Países Bajos
Currentzis deconstruye Mahler
Agustín Blanco Bazán
Essentials es un ciclo de mini-conciertos de la orquesta
del Concertgebow, dedicado exclusivamente a una obra de fondo interpretada
junto a otras en veladas más extendidas. En este caso, y en tres días
consecutivos anteriores, la orquesta, bajo la dirección de Teodor Currentzis
había incluido la Cuarta de Mahler después del Concierto nº 2 para piano de
Shostakovich. Como despedida, Currentzis repitió solamente la Cuarta de Mahler
en este concierto Essentials de
sábado a las nueve de la noche.
La obra fue precedida por una explicación
ilustrada con un show interactivo donde Mahler aparecía mezclado con mensajes
de texto en Smartphone, una canasta con tomates, unas fotos de Mengelberg y
afiches viejos, y alguna que otra cautivante diapositiva con flores y puestas
de sol. Siento no haber podido entender al orador, que habló en la lengua
local. Aparentemente estuvo muy gracioso, porque algunos entre la audiencia se
rieron con ganas.
Fue en medio de este jolgorio que comencé a
preguntarme cómo vería a Currentzis después de mi último cruce con él, antes de
la Pandemia, en Salzburgo, cuando todavía exhibía su energía punk al frente de Musica Aeterna, la orquesta que lo hizo
famoso y … ¡cuánta agua ha corrido bajo el puente desde aquél entonces!
Para esta ocasión el ex enfant-terrible se presentó de camisa blanca encorsetada con
corbata, pantalón y chaqueta negras. Esta formalización burguesa no obstaculizó
su proverbial agitación de brazos y piernas, siempre dirigidas a una orquesta
sobre la cual pareciera querer abalanzarse mientras dialoga con sus
instrumentos.
En la larga historia de experiencias
mahlerianas de la Concertgebow, no creo que la orquesta haya debido enfrentarse
desde los días de Mengelberg a una experiencia más idiosincrática con la Cuarta
sinfonía que la propuesta por Currentzis. Como Mengelberg, Currentzis
vivisecciona la obra hasta el punto de ponerla en el límite de lo aceptable
para que la música fluya. Lo cual coloca al oyente en una posición
esencialmente incómoda porque es imposible “dejarse llevar”. ¡Y esto nada menos
que con Mahler!
Aquí fue imposible para mí no compararlo con Abbado,
en mi opinión el mejor para la Cuarta sinfonía por el balance y equilibrio
entre el detalle instrumental y la espontaneidad de desarrollo de la masa
orquestal. Abbado iluminaba esta partitura con emociones nunca sobreenfatizadas
como lo hacía Bernstein, pero con la suficiente sensibilidad para conmover, un plus en este último sentido sobre
Karajan, que se limitaba a una belleza de sonido redonda pero algo fría.
Currentzis, como Mengelberg, se preocupa más
bien por cincelarlo todo. Solo que con una gran diferencia: mientras Mengelberg
era asertivo en el marcado, Currentzis trató en esta oportunidad de introducir,
del principio al fin, un toque camerístico, con fraseo elegante y
verdaderamente no agitado (nicht eilen,
pide Mahler) en el primer movimiento y dinámicas mas afines con el mezzopiano
que con el forte. Arbitrario siempre, pero ¡qué talento!
Porque este Señor Don Original no es de los que busca ser original para
sorprendernos, sino que, inevitablemente, nos saca de nuestra zona de confort
para señalarnos algo que no habíamos oído antes. Por ejemplo, el desarrollo del
primer movimiento sin culminaciones espectaculares insufló ya a partir del
comienzo una vena schubertiana que pareció venir a las mil maravillas a la
obra.
Por lo menos al principio ... porque muchos
habrán extrañado el pathos de otras versiones en el disonante en fortísimo que,
en el primer movimiento precede la fanfarria de trompeta que Mahler denominaba
“el pequeño llamado”, algo tal vez mejor traducible como la pequeña conminación
o toque de atención para congregar fuerza dramática antes de un ulterior
desarrollo hacia un final que en este caso fue una coda apacible pero demasiado
lenta.
También faltó esa elevación que corta el hipo
en el “gran llamado,” ese estático fortissimo
en mi mayor que abre la coda del tercer movimiento, ¡pero qué claridad y
diferenciación entre las cuerdas, tímbales, trompas y trompetas en esta lluvia
sonora que Currentzis precipitó sobre nosotros más bien suavemente, sin aristas
de excesivo dramatismo! ¡Y con qué nitidez y soltura salió el cantabile final
del movimiento!
Para el movimiento final Currentzis tuvo la
mala idea de ubicar a la excelente soprano Christiane Karg en medio de la
orquesta, y fue casi imposible oírla por lo menos desde mi asiento en la fila
16 de la platea. Fue así que el lied "Das himmlische Leben" desapareció
dentro de un comentario orquestal que pareció perder sentido al no poder
contrapuntear dinámicamente la expresividad dominante de la voz humana.
La orquesta contrarrestó los altibajos de Currentzis con atento e implacable virtuosismo: no hubo una propuesta desde el podio que no fuera respondida hasta las últimas consecuencias. Y gracias a ello, esta idiosincrática versión logró alcanzar momentos memorables, por ejemplo la coherencia y sensibilidad de las frases de chelos del tercer movimiento. Como frecuentemente ocurre con Currentzis, ésta no fue una interpretación unitaria y coherente sino una fragmentada colección de ocurrencias, algunas buenas y otras no tanto.
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