España - Galicia

La tarta y la guinda

Xoán M. Carreira
viernes, 24 de febrero de 2023
Amy Beach en 1908 © 2023 by Wikipedia Amy Beach en 1908 © 2023 by Wikipedia
Ferrol, viernes, 17 de febrero de 2023. Auditorio de Ferrol. Edward Elgar: Introdución y Allegro, op. 47. Alun Hoddinott: Welsh Dances, Suite nº 1, op.15. Catrin Finch: Concierto céltico para arpa y cuerdas. Amy Beach: Sinfonía núm. 1 en mi menor, op. 32, “Gaélica”. Alba Barreiro, arpa. Real Filharmonía de Galicia. Sian Edwards, directora. Sociedad Filarmónica de Ferrol.
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Bajo la dirección artística de Paul Daniel y dentro de lo que es el panorama español, la Real Filharmonía de Galicia (RFG) se ha erigido en una orquesta líder en la programación de repertorio sinfónico actual así como del compuesto por mujeres, tanto actuales como del pasado. Aciertos a los que hay que sumar la frecuente presencia femenina al frente de la orquesta. 

Una buena muestra de esta política son los dos conciertos dirigidos por Sian Edwards en Santiago de Compostela (16 de febrero) y Ferrol (17 de febrero), y protagonizados por la Sinfonía Gaélica de Amy Beach, una obra estrictamente contemporánea de las sinfonías Titán de Mahler, Primera de Ives y del Nuevo Mundo de Dvorák y del Concierto egipcio de Saint-Saëns. Cuatro obras de referencia para contextualizar la Sinfonía de Amy Beach, por más que la Wikipedia española -que no la inglesa o alemana- la emparente con lo que estaba haciendo Falla en 1896 (o sea, estudiar entre Cádiz y Madrid, siendo definido por su profesor de piano, José Tragó, como "un joven muy estudioso, muy concienzudo; de buenos talentos artísticos y al cual seguramente le está esperando un prometedor futuro").

Por su parte cuando compuso su Gaélica en 1894, Amy Beach era una música sólidamente formada, famosa como pianista y cantante, y con un enorme prestigio como compositora tras el estreno en 1892 de su Misa en mi sostenido mayor, que fue comparada con las composiciones religiosas de Cherubini y Haendel, y que le valió ser incorporada como la sexta figura del grupo de grandes compositores americanos. Este prestigio se mantuvo incólume, tanto en Norteamérica como en Europa, hasta el fallecimiento de Beach en 1944. 

La agenda político-musical de la Guerra Fría la invisibilizó al igual que a otros tantos artistas víctimas del mesianismo de las Vanguardias y su música ha vuelto al repertorio solo desde 1994, junto a la de su admirada Fanny Mendelssohn, dentro de la corriente musical reivindicativamente feminista. 

Sian Edwards no parece tener la menor duda acerca de la enorme calidad de la Sinfonía Gaélica, que -obviamente- ha estudiado minuciosamente y conoce en profundidad. Edwards trabajó la obra a fondo con la Real Filharmonía en los ensayos y su interpretación en Ferrol resultó ejemplar, muy por encima de las grabaciones que yo conocía (poseo la partitura desde hace años, pero era la primera vez que la escuchaba en directo). Edwards expuso con claridad el discurso retórico, planos y texturas de la Gaélica, con la mayor sobriedad gestual, recordándonos el viejo aforismo "los directores colaboran con la orquesta en los ensayos, y la orquesta colabora con el director en el concierto". 

La primera parte de esta velada me pareció una especie de intervención de teloneros previos a la gran estrella. Tres obras de factura notable e interés anecdótico, y de diversas características que le dieron a Edwards oportunidad de exhibir su buen hacer en los ensayos y a la RFG su alta cualificación ténica. Arropadas por la cálida acústica del Auditorio de Ferrol, las cuerdas sonaron perfectamente empastadas en una plena organicidad durante su interpretación de la Introdución e Allegro op. 47 de Edward Elgar.  

Las festivas Welsh Dances de Alun Hoddinott (1929-2008), una obra heredera de las mejores tradiciones gozosas de los Proms londinenses, fueron un vehículo adecuado para que la Real Filharmonía nos recordase con orgullo que la orquesta es un instrumento musical con un potencial casi infinito y que -como cualquier otro instrumento- sirve para interpretar cualquier género musical en cualquier momento y ocasión. 

La tercera obra de la primera parte, el Concierto céltico para arpa y cuerdas de Catrin Finch (Llanon, Gales, 1980) está pensado, como tantas obras escritas por intérpretes-compositores, para el lucimiento de su creador/a, una prestigiosa arpista galesa que a menudo transita por los terrenos del crossover. La elección del Concierto para arpa en este programa 'céltico' parece haber venido determinado por el debut como solista de Alba Barreiro (Vigo, Galicia, 1988), una arpista de ataque limpio pero siempre igual, corta gama dinámica, escasa proyección del sonido, fraseo algo rígido y estilo impersonal. Edwards se plegó a las limitaciones musicales de la solista y de la propia obra acompañándola con eficacia, en detrimento de la amenidad y el interés. 

Alba Barreiro correspondió a los aplausos con una propina mal elegida, una mediocre composición de su profesor de arpa céltica, Rodrigo Romaní. El deseo de Barreiro de interpretar la obra al modo de su profesor, y respetando las enormes limitaciones técnicas de este (un arpista autodidacta), rozó lo esperpéntico y puso en evidencia el escaso control del sonido de las cuerdas graves por parte de Barreiro. Me pareció preocupante por parte de Barreiro la elección de esta obra como propina: precisamente porque el Concierto de Finch era un crossover entre lo clásico y lo popular, Barreiro debía haber elegido una obra del gran repertorio arpístico para exhibir sus posibilidades. Debutar en el ciclo de abono de una orquesta sinfónica -una ocasión importante para una intérprete no tan joven, pero cuya carrera apenas se ha iniciado- debería ser el momento de mostrar ambición y expectativas, tanto en lo estético como en lo técnico. Si lo que pretende es hacer carrera en grupos de folk gallego, no estaba en el sitio ni en el momento adecuado. 

Desde Gales, el inexacto título de este programa, se justifica en la página web de la Real Filharmonía de Galicia como: 

"un programa que junta las tierras Galicia y Gales -música del galés Alun Hoddinott, y la sinfonía gaélica de Amy Beach-, con la primera sinfonía de una mujer estadounidense"

creyendo aparentemente que 'gaélico' es el topónimo de Gales, no de Irlanda, y considerando dos obras distintas "la sinfonía gaélica de Amy Beach y la primera sinfonía de una mujer estadunidense". Desde hace mucho tiempo el departamento de prensa e imagen de la RFG, un servicio externalizado, acumula errores y disparates que perjudican seriamente el valor simbólico de la RFG, mostrando además un desinterés asombroso en corregir sus errores e incompetencias, incluso cuando se les advierte amablemente. Dicen que el valor de una institución viene dado por el elemento más débil de ella. La RFG parece tener el enemigo realquilado en casa: si su oficina de prensa desprecia a la orquesta y la música que interpretan el futuro es sombrío. 

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