The Ice House´s Tales

Chapí, o maldita la gracia que tiene pasar hambre para ser considerado artista

The LGM Golden Quartet
viernes, 23 de febrero de 2001
0,0001439 Pocas figuras han encarnado mejor que la de Ruperto Chapí (Villena, 27-III-1851; Madrid, 25-III-1909) el debate novecentista sobre la música española por razón de los virulentos ataques que el popular compositor sufrió por parte de los portavoces musicales del regeneracionismo y por sus herederos directos, los historiadores franquistas de la música española. Como veremos, ambos coinciden en una estrategia común a todos los irracionalismos: ignorar la realidad.El mismo año de la muerte de Chapí, el Embajador Rafael Mitjana escribía que éste había sido "el más genuino representante de una época, más que de decadencia, de singular rebajamiento" a la que Chapí contribuyó alimentando "la apatía y la indiferencia culpables de un público estragado por los efectos de un arte chico, tan chico como el género artístico a que ha dado nombre" y concluía afirmando: "El maestro ha sido un gran financiero."Un año más tarde, escribía el monje agustino, P. Villalba: "¿Pero por qué en vez de escribir pasodobles, pasacalles, polkas y otras bufonadas de igual ralea, no ha compuesto siempre música de substancia y fuste y a grande altura: poemas sinfónicos, cuartetos, óperas? Indudablemente, Chapí sabe y puede pero se ha vendido. ¡Vaya usted a averiguar por qué ha hecho esto! Por qué en vez de vivir encaramado en la cima del helado Olimpo, con hierático y severo continente. Ha preferido vagar por los mezquinos andurriales del planeta, y andar a codazos con toda clase de transeúntes. La verdad es que al monte de los inmortales no suele llegar el panecillo y este es argumento de bastante atracción para hacer bajar a cualquiera de su apoteosis."Por su parte, en 1958 el falangista P. Sopeña se mostraba solidario con "la indignación de Pedrell, pensamos que toda una generación de músicos españoles, aunque arrancasen un poco de la gracia de esa música, han tenido que hacer un voto de pobreza para encontrar la línea que hizo posible El amor brujo."Es llamativo que el embajador y los dos presbíteros coincidan en afirmar que la pobreza es un parámetro positivo en la valoración de un compositor. Su discurso es muy semejante al que afloró en 1997 a raíz de conocerse la noticia de que José Mª Cano había compuesto una ópera sin contar con subvenciones de ningún tipo, gracias a su fortuna personal adquirida con sus derechos de autor como compositor de canciones. Al margen de la calidad de la obra lírica de Cano, desconocida por sus detractores en el momento de hacer públicas sus críticas, en las protestas de compositores y críticos subyacía el temor a que una obra no subvencionada de un compositor no académico, pudiera resultar un éxito de público en contraste con los resultados de algunas óperas académicas cuya composición y estreno habían sido subvencionadas al 100%.Por otra parte, las tres citas coinciden en ignorar cinco hechos históricos:1. En la España de la Restauración no existían orquestas sinfónicas que pudieran interpretar la "música de substancia y fuste" cuya composición reclama el P. Villalba.2. Aún en caso de que un compositor español lograse que una orquesta de teatro interpretase una de sus composiciones sinfónicas (lo que no era nada inusual), era prácticamente imposible que ese compositor percibiese derechos de autor por la ejecución de una obra no publicada.3. Apenas comenzaron a existir en España agrupaciones estables de música de cámara y empezaron a surgir las Sociedades Filarmónicas, Chapí comenzó a componer cuartetos de cuerda.4. Chapí fue uno de los principales impulsores de la Sociedad General de Autores de España y que gracias a ésta (que no a hipotéticos votos de pobreza) fue posible que la siguiente generación de compositores percibiese derechos de la ejecución de su música instrumental.5. La Belle Epoque fue el momento dorado de la opereta y de la creación de las grandes orquestas sinfónicas en todo Occidente, movimiento al que se sumó España en los primeros años del siglo. Por mucho que violentemos la realidad, no parece haber correlación alguna entre el éxito de La Revoltosa y el hecho de que la 8ª Sinfonía de Bruckner tardara bastantes años en estrenarse en Madrid.En todo caso, no parece que la fama de Chapí haya sufrido excesivamente por este tipo de reproches morales. Más aún, en nuestros días comienza a ganar batallas contra sus detractores. La última de ellas ha sido el enorme éxito de la producción de El rey que rabió en la temporada de 1996 del Teatro de La Zarzuela y sus posteriores reposiciones. Simultáneamente, el Instituto Complutense de Ciencias Musicales publicó una 'edición crítica' de la partitura de El rey que rabió, firmada por Tomás Marco, el político que decidió la reposición de la obra a pesar de su negativa opinión sobre el género.En esta ocasión Chapí ganó dos batallas. La primera fue que un confeso enemigo del género hiciese un hueco en su apretada agenda para atender la edición de 'música menor'. La segunda fue que, gracias a la legislación sobre propiedad intelectual impulsada por Chapí, el pragmático cambio de opinión de Marco se vió generosamente recompensado con los suculentos derechos de autor generados por las representaciones de El rey que rabió.
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