Opinión

Mi desencanto por la inestable situación de la Filarmónica de Gran Canaria

Pedro Cortés Carreño

martes, 6 de marzo de 2001
Como aficionado que con cierta regularidad asisto a los conciertos de la Filarmónica de Gran Canaria, quiero manifestar mi sorpresa y desencanto por la 'inestable' situación en que se encuentra esta orquesta desde el final de la pasada temporada,... y que parece puede continuar.No soy especialista ni por supuesto crítico en música clásica, sólo que, nos citamos cada semana en el auditorio para escuchar a los artífices de la creación de esa expresión universal bella y perdurable que nos permite libremente interpretarla y que nos revela a nosotros mismos. Es fascinante, una maravilla que se puede gozar en nuestra ciudad, y nos permitimos recomendar.Como no puede ser de otra forma, nos sentimos complacidos con las personas que generosamente nos brindan su arte, con alma y sentimiento, las que paran el tiempo y nos descubren eso: la esencia de lo humano. El músico: -la flauta, el oboe, violín, bajo, trombón, vientos y cuerdas, metales y maderas, tuttis o solistas- para él, no concebimos otro tratamiento que no sea admiración y respeto. Ell@s nos enseñan cada semana amar la música.Por las posiciones que ocupan y los instrumentos que tocan, casi los conocemos. Desde nuestras butacas, por cierto muy confortables, si repasamos los nombres de los componentes que aparecen en los programas, nos llevamos una grata sorpresa: Casi el setenta por ciento de los artistas son extranjeros, de veinte nacionalidades distintas; lo que nos parece algo grande, acorde con las características de la sociedad canaria, abierta y multicultural. Cada uno tendrá una historia personal con la música que imaginamos extraordinaria: ¿Cómo se hizo músico? ¿Cuánto esfuerzo cuesta? ¿Qué sacrificio han realizado sus familias y vecinos? ¿Quiénes han sido sus grandes maestros? ¿A quienes admiran? ¿Cómo vinieron de tan lejos? ¿Qué esperan de nuestra orquesta? ¿Son felices en las islas? ...Según hemos entendido, a esta última pregunta, la respuesta parece ser que no. Y precisamente no por el público, que es muy cariñoso (en general con cualquier manifestación artística, especialmente con la música), sino porque esperaban otra repuesta; no tan bárbara, como la que están empleando los que coyunturalmente gestionan la OFGC. Actuación de los gestores, que hay que calificarla como mínimo de antidemocrática, torpe e imprudente ante una postura discrepante de los músicos. Porque al parecer, éstos (los músicos) lo hacen, entre otras cosas con la valoración técnica que ha otorgado el director a unos profesionales con largos, difíciles, pero fructíferos años de trabajo en la orquesta. También han sentido mucho estos profesionales, el trato inmerecido dispensado a uno de sus compañeros; despedido impune e improcedentemente según la legislación laboral, con un altísimo coste para las arcas del Cabildo -los fondos de la orquesta, son principalmente públicos, no precisamente de los señores que deciden gastárselo en un despido improcedente como este-. Tampoco resulta comprensible para los músicos los reiterados incumplimientos de su convenio colectivo, o la desorganización casi permanente en la que a diario trabajan; y no aprueban y rechazan los despidos previstos de sus representantes en el comité de empresa, para imponer –según parece- la ley del silencio, coartando paradójicamente la principal labor de su oficio.Tomar una medida del alcance de ésta en un colectivo de alto nivel de exigencia profesional y artística, requiere como mínimo, no hacerlo con nocturnidad; de la noche a la mañana, nunca mejor dicho en el caso del primer despido. Sólo ya por respeto. Aunque tampoco sea aconsejable hacerlo por estrategia. No se puede entrar a saco, sin desestabilizar. Por tanto el que lo haga es responsable directo de las graves consecuencias para la orquesta.Algunos creadores han manifestado que el proceso de creación artística les supone una especie de desgarro profundo por tener que exponer su alma al interpretar la realidad. Si esto fuera cierto, los músicos de la OFGC han de verse sólo ante si mismos, la obra y al genio del compositor. No ante las incoherentes y antidemocráticas actuaciones de la gerencia-presidencia, que han provocado el rechazo de los músicos y en consecuencia, el ataque del dúo o quizás trío director del conjunto. Ataque o contraataque finamente planeados desde la experiencia, en los tiempos en que actuaba –el presidente-, en defensa de los trabajadores, donde quizás aprendiera que eliminando a los líderes de un colectivo, puede hacerse lo que se quiera de ellos. Sin pensar que el colectivo con sus líderes naturales en una orquesta, es imprescindible. Igual que lo es el respeto a sus representantes legítimos.Imagino los sentimientos de tristeza, desasosiego e impotencia que han de tener gran parte de los componentes de la OFGC. Es lógico, la gerencia-presidencia, sabe muy bien donde, cómo y cuándo pueden transgredir los límites de la ética, de los compromisos, de la buena fe, y la coherencia.No podemos creer que los músicos que con maestría y talento nos hacen vibrar , que se levantan con cierto pudor cuando aplaudimos, que vienen a integrarse desde culturas tan diferentes, dejando familias, amigos y paisajes, estén siendo sometidos a este torpe e indignante tratamiento por parte de quien mal gestiona en este momento los intereses de los contribuyentes de la isla; haciéndonos pagar a todos, el pato de los carísimos despidos improcedentes entre otros despropósitos económicos. Por ejemplo, la suspensión de empleo a un músico ¿? y la firma inmediata de un contrato para sustituirlo y llevarlo a la gira centro europea reciente.Que espectáculo tan lamentable se estará dando por fuera. Cuando se aspira incluso a que nuestra orquesta sea reconocida internacionalmente. Tendremos fama de ser orquesta de nuevos ricos, con mucho dinero, mucho bombo, pero desorganizada, sin rumbo, con falta de sensibilidad y dictatorial. Los que vengan, lo harán con carácter provisional, aguantar a la presidencia-gerencia, hasta que puedan irse a una orquesta mejor dirigida. Esto supondrá tirar por la borda el trabajo de años de conjunción, y estar continuamente empezando; en definitiva despilfarrando el dinero público, que por los que se ve, poco parece preocuparle al señor Angulo.Quizás el señor presidente de la Fundación OFGC -político de pasado histórico- democrático, y presente protagonista-egotista-, haya acertado en la etapa de construcción de grandes infraestructuras –véase teatro Cuyas y sede de la orquesta-, si bien es cierto, hay más de un crítico, y no tan crítico también, que dicen y piensan que no son aciertos sino tropiezos, -y ambos consecutivos-, porque estas dos insignes obras, al igual que al auditorio, les falla estrepitosamente lo esencial: la acústica. Además no encuentra la forma de arreglarlo; lo que parece no avalar una exitosa gestión futura para la misma.A esta altura, se requiere guiar el proyecto con otro perfil y talante. La eficacia de la gestión, no se medirá ya sólo, por logros materiales alcanzados; sino que se hará por la labor de democratización de la música, en el sentido de hacerla llegar y entender como arte, pleno y libre, sin miedos, capaz de construir no solo belleza sino algo más; por lo que apuesta la Asociación Música-Esperanza: La paz. Y nunca como ahora ofrecerla con sonidos de lentejuelas aglutinados por el desconcierto, sea este organizativo o espiritual. Para ello, siempre ha de contarse con los músicos.Aunque me temo que por las aptitudes demostradas, tanto por el gestor-gerente como por el gestor-presidente, esta nueva etapa, donde el protagonismo exclusivo lo deben de tener los artistas, les viene francamente pequeña para el lucimiento o los réditos personales que se adivinan quieren acaparar.Los nuevos gestores no deben interferir con actitudes antidemocráticas y de confrontación en el proceso creativo como hacen los actuales responsables, con prepotencia, arrogancia y desafiantes.Esta claro que reconocemos el derecho que tiene la gerencia-presidencia a establecer la programación de la temporada y todos los aspectos inherentes a su función, pero un poco de consenso con lo músicos, que son los más interesado, vendría muy bien, incluso para el público... por ello.Todavía se pueden rectificar los expedientes de despido previstos para los músicos –miembros del comité de empresa-, que ejercieron su derecho sindical, y reconducir la crisis por cauces éticos, de coherencia y sensatez. Esta medida motivaría a la orquesta y a todos los que como nosotros la seguimos, y supondría un fuerte revulsivo para afrontar cualquier nuevo reto artístico, por que en lo técnico están excelentemente preparados y espiritualmente son artistas.A pesar de todo, según nuestro entender, lamentamos que por su evidenciada deficiente aptitud personal para esta labor, por la falta de sensibilidad en el trato con artistas, por las antidemocráticas actuaciones realizadas en el desempeño de su cargo, por el largo tiempo que lleva al frente de la orquesta y el gran desgaste ocasionado: Vernos obligados a pedir la dimisión del político Presidente de la Fundación Sr. Gonzalo Angulo. Y que retire su equipo al frente de la OFGC. Pues como dicen que dijo Karajan, el arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.Por cierto nos queda la pregunta a quien corresponda: ¿por qué se programa tanta música contemporánea? Si es un estímulo para los músicos, lo comprenderíamos pero, si no .... a una parte del público le produce aburrimiento y no asiste. La orquesta también se debe –aunque no en exclusiva- a los aficionados y nosotros demandamos este tipo de música, cierto, pero no en las dosis actuales. De esta forma se deja sin sentido el trabajo de la Filarmónica , que solo actuaría para los programadores y unos pocos afortunados más.

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