Recensiones bibliográficas

El don de la elocuencia

Alfredo López-Vivié Palencia
viernes, 23 de diciembre de 2022
Chef d’orchestre ou centaure, confessions © 2022 by Éditions Séguier Chef d’orchestre ou centaure, confessions © 2022 by Éditions Séguier
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“Nunca he obtenido diploma alguno en ninguna disciplina”, reconoce Marc Minkowski (París, 1962). En este libro cuenta sin ambages que no terminó el Bachillerato (en su clase compartía pupitre con un tal Manuel Valls), que sólo siguió algún año de estudios de fagot (tras comprobar que el violín requería una paciencia de la que carece), y que su única experiencia académica en materia de dirección de orquesta fue uno de los cursos veraniegos en la Escuela Pierre Monteux de Maine (a la sazón a cargo de Charles Bruck, asistente del “maître”, y bajo la tutela maternal de su viuda –una mujer de armas tomar de quien Minkowski habla maravillas-).

Si ha llegado hasta donde ha llegado, Minkowski lo atribuye “a mi don y a mi voluntad”. Él no lo dice claramente, pero sí da a entender que a esos dos factores cabe añadir un entorno familiar favorable a su vocación, entre otras cosas porque nació en una cuna bien mullida: su padre fue un prestigioso pediatra no ajeno a la política y nieto de un banquero polaco, y su madre era hija de la talentosa violinista norteamericana Edith Wade (a quien dedica el libro); la familia vivía en la Rue de Rivoli –nada menos-, tenían su segunda residencia en la Provenza, y Minkowski aprendió a montar a caballo en los bosques de Normandía (hay un capítulo de los diez en los que se divide el libro enteramente dedicado a los caballos, una pasión que Minkowski siempre ha compaginado con la música).

También sus padres le llevaban a conciertos, y en su casa había una buena colección de discos. En cierta ocasión se añadió a esa discoteca Las Cuatro Estaciones en la versión de Nikolaus Harnoncourt, y ahí empezó todo: 

Mi estilo nació ahí. Los diferentes elementos que lo constituyen nacieron ese día… lo que recibí de él son sus ataques… el ataque es el modo en el que se va a proyectar un sonido con una determinada manera de pronunciación, de articulación, de energía muscular… el ataque es la firma de todos los grandes directores: Toscanini, Reiner, Furtwängler, Scherchen… 

A los veinte años dirigió Dido y Eneas de Purcell con un grupo de amigos que se hicieron llamar Les Musiciens du Louvre “y durante ese concierto me di cuenta de lo feliz que era.”

Como dice el clásico, lo demás es historia. Y justamente esa historia es lo que se cuenta en este libro. La organización de la orquesta hasta llegar al patronazgo del Ayuntamiento de Grenoble, absorbiendo al conjunto local (y superando las consiguientes presiones sindicales). La obsesión de Minkowski para encontrar un estilo “francés” en un momento en el que el movimiento historicista se desarrollaba en Austria y Alemania, en Inglaterra (Minkowski tiene muy buenas palabras para John Eliot Gardiner), y en Holanda (no tan buenas son para Gustav Leonhardt o para los hermanos Kuijken). Pero Minkowski –es bien sabido- no se ha dedicado exclusivamente a la música barroca, y al menos a mí me habría gustado que dedicase algún párrafo del libro a la defensa de tocar –por ejemplo- Berlioz con instrumentos de época.

Esa historia también se compone de los años de Minkowski al frente de la Mozartwoche de Salzburgo (su festival de invierno), recordando su total libertad para hacer y deshacer; de la creación del Festival Ré Majeure en la Isla de… Ré (donde compró una propiedad lo bastante extensa como para tener sus caballos); de La Flauta Mágica en la Bastilla con La Fura dels Baus; del Orfeo en el Festival de Holanda (el de Monteverdi, sí, pero en el arreglo de Bruno Maderna: “Para esa ópera más que un director es necesario un buen ‘continuista’”); y del orgullo de que Les Musiciens du Louvre fuera la primera orquesta que tocara en el foso de la Staatsoper vienesa en lugar de los célebres efectivos de la casa (Alcina de Haendel). Aunque sólo sea de pasada, Minkowski también se acuerda de la Misa en Si menor en Compostela: que a mí me emocionase una versión tripera y minimalista de esa obra dice mucho de la elocuencia de Minkowski.

Hay asimismo largas páginas dedicadas a los cantantes favoritos de Minkowski, a muchos de los cuales “siguiendo la profesión de mi padre, ayudé a nacer”. También se extiende a propósito de su presencia en el Festival de verano de Salzburgo y en la tormentosa relación con Gérard Mortier, culminada –para mal- con el execrable Murciélago en manos de Hans Neuenfels, en el que, entre otras lindezas, “los hijos del matrimonio Einsenstein se suicidan en escena”. Y naturalmente hay un capítulo del libro que trata de sus años como director general (no director musical) de la Ópera de Burdeos, entre los que destaca la trilogía de Mozart y Da Ponte, aunque sobre todo habla del complicadísimo procedimiento para llegar al cargo, pues en ello intervienen las autoridades locales (Minkowski tiene palabras de elogio para el entonces alcalde, Alain Juppé), las regionales y las estatales, por no hablar de la poderosa influencia presupuestaria de los bodegueros de la zona.

Son apenas doscientas páginas en las que Antoine Boulay –presidente de Les Musiciens du Louvre, y firmante de la introducción y del vice-epílogo del libro- recoge las interminables horas de conversación mantenidas con Minkowski, nacidas en tiempos de confinamiento. A Minkowski hay que agradecer su elocuencia también para hablar, y a Boulay una finísima labor de edición que consigue atrapar al lector como si formase parte de la conversación. Y también son unas memorias de alguien que aún no está en edad de escribirlas, porque Minkowski, que se ha puesto al frente de la Filarmónica de Berlín y de la de Viena, deja caer que no ha tenido ocasión de dirigir la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam, y que, habiendo aprendido el arte de declamar con El Niño y los Sortilegios, se muere de ganas por poner en tablas Diálogos de carmelitas.


Notas

Marc Minkowski avec Antoine Boulay, «Chef d’orchestre ou centaure, confessions», Éditions Séguier, París, 2022. 195 páginas. ISBN 978-2-84049-903-9

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