España - Cataluña

Lo yankee al mondo

Josep Mª. Rota
martes, 28 de marzo de 2023
Madama Butterfly © Bing Madama Butterfly © Bing
Tarragona, viernes, 17 de marzo de 2023. Teatre Tarragona. Madama Butterfly, de Giacomo Puccini. Carles Ortiz, director de escena. Vicenç Esteve (Pinkerton), Carmen Solís (Butterfly), Manel Esteve (Sharpless). Cor Amics de l’òpera de Sabadell. Orquestra simfònica del Vallès. Sergi Roca, director musical
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La función empezó con nada menos que veinte minutos de retraso. Los responsables del teatro ya me habían avisado del hecho: la compañía había llegado tarde por culpa de un accidente en la autopista. Cuando se hizo el silencio en el teatro, una voz en off anunció los nombres de los intérpretes de Butterfly y Pinkerton, este, por indisposición del previsto Enrique Ferrer. Ni una explicación, no digo ya disculpa, del retraso. ¿Tanto costaba?

Esta función en Tarragona se enmarca dentro del “Circuit Òpera a Catalunya”, que tiene a su cargo la loable misión de llevar la ópera más allá de Barcelona. Como siempre, Amics de l’òpera de Sabadell no defraudaron y estuvieron al nivel al que nos tienen acostumbrados: voces adecuadas a los personajes y que cuadran perfectamente con la producción, escenografía y vestuario cuidados hasta el mínimo detalle y movimiento escénico muy trabajado. La escena consistió en una tarima con un par de peldaños, las tradicionales puertas correderas y el ciclorama de fondo. 

Momentos muy logrados del montaje fueron la primera aparición de la protagonista y sus compañeras, que lucían unos vistosos y coloridos quimonos, sombrillas y abanicos; la proyección de la luna y las estrellas durante el dúo de amor; la aparición del príncipe Yamadori en silla gestatoria con el cerezo en flor al fondo y, un poco después, la lluvia de pétalos que recogen Butterfly y Suzuki. La vigilia de ellas dos, junto con Dolore (el conocido y emotivo coro a bocca chiusa) arrancó del público un merecido aplauso. Por suerte, aquí no han llegado todavía los genios de la escenografía y no tuvimos que tragarnos ni Pasolinis ni escultores.

La actual censura que impone lo políticamente correcto, más sibilina pero igual de implacable que la Inquisición, todavía no le ha echado la zarpa a la Butterfly. Los lectores de la Century Magazine o los espectadores del drama de Belasco debían sentirse orgullosos de un personaje como el de B. F. Pinkerton: 

Dovunque al mondo 
lo Yankee vagabondo 
si gode e traffica 
sprezzando i rischi. 
Affonda l'ancora alla ventura. 
La vita ei non appaga 
se non fa suo tesor i fiori d'ogni plaga...
... d'ogni bella gli amor.

Pinkerton no es un marino mercante ni un emprendedor, es teniente de la cañonera Abraham Lincoln. La conquista del mundo se consigue con presiones comerciales y, si no, a base de cañonazos. Así fue (y sigue siendo) la expansión y conquista mundial estadounidense. Hoy en día, debiéramos de avergonzarnos, cuando el hombre occidental (España, Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda, Estados Unidos) saqueó y expolió América, África y Asia. Parece que en Estados Unidos lo políticamente correcto se acaba con la denuncia del maltrato recibido por la comunidad afroamericana, sin tener demasiado en cuenta a los nativos americanos o a las comunidades hispana y asiática. Y mucho menos allende sus fronteras. Seguramente hacen falta más Sharpless que digan: Giudizio!

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