto de excepción al mando de Angelica Pandolfini y Enrico Caruso. Años después, dos de las grandes sopranos de la historia, la Tebaldi y la Scotto, la incluyeron en su repertorio, ya que es una partitura que permite un gran lucimiento vocal. Por cierto, el hecho que tengamos en Santiago a Renata Scotto para la régie de esta obra es un verdadero lujo, sobre todo si consideramos que ella fue una de las más famosas Adriana que ha existido y que protagonizó la que, sin lugar a dudas, es la mejor versión discográfica de esta obra, con Plácido Domingo y la Filarmónica de Londres, bajo la dirección de James Levine.Como siempre, la ópera es un espectáculo que vale la pena disfrutar, más allá de todo tipo de consideraciones. Sin embargo, esta específicamente es una ocasión muy particular, ya que marca el puntapié inicial de una etapa, espero, de grandes y profundos cambios para la musicalidad del Teatro Municipal –que está muy bien administrado pero que tiene todavía marcados bemoles en lo artístico- y nos trae de vuelta a una cantante chilena de interesante y dilatada carrera internacional –no quiero decir que se trata de una soprano top porque no creo sinceramente que lo sea- en una gran etapa de su carrera. Muy interesante.
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