Austria

KS Beczala

Jorge Binaghi
viernes, 28 de abril de 2023
Piotr Beczala © TPG Piotr Beczala © TPG
Viena, martes, 18 de abril de 2023. Staatsoper. Recital de Piotr Beczala, tenor, acompañado por Sarah Tysman (piano). Arias y canciones de Moniuszko, Rachmaninov, Chaicovski, Meyerbeer, y Massenet. Bises de Karlowicz, Lehár y Bohm
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KS, abreviación de Kammersänger, distinción honorífica que reciben en Viena los cantantes de larga actuación y ‘adoptados’ por público y crítica. El tenor polaco es probablemente el benjamín de su cuerda hoy en día en la capital austríaca (basta ver las colas al final de cada función pero, sobre todo, en este caso, un teatro rebosante como es raro ver hoy en día en salas grandes para un recital de canto con acompañamiento de piano).

Recibido con ovaciones prolongadas que continuaron en ambas partes y un ‘jubileo’ final que lo obligó a tres bises. Hay que destacar que el concierto tuvo lugar entre dos de las tres representaciones que ofreció de Lohengrin en la misma sala. Lo acompañó, como casi siempre en este tipo de presentaciones, la más que solvente Tysman al piano.

He reseñado otras veces la mayor parte de los números que cantó el polaco, así que esta vez la novedad (relativa) recaía en el arioso de Lensky del primer acto de Eugenio Onegin de Chaicovsky que sirvió de ‘prólogo’ a ocho canciones del mismo autor (algunas que escuchaba por primera vez en su voz). Todo este bloque, que fue el mayoritario en la primera parte, sirvió para recordar que el gran compositor no escribía ‘distinto’ o ‘más fácil’ para la voz en sus romanzas, como es lógico porque los temas -más ‘genéricos’ si se quiere- son los mismos: el amor raramente correspondido o comprendido, el yo ante la naturaleza, entre elegíaca y amenazadora, el malestar y la melancolía de la vida. De su Lenski, que sólo oí hace mucho en París y luego he visto desde New York en televisión, sólo puede decirse que es ideal y que fue espléndido por una vez evitar la gran aria del segundo acto por esta, más corta, más apasionada y optimista. Empezó con dos del opus 38, ‘Sucedió al empezar la primavera’ y la célebre ‘En el bullicio del baile’. En todas brilló su famoso esmalte, la homogeneidad de los registros, la extensión y la expresividad de su media voz. Terminó con dos del op.73, ‘En medio de días sombríos’ y ‘El sol se puso’.

Agregó luego la conocida romanza de Rachmaninov ‘No me cantes, bella dama’ (op 4, nº 4 -las traducciones son aproximativas, no las oficiales) donde el lirismo y la nostalgia rayaron a gran altura.

La primera parte concluyó con el recitativo y aria de Jantek en el cuarto acto de Halka de su compatriota Stanislav Moniuszko, de quien se ha convertido en campeón. ‘¡La infeliz Halka!’ remató de modo tan perfecto como expresivo la primera parte, en la que, como en la siguiente, tuvo eficaz actuación Sara Tysman, siempre atenta y pulcra.

Luego de la pausa vino un repertorio francés, casi todo operístico. Precediendo a una Élegie de Massenet, bien cantada pero sin esforzarse demasiado y un tanto epidérmica se escucharon todos los momentos solistas (son cuatro las arias) de uno de los títulos que más se citan hoy al mencionar su nombre, ese Werther que tantas satisfacciones le ha dado al cantante, pero sobre todo al público y que tanto ha hecho por la justa comprensión (es fácil desvirtuarlo) de la exacta característica del personaje. No tiene sentido elegir entre el aria de salida o la última y más conocida (‘Pour quoi me réveiller?’) porque todas se adaptaron perfectamente a la situación y personalmente, por normalmente menos frecuentadas, recibí con enorme placer y gratitud las dos dificilísima del segundo acto. Pero es de destacar que eligió también un fragmento corto, pero elocuente y muy revelador de la índole del protagonista de la obra como la declaración a Charlotte en el primer acto ‘Rêve! Extase!’.

El recital concluyó con la única pieza de Meyerbeer, el ‘hit’ (al menos en otros tiempos), ‘O Paradis’ de L’Africaine, muy bien interpretado aunque el último agudo no resultó tan suelto ni de perfecta emisión como en el resto del recital. Si Vasco de Gama no será nunca un personaje que Beczala cantará en su integridad sí podría hacerlo ahora (no ocurrirá por la rareza de las ejecuciones) con el rol titular de Le Cid, también de Massenet, cuya gran escena y aria del tercer acto (‘O souverain, o juge, o père’) fue el último número oficial del programa y -aunque siempre la ha cantado muy bien- esta vez fue de veras ejemplar.

Ante las insistentes ovaciones (la gente no marchaba) agregó ‘su’ Mieczyslaw Karlowitz (otro autor connacional a cuya mayor difusión también ha contribuido), ‘Recuerdos de días tranquilos’ con su famoso pianísimo final (esta vez más corto), dedicado a su esposa, como asimismo la última pieza, la canción de Carl Bohm en tierras de habla germana muy conocida, ‘Still wie di Nacht’, de hermosísima factura y ejecución. En el medio, como no podía ser menos, recordó su mayor contribución a la opereta vienesa con el tema central ‘Dein ist mein ganzes Herz’ (Tuyo es mi corazón) de El país de las sonrisas de Lehár, de cuya gran interpretación en Zúrich hemos dado cuenta aquí mismo. 

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